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Adiós, Rubén Coca

Rubén, nuestra Mary Poppins

Rubén, nuestra Mary Poppins

MARTA CORRAL | O falar non ten cancelas | 15:13

Cuando Rubén Coca anunció que dejaría el timón de la SUPER 8 el pasado mes de mayo empecé a darle vueltas a este momento. Al de enfrentarme a la hoja en blanco para ser capaz de resumir -o, por lo menos, intentarlo-, todo lo que estos nueve años han dado de sí. Normalmente por esas fechas estaríamos planificando una entrevista para contar el aniversario de la sala, pero ahora todo había cambiado y él prefiere no hablar del tema: «Me da vergüenza», dice empleando una excusa imposible.

«¿Has visto el cartel que me ha hecho Armando?», me pregunta refiriéndose al de su despedida, donde vemos a Rubén -beso en la frente incluido- ataviado como Mary Poppins para anunciar que en su adiós de este sábado actuarán desde las 22:00 horas Window Pane, Sandford Music Factory, Pölisong, Bang 74, Maneida, Feed the pet, Jamie Fifthring, El hombre flipante & Los Replicantes, Mentah e invitados. La música no podía ser otra: Non, je ne regrette rien de la Piaf, el tema con el que nos echaba en los últimos tiempos.

Así que Armando me había proporcionado la metáfora que necesitaba y voy a apropiarme de ella para despedirme de Rubén y de todo lo que ha significado la SUPER 8 para mí, para vosotras, para todos.

Viento del Este y niebla gris anuncian que viene lo que ha de venir
No me imagino lo que va a suceder, mas lo que ahora pase ya pasó otra vez

 

Vale, el viento ahora sopla del norte y la niebla todavía no ha entrado por el Prior, pero lo que sí está claro es que Rubén cogerá sus baquetas, se agenciará algún paraguas parlanchín que alguien dejó un día olvidado y alzará el vuelo mientras nosotros aun estaremos debatiéndonos entre ir al Guetto o al Zahara. Lo veremos sobrevolando Amboage rumbo a otro lugar donde otros lo necesitan más.

Él había llegado nueve años antes, el 4 de junio de 2010. Y se trajo de la mano al grupo alemán The Magnificient Brotherhood. Ellos inauguraban un escenario que ha albergado unos 1.400 conciertos. Estábamos algo dispersos en aquel momento y vino a regalarnos corazones de caramelo y a decirnos que todo se solucionaba con un poco de azúcar. En su cuchara, a elegir, brebajes para todos los gustos: Thunder Bitch o Jägermeister.

 

El hombre feliz, el que siempre te cruzas por la calle y nunca escatima sonrisas y saludos, nos convenció de que lo mejor era entrar en el cuadro que él pintaba cada noche desde la cabina. Dejarnos llevar aunque no hubiese nadie más o como si no hubiese nadie más a pesar de los codazos inevitables. Aguantó estoicamente cada tapa de oreja, cada petición repetitiva, cada selfie de borrachos, cada guasap dominguero preguntándole si había encontrado algo tuyo al recoger.

Nos levantó del suelo cuando nos creímos bailarinas de pole dance, nos puso un taburete a su lado las noches más serias e incluso miró hacia otro lado cuando pensábamos que nadie nos veía fumar un piti de escaqueo en la tarima. Rubén nunca defraudó a una clientela heterogénea unida solamente por la sintonía de Informe Semanal y por los clásicos del Xabarín. Al compás.

 

Rubén un día me dejó un titular para la historia. Me dijo que la SUPER 8 era cada noche una reunión de gente que se quiere. Y no puedo estar más de acuerdo. ¿Quién no ha morreado allí? ¿Quién no ha consumado un afile que empezaría horas antes con miradas furtivas en la calle Magdalena? ¿Quién no se ha bebido tres tequilas después de ver a su follamig@ liándose con otr@ en la tarima? ¿Quién no ha hecho amig@s en las interminables colas de los baños? ¿Quién no ha escuchado por primera vez allí a alguno de sus grupos de cabecera?

Lo cierto es que morimos un poco cuando los bares, que son como la casa de uno, echan el cierre. Y es cierto, la SUPER 8 seguirá abierta pero, como poco, será bien distinta a la que hemos tenido la suerte de conocer. Y conviene dar las gracias por estos años en los que ha sido parte fundamental de la vida de varias generaciones de ferrolanos y ferrolanas. Ahora, cuando el nordeste nos da una tregua, Rubén se va porque cree que ya estamos preparados para seguir sin él. Cuando la cometa está arreglada y hemos aprendido a volarla.

 

Desde Ferrol360 no podemos sino agradecerle, además, que siempre nos haya abierto las puertas de la sala para todas nuestras fiestas. Y yo, personalmente -la bailarina de pole dance con tres brugales encima que siempre perdía cosas y acabó en el suelo en varias ocasiones-, le deseo que, como dijo la Piaf, le importe poco el pasado, pueda empezar de cero, su vida esté llena de alegrías y no se arrepienta de nada.

«Adiós, Mary Poppins, no te tardes mucho tiempo en regresar».

 

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