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Del Simago al Carrefour: Ferrol, cómo hemos cambiado

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Martes 29 octubre 2013 | 14:57

Lo que tendré que escuchar cuando diga que el primer vinilo que compré fue el Tubular Bells. El primer cedé tenía más ritmo. Ambos, en Simago. Entradas por Dolores y María. Como ahora el Supercor. Al cambio de marca, pese al vértigo de décadas de grandes almacenes, nos acostumbramos pronto. Tanto que, creyéndonos en LaCoru, ¿quién no ha dicho El Corte Inglés? Algunos osados aventuran Hipercor.

Dilemas de una ciudad plagada de misterios. Nos dijeron que El Corte Inglés iba a llegar, como Arrabal pronosticaba el advenimiento del mineralismo. Que si el Avenida entraba en una operación urbanística y lloverían Corticoles, que si el Sánchez Aguilera cambiaría fusiles por colas en rebajas… y aquí nos tienes, esperando de madrugada y resulta que no amanece.

Hijo de militar o de obrero en esta ciudad cada vez menos dividida entre clases, todos hemos entrado en Simago a calmar el frío del invierno. Como si fuese una anciana, diré que no hay inclemencias como las de antes. Este pelete de hoy en día es de risa frente al de los ochenta.

Cuando veía por la ventana al Racing en el difunto Manuel Rivera, aquel mastodonte no sabía que nacería años después Porta Nova… para no hacerle competencia. Se quedaron por el camino otros experimentos. Para nuestros padres, Barros, en el bajo que luego ocupó Leder. Intento de cadena gallega especializada en artículos de regalo.

Para mi quinta, Galerías Ferrol. Pensábamos que la ciudad se abría a otro tipo de comercio, recuperando un edificio emblemático para mezclar tiendas y géneros. Su agonía fue dura.

Simago es recuerdo y nostalgia constante. La esencia se mantiene. Alcampo abrió en mi tiernísima infancia, pero siempre fue gran superficie al estilo norteamericano. Poder de atracción en una comarca de más de 200.000 habitantes, recibiendo buses todos los días. Cuando A Gándara se acababa allí y los charcos eran A Frouxeira cada vez que Pemán se equivocaba. Como en 2013.

No fue la cadena de ropa la que inventó lo de Simango no pago/Si mango no pago. Soltarlo hoy suena a treintañero que se cree adolescente. Si marcó a fuego tu pubertad, no reniegues. Yo tampoco lo hago de la pizza de Tops. Por algo subsistió en Ferrol. Somos tan particulares que puedes ser de O Inferniño y descubrir una calle de San Xoán en 2013, a tus espléndidos 31.

El actual Supercor llegó cuando algunos olisqueaban la primera crisis. 15 de mayo de 1975. Seis meses después, Franco moría en la cama. En Ferrol hubo una plantilla mayoritariamente femenina. Entre 1986 y 1990 cambió dos veces de dueño. Surgía una situación que hoy se oye demasiado a menudo: muchos trabajadores y menos beneficios de los deseados.

Se adaptó con dificultad a unos nuevos tiempos que exigían cada vez más. Incluso en los ochenta. Ya entonces se parecía más a una tienda buena, pero de barrio, que a un Corte Inglés. Su debacle vino precedida por un cambio de imagen y nombre, que no suelen ser acertados. Nació Champion, que llegó a contar con otro local en la plaza de España. Ese bajo comercial sigue albergando a día de hoy un establecimiento de alimentación.

¿Qué ha quedado de Simago? Sus escaleras mecánicas pringosas no sobrevivieron, a diferencia de su sótano alimenticio y sus evidentes limitaciones de espacio. Hasta en eso somos diferentes y diversos. Seguro que los Supercor del resto de España no nacen de un Simago tan local ni aspiran, sin lograrlo, a ser un pequeño Corte de barrio. El Corte Chino, otro día.

El comercio ferrolano, en general, es cosa de supervivientes. Víveres finos de El Rápido, café y cacahuetes de Amador. Olor a esplendor. Remedios de la droguería Ibérica, muebles y prendas selectas de Acevedo en coloridos edificios modernistas. Zapatillas de Tojeiro que se llevan a pares los turistas de crucero y el al fondo hay sitio de Pastor.

Eso es Ferrol. El café con churro de Bonilla entre rueda de prensa y rueda de prensa. Abrigarse en el Tupinamba, mirarte en el espejo de la farmacia Almodóvar y saborear en la barra del Derby. Del Rialto de reuniones ilegales a la vasca más ahorradora, la Kutxa.

El Dover, en la Dolores que se asoma a las Pepitas balcón a balcón. Alhambra, foco de ligues con los militares tras sonar el reloj que marcaba las horas del Arsenal. Y que abría sus puertas. De ahí, al baby boom ferrolano. Uno de varios. El Cervantes sigue cerrado. El Mel/Warhol ya suma un nuevo nombre. Para demostrar que vamos viejos si somos capaces de recordar los anteriores.

(foto: Parque Ferrol)

(foto: Parque Ferrol)

El Suizo resiste cerca de una tienda de niños que antes fue Montana. Antes, en las ciudades había tiendas de discos. Queda una: M4. Arriba, en Pardiñas, junto a los vertiginosos devaneos de ¿Zebra? ¿Ozono? Pero no me apartes de la tableta, que Mundo alimenta con las empanadas y pastelones que Arribí les trae de Cedeira, entre otros placeres culpables que llenan toda una lista.

La ciudad de las tres plazas: España, Armas -¿quedamos en Zara?- y Amboage. Cuando te daban plantón y la cabina, atrapado por la desesperación, hacía de móvil prehistórico. Las camareras del Tartaruga. El Desván de mis inicios nocturnos, noventa tardíos. Ni os sonará el Rena, frente al teatro en llamas. Peleas e historias varias que invitaban a no ir más allá de la plaza del Marqués.

Pero siempre hay una excepción. La atravesabas si estabas inspirado por otros aires. Entonces, te adentrabas en un Ghetto con patio y Manu Chao como BSO en una Nochevieja que recuerdo. O empujabas la puerta del Pinsapo, ahora renacido. O la del Maltés. Ya ni hablo de La Posada, en esa misma manzana. Os parecerá que hablo de otro planeta.

Un pequeño pero valioso tapiz de tiendas, bares o mesones abriga A Magdalena en tiempos de frío siberiano para el comercio. Pero lo de abrir a mediodía no lo puede decir casi ninguno. Y los horarios laborales no son los de antes en casi ningún gremio. Todos los que vivimos en Ferrol Vello sabemos que no hay supermercados. Que para sacar dinero del cajero tengo que subir a Capitanía.

Desaparecen zapaterías y tiendas de ropa de toda la vida y afloran 24 horas y chinos. Nos quejamos de falta de aparcamiento en A Magdalena, pero vamos como moscas a Parque Ferrol. El primer día, no vaya a ser que desaparezca el encanto de cuento de Disney.

El bolsillo tiene un agujero que no cose ni la abuela más habilidosa, pero rebuscamos en los folletos. Tienen que ser muy inteligentes para invertir aquí y ahora. Por algo lo harán. Resulta que te atreves y descubres que la piscina no está vacía.

Carrefour abre sus puertas en unos días -aunque sea más pequeño que otros, es Carrefour-. Todos los sueños se cumplen en esta vida. Llevábamos años con Pedro y el lobo y ya no teníamos fe. No sé si en Prior o en el mismísimo Cantón, pero El Corte Inglés va a llegar. El siguiente, por favor.

Un comentario

  1. A ver chico, el antiguo local de Simago es al mismo tiempo Supercor y “Tienda El Corte Ingles” y, de hecho, El Corte Inglés llama a su tienda de Ferrol “Centro Comercial Ferrol”, el mismo apelativo que recibe su tienda de “Marineda City”.

    Cierto es que en Ferrol a la gente le gusta figurar, pero en este caso te has colado…

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