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Diario de Ferrol: la hora de la verdad

Primera página de este viernes de Diario de Ferrol
Primera página de este viernes de Diario de Ferrol

R. SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Viernes 21 agosto 2015 | 23:37

A Diario de Ferrol no le llega con gestos. Matizo: a los trabajadores de Diario de Ferrol. A la plantilla incansable que mantiene el tipo pese a continuas estocadas carentes de la más mínima decencia, pese a los cómplices que no dan la cara. Los cobardes. Que tienen nombre y apellidos y que, quiero pensar, muchos sabemos quiénes son.

Dos amigas. Son Puri y Pilar, son dos rostros amables y profesionales de una prensa resistente, que se niega a bajar la persiana por más que aprieten la soga. No basta con un comunicado de solidaridad. Supone un cambio, es cierto. El Concello ha decidido dar un paso al frente y pedir, aunque sea sin mayores exigencias, que la sangría tenga freno.

Pero es a todas luces insuficiente. Pasar de puntillas es más de lo mismo. Remitir unas líneas en las que se reclaman cosas que ya se presupone que entrarán por la oreja derecha de algún directivo y saldrán por la izquierda no es más que perder el tiempo. La clase política, no es un problema únicamente de Ferrol, aspira a no tener que meterse en lodazales relacionados con los medios.

Urgentes soluciones

La ciudad, la comarca entera, tiene grandes problemas que requieren de urgentes soluciones, pero considerar que este es secundario es un error garrafal. Permitir el cierre o traslado a la irrelevancia del panorama mediático ferrolano implica hipotecar las aspiraciones de futuro de toda su población.

Conlleva la consolidación de una tendencia iniciada no hace muchos años, pero ejecutada con inusitada rapidez y virulencia, según la cual Ferrol es mero satélite de A Coruña, Compostela o Madrid. Una tendencia que convierte emisoras de radio en postes repetidores, antiguas redacciones de medios públicos -que no pueden pensar en dinero antes que en periodismo- en locales vacíos.

Está en manos del Ayuntamiento, por ser la administración más cercana -pero también en manos de las demás-, parar la dependencia de intereses ajenos. De ojos que no quieren contar lo que aquí se puede ver, de prensa que solo busca publicidad en una comarca que se resigna a ser carne mediática únicamente ante sucesos o hechos peculiares.

Esquina del mapa

Enciendo la televisión, sintonizo el Telediario y me hablan por trillonésima vez de no sé qué derrumbe en un edificio del Madrid señorial. Porque, claro está, si se cae otro parecido en esta esquina del mapa no interesa, pero no vaya a ser que los del noroeste no nos enteremos de lo que se cuece en la capital.

Ferrol empieza sus fiestas y la respuesta es… un comunicado. La vida sigue. Mientras se espera por una política de respaldo económico a la prensa realmente diferente, no solamente gestos y promesas. Mientras la ciudad más castigada carece de un mínimo de emisoras y cabeceras de prensa. Ya no hablaré de la precariedad, de las prisas.

Es moneda común en todo el país. Tiene que haber esperanza, porque, aunque a muchos les pese, aquí hay tantas cosas que contar que no llegan páginas o minutos. Lo que sobran son los que se dejan el sudor, parece ser. Los que aguantaron el ERE.

No puede imperar el silencio ante mensajes de desánimo, ante el anuncio de que todo está sentenciado y que no hay nada que se pueda evitar. Mientras los grandes grupos de comunicación nos anestesian con lo acaecido en el centro de la piel de toro, permitimos que gente sin vergüenza desmantele lo más imprescindible: la libertad de expresión.

La que se hace desde aquí y para los de aquí. La que Diario de Ferrol sigue defendiendo a diario en el quiosco. Aunque las lágrimas impidan trabajar como nos gustaría.

Primera página de este viernes de Diario de Ferrol

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Un comentario

  1. Dejando de antemano mi apoyo a la gente que se queda sin empleo, quiero recordar que somos muchos los que nos hemos quedado en el paro en esta época que nos toca vivir, y no por ello exigimos que la clase política ni las instituciones intervengan por cada uno de nosotros. A veces los proyectos empresariales se tuercen. A veces las plantillas se recortan. A veces un empresario decide prescindir de un trabajador, y nada más. Y no por ello hay que hacer un mundo. Si lo hiciésemos por los casi 4 millones que estamos en casa, no tendrían tiempo los alcaldes de dedicarse a sus labores.

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