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Me emborraché y no recuerdo nada

ALEXANDRE LAMAS (Psicólogo) | “Esa cabeciña…” | Lunes 2 enero 2017 | 14:10

Julián se despertó en su cama y disfrutó del calor de sus sábanas antes de que le sobresaltase un pensamiento: «¿Cómo he llegado aquí?». Tiene puesta la ropa con la que salió a celebrar el fin de año. Hace un esfuerzo por recordar. «Primero estuve en la calle Magdalena con Miguel y María, y después…», después no sabe. Algunos flases comienzan a acudir a su cabeza, quizás en el Baco o quizás en la SUPER 8, primero fue a uno y después al otro, ¿o no fue a ninguno? Quizás se lo esté inventando. Una angustia empieza a invadirle con fuerza, una desazón que ya ha experimentado antes en otras borracheras.

Algunas ideas acuden a su cabeza: «¿Hablé con Pablo? Creo que sí». «¿Qué le dije? Oh, dios mío, creo que me reí de él por algo». No está seguro de que haya sido así, de hecho quizás Pablo y él estuvieron hablando como buenos amigos. Pero Julián lo recuerda como una situación incómoda, siente una vergüenza terrible. Cada vez el esfuerzo por recordar es mayor y parece que va rellenando los espacios en blanco, pero no sabe si esos recuerdos son reales o inventados.

La angustia aumenta, y la vergüenza, y unas enormes ganas de desaparecer se apoderan de él.

Aunque el ser humano conoce el alcohol desde hace miles de años, los mecanismos por los que inhibe las funciones de la memoria han sido descubiertos hace unos diez años. Eso nos da una idea de lo mucho que desconocemos sobre el funcionamiento del cerebro. Parece ser que el problema no es que la persona no sea capaz de recordar, si no que no se ha llegado a formar el recuerdo, como si el bolígrafo con el que intentamos escribir el recuerdo se hubiese atascado.

Alguna gente cree que cuando Julián dice que no recuerda nada de la noche anterior está mintiendo, lo dicen porque ellos han bebido muchas veces y nunca les ha pasado, creen que Julián utiliza esa excusa para no hacerse responsable de sus acciones. Pero no es así. Normalmente le ocurre a gente que bebe muy rápido con el estómago vacío, y que bebe whisky o ron (aunque parezca mentira no pasa tanto con el vodka). Pero también es necesaria cierta predisposición, igual que se puede estar predispuesto al infarto o al cáncer.

A la pérdida de memoria tras una noche de borrachera se le llama blackout, término que podríamos traducir por «apagón». Hay dos formas de apagón: el «fragmentario», que sería cuando tenemos lagunas en la memoria, pero si alguien nos cuenta lo que hicimos podemos ir recordando; y el apagón «en bloque». El apagón «en bloque» es distinto, muy distinto, a partir de cierto momento de la noche, quizás las tres, quizás las cuatro de la mañana, eso depende del ritmo al que beba cada uno, no recordamos nada, casi nada, ni dónde estuvimos ni con quién, ni qué dijimos, ni qué hicimos. Suele durar unas tres o cuatro horas aunque puede ser más. Durante ese tiempo nos desinhibimos y actuamos.

Ese esfuerzo de Julián por recordar en el que van apareciendo nuevas informaciones que no sabe decir sin son verdaderas o falsas, se llama fabulación, porque como su nombre indica es una fábula que estamos inventando basada en vagos recuerdos. El problema se complica porque el alcohol es un depresivo del sistema nervioso central, lo que quiere decir que estamos inventando una fábula sobre nosotros mismos el día que más deprimidos estamos, por lo que no es de extrañar que la fábula que nos inventamos suela tener un contenido negativo hacia nosotros mismos.

Con eso no quiero decir que Julián borracho no se haya comportado como un gilipollas, pero simplemente se ha comportado como otro gilipollas cualquiera, como todos lo hemos hecho en una noche de borrachera. Probablemente no ha hecho nada tan grave que no se solucione con una disculpa. Porque además si realmente hubiese hecho algo muy grave, la impresión emocional provocada por ese hecho nos haría más fácil recordarlo, la gran descarga de tinta del bolígrafo que escribe la memoria lo desatascaría por lo menos durante un rato.

Así que tranquilos, Julianes y Julianas del mundo, que os sentís muy mal pero no es para tanto. Quizás sí que habéis hecho algo que no os gusta, y quizás no es la primera vez que os pasa y quizás deberíais empezar a replantearos lo de beber. Pero ahora es mejor que intentéis relajaros, lo hecho hecho está y no tiene vuelta atrás, y mañana o dentro de un par de días lo veréis con más perspectiva.

Además, las personas que sufren ansiedad y sentimientos de culpa recaen con más facilidad en el consumo abusivo del alcohol, así que torturarse solo traerá más complicaciones. Comed bien y abundante, y dormid un rato, que es lo mejor que podéis hacer.

Feliz 2017.

Alexandre Lamas es psicólogo y ejerce profesionalmente en Ferrol, para más información podéis visitar su página web en este enlace.

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