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Mi equipo no está motivado, ¿qué hago?

JOSÉ BARCIA TUCCELLI | Motivación para el cambio | Martes 16 enero 2018 | 13:14

“Noto que mi equipo no está motivado, ¿qué hago?”. Esta es una de las consultas más repetidas para los psicólogos deportivos, que por un lado nos recuerda la importancia de la motivación para cualquiera de las facetas de nuestra vida, y en el deporte también; pero por el otro, nos muestra sin misericordia, qué poco sabemos realmente de este constructo tan decisivo.

Una de las grandes personalidades de la psicología del deporte en España, profesor en una de nuestras Universidades gallegas, nos decía que, solamente con intervenciones para mejorar la motivación, tanto de las personas a nivel privado como en los equipos deportivos, todos los psicólogos deportivos, y los psicólogos en general diría yo, podríamos tener trabajo.

Solo mostrando a la sociedad que podemos ayudar a lograr que las personas encuentren “su camino” o su “combustible” para vivir una vida plena, tendríamos asegurado un espacio dentro de los servicios básicos de nuestro tiempo en nuestras comunidades. El problema es que, quizás, enfocamos la psicología demasiado desde la patología, desde lo que está mal y no tanto desde un punto de vista más luminoso.

Un psicólogo del deporte puede ayudar a mejorar el rendimiento, en la vida y por supuesto en el deporte, no trata con personas con trastornos sino con personas sanas que quieren reencontrarse consigo mismas o que perciben que pueden dar más de lo que están dando. Todo esto, dentro del deporte de competición es incuestionable.

Pero volvamos a la psicología del deporte. “Mi equipo no está motivado, ¿qué puedo hacer?”. De inicio analizar cuál es la situación de tu equipo y en tu equipo. Porque pedirle a alguien que te diga cómo motivar a un grupo sin mayor reflexión ni búsqueda de información es igual que pedirle que te diga un par de secretos para hacer que el equipo haga más goles. Si no sabes nada del equipo, todo lo que digas no va a ser más que literatura de autoayuda.

Tengamos en cuenta que cuando hablamos de “nuestro equipo” nos estamos refiriendo primero a las personas que forman parte de él, jugadores, entrenadores y demás profesionales relacionados con el grupo, los directivos; y después a las muchas situaciones dentro de las cuales estas personas van a tomar partido, como los momentos de convivencia, de los entrenamientos, de las competiciones, etc.

Así, valoraremos tanto lo que pasa en aquellos momentos en que podemos ver a esos jugadores, a nuestro equipo, pero también lo que pueda estar pasando cuando no están delante de nosotros, en su vida privada. Muchos entrenadores piensan que solo es importante lo que pasa en la cancha o en el campo de juego, que lo que pase fuera de su vista, como no lo pueden controlar, no tiene sentido dedicarle atención.

Y esto, cuando hablamos de rendimiento en el deporte, es un grave error. Se habla de que la vida privada tiene un “efecto chimenea”, cuyo humo va a llenar el aire tanto de los entrenamientos como de la competición. Y este aire podrá venir limpio y cargado de energía o al contrario, ennegrecer la vida del equipo limitando sus posibilidades de éxito. Serían las condiciones higiénicas de descanso, los hábitos de vida, la alimentación, el equilibrio emocional de cada uno de los miembros del equipo, sus relaciones interpersonales, etc.

Otra cuestión básica ineludible dentro de la base de esta posible pirámide metafórica de cuestiones a tener en cuenta para la motivación de nuestro equipo son los valores. Los valores van a marcar todo lo que hagamos, todo lo que haga cada uno de los miembros del equipo. Y de nuevo, no tenerlo en cuenta a la hora de diseñar a nuestra plantilla tanto respecto a los jugadores como de las personas del staff es un grave error que se paga con el descontrol y la deriva.

El responsable último y principal en un equipo es el entrenador, porque es la persona señalada para liderar. Si el entrenador no es capaz de entender las muchas variables que tiene que contemplar y tampoco es capaz de confiar en sus ayudantes para delegar funciones, tiene muchas papeletas para padecer a su equipo.

El entrenador tendrá que tener muy clara que la dirección de sus esfuerzos deberá ser dividida en dos partes, una centrada en lo social y otra en las tareas. Cuando hablamos de lo social nos estamos refiriendo a la mejor manera de hacer ver a cada uno de los miembros del equipo que son importantes. No se trata de decir por decir, ni de repetir frases publicitarias sin mayor valor, sino de respetar realmente los roles de cada uno de ellos. Porque si un jugador o un ayudante no tiene ningún papel en el equipo, no debería de estar ahí.

Controlar el clima social en un equipo es complejo pero igualmente un reto. Saber manejar el conflicto, dominar las técnicas de confrontación, son necesidades básicas de cualquiera que pretenda liderar.Por otro lado, tenemos las situaciones de entrenamiento, el dominio de las tareas, de aquello que le proponemos a nuestros jugadores para que progresen en su deporte.

Deberá de ser capaz de plantear situaciones en las que los jugadores vean para qué lo hacen, cómo esas tareas los van a ayudar a ellos, a cada uno de ellos, a ser mejores jugadores y gracias a esa mejora poder aportar más al equipo. Muchos entrenadores se olvidan de que al deportista lo mueve un deseo de competencia, una necesidad por ser a cada día un poco más experto, por ver cómo evoluciona siendo mejor y pudiendo contribuir más al equipo que lo acoge. Cada persona tiene su rol, si le negamos la posibilidad de ser mejor le estaremos perdiendo para nuestro equipo.

La motivación es impulso y es dirección. Encontrar aquello que mueve a cada uno de los miembros de nuestro equipo requiere de mucho análisis y de un gran conocimiento de las variables que influyen en el comportamiento. Pero la dirección, hacia dónde queremos llevar a nuestro equipo, esa es labor principal de un entrenador.

Todo entrenador que quiera tener un equipo y no a un conjunto de personas que se juntan para entrenar y jugar, tendría que levantar la mirada, abrir el ángulo de su perspectiva y comprender que no existen palabras ni fórmulas mágicas para motivar a una persona o a un equipo. Al igual que no existe una única manera para conseguir que nuestro equipo meta más goles o anote más puntos. Todo exige análisis, reflexión, planificación, método y por supuesto mucho trabajo y convicción.

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