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Cuando salimos a buscarnos el pan

'Despedida de emigrantes'. A Coruña, 1956. (foto: Manuel Ferrol)

‘Despedida de emigrantes’. A Coruña, 1956. (foto: Manuel Ferrol)

MARTA CORRAL | O falar non ten cancelas | Jueves 14 junio 2018 | 13:19

El día que Manuel Ferrol recibió el encargo de la Comisión Católica de Emigración para acudir a la Estación Marítima del puerto de A Coruña a documentar el embarque de los emigrantes que cambiarían Galicia por América subiendo a bordo del trasatlántico Juan de Garay, el fotógrafo nacido en Cabo Vilán supo que tendría que guardarse esta vez su cámara Leica y acudir hasta allí con la Rolleiflex.

Su objetivo le aseguraba el enfoque desde una zona más apartada, sin intimidar a aquellos que derramaban el dolor de las despedidas a los pies de un océano que, de momento, solo prometía ausencias. «Usé la Rolleiflex porque miraba desde arriba, escondida. De esta manera la gente no se espantaba y así pude captar todo el dramatismo y todo lo que allí sucedió», dijo Ferrol, que no podía imaginarse entonces que sus disparos seguirían despertando conciencias 62 años después.

La icónica imagen de Xan Calo abrazando a su hijo Xurxo en aquel puerto coruñés, con el gesto roto por la tristeza, le abrió al fotógrafo las puertas del mundo de la fotografía documental hasta el punto de codearse con Robert Capa o Cartier-Bresson en algunas exposiciones. Es esta la misma foto que muchos han elegido para apelar a la «memoria histórica» estos días que, con la llegada del Aquarius a España, parece que también desembarca la desmemoria, la xenofobia y la falta de humanidad.

Este miércoles el Concello de Ferrol hacía público su ofrecimiento para acoger a las personas que llegan en el buque -son 629 pasajeros en total, de los que 123 son menores de edad y siete son mujeres embarazadas-, respaldando la petición de la Federación Española de Municipios y Provincias a las administraciones locales. Yo, llámenme ilusa, no solo me sentí orgullosa de que mi ciudad se brindase para acoger a esas personas que a punto han estado de morir en la mar, sino que no me imaginaba que hubiese otro sentimiento posible.

Pero me equivocaba de lleno. Bastó con darse un paseo por las redes sociales para darme cuenta de mi error. Los comentarios al hilo de las noticias en el Facebook se plagaron de odio. Esos tristemente famosos «que miren primero por los ferrolanos», «les van a dar todo gratis», «se acomodan y no quieren trabajar», «moi ben, que veñan máis parados» o, uno de los que más me ha llamado la atención, «los ferrolanos pasando hambre y durmiendo en cajeros para que lleguen estos».

No seré yo quien niegue que Ferrol no está, ni de lejos, en su mejor momento. Tampoco cometeré la osadía de desmentir que tengamos vecinos que las están pasando canutas para salir adelante y criar a sus hijos o nietos. Pero, ¿de verdad seríamos capaces de darle un portazo a estas personas? ¿Nosotros? ¿Una ciudad que se ha forjado con el talento de personas llegadas de muchas partes del mundo?, ¿que ha apuntalado su carácter a base de las aportaciones de los miles que han vivido en sus calles sin haber nacido aquí?, ¿un pueblo que nació para ser errante y extrañar un terruño que nadie quiere cultivar? ¿Es que acaso cuidar a los ferrolanos y ser humanitarios es incompatible?

No hay que remontarse a aquel 1956 de las fotografías de Manuel Ferrol para saber lo que es tener que dejar a tu familia e ir a buscarte el pan. Que levante la mano quien tenga la suerte de no haberse despedido de algún familiar o amigo que haya decidido ir a hacer sus Américas. Sí, desde Ferroliño, pero no en el Juan de Garay sino en cualquier bus con alas de Ryanair. Quizás el pan de hoy sea un trabajo digno o un empleo que te permita ejercer la profesión para la que has formado.

¿De qué tenemos miedo si nosotros llevamos viajando en busca de una vida mejor desde que tenemos uso de razón? ¿Qué nos diferencia de los 629 del Aquarius? ¿Pensáis que entre ellos no hay gente con estudios? ¿Profesionales que, con muchísima suerte, podrán encontrar un empleo precario aquí que quizás tu vecino del quinto haya rechazado porque cobra más con la Risga?

Estos días he visto un tuit que, desde luego, es lo que me gustaría decirle a toda esa gente que no es racista pero. Es este:

*«Por supuesto, los extranjeros te roban el trabajo. Pero, tal vez, si alguien sin contactos, dinero o que no hable el idioma te roba tu trabajo, eres una mierda».

Yo, si me lo permiten, me voy a seguir quedando más con mi Stand by me que con el «si tanto te preocupa mételo en tu casa».

Fin de la cita.

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