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De irresponsables y pseudomedios: no convenceréis

MARTA CORRAL | O falar non ten cancelas | Lunes 12 junio 2017

A veces suceden cosas para que sepamos distinguir el bien del mal. Es como una especie de recordatorio divino, por si nos habíamos dormido. Un despertador gritando que no se puede dar nada por sentado, una corneta que nos llama a filas para que estemos alerta y nos armemos con el mejor arsenal de todos: el sentido común.

Si hay algo que debiera distinguir a un profesional de un ciudadano cuando ambos se ponen detrás de un teclado, un micrófono o una pantalla es su compromiso inquebrantable con el rigor y la veracidad. Un creador de opinión debería ser, antes que otra cosa, responsable.

A veces, esas cosas que suceden, son pequeñas. Una foto trucada que circula por las redes buscando popularidad, una frase que nunca dijo Paulo Coelho. Otras veces, son enormes. Cosas inmensas e infinitas como la muerte de un hombre inocente que salta a la primera plana.

Me refiero al asesinato de Ignacio Echeverría. Un suceso trágico de principio a fin que ha provocado, como no podía ser de otra manera, una reacción de empatía con ese hombre que podría haber sido alguno de nuestros seres queridos -¿quién no tiene a gente cercana en Londres?-.

Su desaparición. Sus datos biográficos que lo situaban en la comarca -nacido en Ferrol y vecino de As Pontes desde que nació hasta los 11 años-. La incomprensible y tensa espera. El anuncio de su muerte no oficial en alguna web de noticias como muestra de que le importan más un puñado de visitas que los sentimientos de una familia que está pasando por uno de los peores trances conocidos: aceptar que la esperanza se rompe.

Llega la confirmación oficial. Los pésames. Los anuncios de condecoraciones. Las viñetas del héroe del monopatín. La inusitada reacción de la familia que ha preferido callar y desterrar su odio para enterrar a su hermano en paz, sin luchas que no podrían devolvérselo jamás. La repatriación. Los homenajes. El entierro. El funeral. El recuerdo.

Pero antes, entre la familia que decidió no odiar y la vuelta a casa de Ignacio, exactamente el pasado jueves, comenzaba a cocinarse en la redes sociales una de las manipulaciones más apestosas que recuerdo. La misma que dio pie a la pseudonoticia que ha sido compartida, incluso, por aquellos que un día se llamaron periodistas: el Concello de Ferrol se negaba a hacerle un homenaje a Ignacio Echeverría.

La receta es simple. Tomen nota, pero no para reproducirla, sino para no formar parte de los ingredientes la próxima vez. Un chico asesinado que nació en Ferrol porque, recordemos, todos los vecinos de Ferrolterra, Eume y Ortegal suelen nacer en Ferrol, que es donde hay hospital. Una sociedad consternada por un acto terrorista repudiable, ensalzando la actuación de ese mismo chico, que reaccionó yendo a por los terroristas. Los medios lo dicen: es un héroe.

En este caldo de cultivo aparece una persona con más afán de protagonizar la noticia que de informar sobre ello. Una persona que, gracias a la democratización digital -o, por desgracia, más bien-, escribe en portales de noticias. El mensaje empieza a aparecer, de su puño y letra, en esos grupos de Ferrol a los que la mayoría aplaudimos por descubrirnos esa ciudad que fue antes de que tuviésemos recuerdos, pero que en ocasiones son reflejo de una gran brecha social. Lo leemos también en la página de Facebook del Concello. A todo trapo.

¿Por qué a José Couso se le ha hecho hasta un premio de periodismo y al héroe del monopatín no se le rinde homenaje? ¿Es que acaso no lo merece? Los me gusta empezaron a llegar. Los comentarios de apoyo iban a más. Imagino a esta persona viniéndose arriba cada vez que le llegaba una notificación a su teléfono. Contestando a todo aquel que se molestase en contradecirla y dejándose querer. Porque esto va de eso, de dejarse querer, lo de los muertos de primera y de segunda, pues ya tal.

La cosa habría quedado ahí si la reacción popular no hubiese impulsado a esta persona a prometer que iba a llamar «al jefe de prensa del Ayuntamiento de Ferrol» para pedirle explicaciones y escribir uno de sus artículos, que no leen «cuatro matados». Hubo que comentarle que es una mujer. Para que los que hayáis llegado hasta aquí veáis la gran tarea periodística de esta persona que nunca antes había contactado por ninguna otra cosa con el gabinete de prensa de Ferrol.

Llamó. La jefa de prensa le contestó que se reuniría la Junta de Portavoces -se han reunido este lunes-, y que ahí decidirían qué hacer, recordándole que el lugar donde vivió Ignacio fue As Pontes y que la villa minera había decretado tres días de luto, tenía convocado para ese sábado un homenaje y pondría su nombre a un parque. Pero daba igual, porque como nació aquí, era ferrolano. Me gustaría que esto mismo se lo explicase, por ejemplo, a los de Narón. Que nada, naroneses, de 40.000 razones nanai, que sois todos ferrolanos y punto. Esperpéntico.

Así que después de su ardua labor de investigación, esta persona se sentó frente a su ordenador y escribió que Ferrol se negaba a darle un homenaje al chico del que toda España estaba hablando. Que su ciudad natal, gobernada por «una coalición de izquierdas y nacionalistas», no iba a mover un dedo. Que solamente había escrito unas líneas de condolencias en su web. Para flipar.

Pero el tema iba más allá. Directamente, en su artículo, esta persona se preguntaba si es que el Gobierno local estaba protegiendo a los terroristas y que, como Ignacio era muy católico, que los de izquierdas pues casi que pasaban del crespón negro y la bandera a media asta porque ellos están en otro bando y son muy ateos. Recordemos: solamente una llamada a la jefa de prensa y Ferrol parece gobernado por el Daesh. No contenta con eso, se acordó otra vez de Couso y de que había por entonces un alcalde del PP que sí le rindió homenaje.

El delirante artículo hubiese sido hasta gracioso para los que sabemos que, de rigor, más bien escasito, pero el tema es que los lectores no lo saben y se lo creen a a pies juntillas. Que para la gente más acostumbrada a las redes y, en general, al mundo digital, es más sencillo dirimir entre las fuentes más fiables y las noticias falsas, pero no somos conscientes de que para muchas otras personas es incuestionable: si lo pone ahí, es cierto.

Esta falsedad se empezó a propagar hasta saltar a pseudomedios nacionales que aprovecharon el tirón y titularon que el gobierno podemita de Ferrol -ocho concejales gobernando y solamente uno de Podemos-, era el diablo porque no quería hacerle un homenaje al chico del que todos hablan que además nació allí. Aquí. Pim, pam, pum… ¡fuego! A la línea de flotación.

Lo curioso es que hoy es lunes y ha habido Junta de Portavoces. En ella se decidía que Ignacio Echeverría tendría una placa con su nombre en algún lugar público de la ciudad, para recordarlo. Pero seguro que esto no sale en esos mismos pseudomedios nacionales porque ya no mola. Pero el daño está hecho y, además, esta persona ha tardado poco o nada en ponerse la medalla. Decía hace poco en su perfil de Facebook: «Lo hemos conseguido». Con un par.

Claro que lo habéis conseguido. Habéis vuelto a engañar a la gente. A las personas más humildes, más vulnerables. Las que se fían ciegamente de lo que escribimos y, por lo tanto, a las que tendríamos que tenerles el más grande de los respetos. Menos mal que, aunque estos días se me ha hecho muy difícil, sigo creyendo en la grandeza de las personas que me rodean y que, como dijo Miguel de Unamuno a Millán-Astray, «Venceréis, pero no convenceréis».