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«A memoria é autoestima e identidade, e Ferrol tería que ser máis fachendoso»

Guillermo Llorca en imagen de archivo el pasado mes de julio de 2020 (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | Ferrol | Viernes 4 junio 2021 | 12:12

Los primeros párrafos de una entrevista, de un reportaje o de una crónica suelen ser los más especiales de todo el texto. Aquí concatenamos los periodistas frases en las que podemos creernos un poco escritores, un poco poetas, para tratar de convencer a la persona que nos lee de que el resto de la pieza es digna de ser leída. De que, en el caso de los digitales, no se vayan con el clic a otra parte. Sin embargo, yo quiero —necesito, más bien— que el arranque de esta entrevista con el historiador Guillermo Llorca Freire sea distinto.

Y me aprovecho de que ustedes siguen aquí conmigo para poner la honestidad encima de la mesa y pedirle disculpas a él, al profesional que es y también a la persona, a esa que cualquier día acaba na caseta do can expulsado de casa por su propia biblioteca y la de su mujer, mi idolatrada Ánxela Loureiro, a la que también pido perdón. Y lo hago porque esta entrevista que, espero, van a leer hasta el final no está hecha hoy, ni siquiera esta semana, tampoco este mes. Se basa en una conversación feliz que mantuve con Llorca el 7 de julio de 2020 en el Cafeto, en la ferrolana calle Galiano. Hacía sol como hoy, eso sí.

No sé si al resto de periodistas les pasa, pero a mí mucho más de lo que me gustaría, eso de hacer una entrevista y no poder —por circunstancias que no vienen al caso— publicarla en los días siguientes, y que la actualidad la acabe engullendo, haga más pertinente lo inmediato y relegue lo importante hasta que se enquista su escritura. Y es esto lo que ha ocurrido, lo que siento profundamente y de lo que intentaré resarcirme en estos minutos de lectura. ¿Por qué cumplo ahora, aunque tarde, este compromiso con un hombre al que admiro? Porque en el año que he tardado en escribir estos párrafos él ha escrito un nuevo libro. Sean benevolentes con la comparación, por favor.

Más de 2.000 páginas de historia de Ferrol

En aquel julio de 2020 el ferrolano había coordinado junto a su inseparable Juan J. Burgoa el trabajo Memoria histórica das vilas da Graña, da Cabana, Brión e San Felipe. Ahora, este viernes 4 de junio de 2021 presenta a las 20:00 horas en el local de la asociación vecinal de Viladóniga-Vilasanche la Memoria histórica de Serantes. Estarán allí los dos coordinadores, el editor de Embora, Miguel Toval, y el regidor Ángel Mato. Será al aire libre, pero hay que reservar asiento en el 666 371 141. Otra de las cosas que han cambiado en estos 365 días, además de mis canas que van en aumento, es que entonces el Concello de Ferrol no había estado en la presentación y ahora estará el alcalde. Aplauso.

Llorca y Burgoa tienen la tarea de investigar y coordinar el trabajo que hasta ahora han desempeñado más de un centenar de personas en un total de seis tomos. El de Serantes es el sexto volumen de una serie que acumula 2.157 páginas escritas sobre la historia de Ferrol y que empezó a publicarse en 2015 por Ferrol Vello para seguir por Esteiro (2016), A Magdalena (2018), Canido (2019) y el de A Graña y A Cabana que hemos mencionado antes, del 2020. Un compendio «plural, aberto, interdisciplinar» por el que «non sacamos un duro». Es Embora quien asume el riesgo de una publicación costosa que, por otro lado, tiene una acogida espectacular y se agota en las librerías.

La emoción de la descubierta

Llorca, que además de historiador es profesor ya jubilado, esgrime el método científico como algo intrínseco a toda investigación. Buscar las fuentes, encontrar la pieza del puzle que hace que todo encaje: «Iso é o máis emocionante. A mín, a estas alturas, o que máis me segue motivando é a descuberta de información cando non te esperas. Publicar sempre satisface, pero é unha cota que teño cuberta», confiesa. Explica que, muchas veces, puedes partir de una anécdota que parece simple, pero que te lleva a otra cosas y, de pronto, te ves descifrando una caligrafía de hace dos siglos.

En estos trabajos que coordina con Burgoa no dejan de pensar en el siguiente. Están barrenando, discutiendo, llegando a consensos hasta empezar a contactar con los posibles colaboradores, sobre 25 personas por cada volumen, en el mes de agosto o principios de septiembre. Cuando obtienen su respuesta positiva les explican las normas: un máximo de 15 páginas por autor o autora, una forma de citar determinada para que sea uniforme, un plazo de entrega después de Navidad y la recompensa de tres ejemplares. Llorca reconoce que, en ocasiones, lo que reciben no se corresponde con estos parámetros y supone «o máis ingrato», pero acaba solucionándose.

Reivindicación y memoria

Guillermo Llorca se enorgullece al constatar que ningún otro lugar de Galicia tiene un trabajo similar sobre su historia, algo que supone todo un tesoro impagable que regala al pueblo de Ferrol. «Lograr aglutinar máis de 100 colaboradores, traballos interdisciplinares e do máis plural, uns en galego e outros en castelán, cunha forma de pensar múltiple, e aberto a quen teña algo que aportar», analiza, explicando que el primero de los libros, que precisamente se titula de forma distinta al emplear «homenaxe» en vez de memoria, surgió como una forma de reivindicación.

Desde que en 2011 se conocieron las ubicaciones de los tanques de tormenta que iban a poblar Ferrol y Narón para completar el saneamiento de la ría, muchos colectivos sociales y vecinales corrieron a reivindicar que algunos de los lugares no eran los más adecuados. Uno de los señalados era el Jardín de la Ranita, en Ferrol Vello, y de esa protesta (que logró salvar el enclave) surgió la idea: «Nacín nese barrio e naquel momento pensaba que podiamos aportar, así que Burgoa e máis eu convocamos aos historiadores e fixemos ese primeiro libro para defender a identidade do conxunto. Aí empezou todo».

Escribir la historia de Ferrol

Llorca estudió en la facultad de Geografía e Historia de Santiago de Compostela y cuando iba en quinto de carrera se percató de que «en cinco anos nunca lera ningún libro no que saíra mencionado Ferrol agás o de Raymond Carr, e pensaba o estraño que era estudar en Galicia unha carreira como a miña e non dar nada sobre Ferrol. Aí decidín que ía investigar». Su primer trabajo publicado sobre la ciudad naval fue en la Gran Enciclopedia Galega, una tarea que no le resultó nada fácil en aquellos años.

«Hoxe en día hai moitísimo, pero daquela pouco había. Bebín moito de Montero Aróstegui e do seu antecesor Alonso López. En moitos temas eu fun pioneiro e non é por botarme flores, pero foi verdade. O meu obxectivo de sempre foi abordar temas que nunca se tiveran abordado». Recuerda vaciar la biblioteca municipal y el archivo en un tiempo en el que «estaba feito unha ruina e entrabas de buzo coma se foras traballar nunha obra, con toda a documentación tirada… Daquela era outra cousa».

Contar la historia de la gente y no solo de los poderosos

Para Llorca, en esto de escribir la historia ferrolana, «non hai competencia, hai para todos». A pesar de llevar más de 30 libros a sus espaldas, no se cansa de rebuscar en el pasado. Recuerda en nuestra conversación, con especial cariño, el monográfico que realizó sobre la prensa en Ferrol: Historia da prensa ferrolá (Edicións do Castro, 1993); pero también su maravillosa incursión en la vida de la gente «do común» a través de una serie de artículos que publicó en Diario de Ferrol y que después se recogieron en Ferrol: Memoria da vida cotiá: «Está ben falar dos arquitectos, dos ministros, dos monarcas que decidiron crear a capital marítima do noroeste en Ferrol, pero houbo alguén máis. Os canteiros, as mulleres que sacaban a pedra do dique da Campá…», valora.

Entrevistó a más de 100 personas, algo que «deume moita satisfacción porque non estás traballando co documento en frío, senón coa xente, cunha testemuña viva» y que le llevó a estar en lugares tan íntimos como a los pies de la cama de una lavandera mayor, con el oxígeno puesto, que accedió a contarle su historia. O a dar con un chaval de Vilarrube que cogía piñas para venderlas en Ferrol y con uno que hacía carbón vegetal en San Sadurniño, o también con la rosquillera que subía a Chamorro. Recuerda, asimismo, con especial cariño sus publicaciones sobre la emigración que lo llevaron hasta los archivos de Buenos Aires y La Habana.

En La Ibense: Una heladería artesana en Ferrol (Edicións Embora, 2012), Llorca hurgó en su historia familiar y, aunque se fraguó como un homenaje a los suyos y a aquel helado de mantecado que todavía se recuerda, no tuvo piedad a la hora de desmentir lo que le había dicho desde niño: «Decateime de que non fóramos os primeiros en traer xeado a Ferrol e tiven que poñelo, claro, un historiador ten que ser obxectivo e basearle nos documentos. Ás veces, a historia oral hai que entrecomillala». Lo que no le gusta, admite, es repetir temáticas. No obstante, Embora le pidió ampliar sus biografías de Ferroláns que había publicado en 1996 para celebrar el 25 aniversario de la editorial en 2018 y accedió: «Tiña 100 na primeira publicación e cheguei aos 317».

Ferrol necesita recuperar memoria

Muchas de esas biografías aportan luz, por ejemplo, sobre algunos de los protagonistas menos conocidos de nuestro callejero. Es triste que no sepamos nada sobre el ferrolano que da nombre a nuestra calle, pero sucede mucho más de lo creemos y deberíamos asumir el compromiso de interesarnos más por lo que nos rodea. «O Concello tiña que ter bastante máis peso en divulgar a memoria da cidade, pero non é así», lamenta Llorca, incidiendo en que es esta «unha cidade con baixa autoestima e desmemoriada»: «A memoria é autoestima e identidade, e teriamos que ser máis fachendosos».

«É unha cidade infravalorada a nivel institucional, sempre somos uns papanatas… O de fóra sempre cojonudo…. Eu creo que o peso da nosa historia está máis que corroborado e debemos estar fachendosos. Con todas as críticas que se poden facer, ollo, eu o primeiro, pero coñecer a nosa historia reforza a nosa identidade e iso hai que apoialo». Él, que como profesor siempre fomentó el acercamiento al medio como el método más eficaz de aprendizaje, lamenta que el desconocimiento haga que «se alguén vén de fóra moitos ferroláns lle dirán que aquí non hai nada que ver, que vaian á Coruña. Somos o noso peor inimigo».

En aquel momento, aquel día de San Fermín de 2020, Llorca y Burgoa estaban preparando el libro de Serantes que se presenta este viernes, pero ya tenían la vista puesta en el siguiente trabajo que pretendía englobar desde la zona de Doniños hasta la parroquia de Covas. «O meu fillo mófase dicindo que levo tal chea de libros escritos que non vai poder lelos na vida», señala divertido. También me confiaba entonces que ya llevaba unas 200 páginas de otro libro, esta vez en solitario, sobre la historia del vino en Ferrol. Calculen que, a estas alturas, en el tiempo en el que yo he tardado en publicar estos 17 párrafos, la nueva obra de Guillermo podría andar ya por el medio millar de carillas.

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