Home / Opinión / De quen vés sendo? / Alcantarillas llenas de gente

Alcantarillas llenas de gente

CHIO INFANTE | De quen vés sendo? | Miércoles 19 marzo 2014 | 12:15

Despierta la ciudad en Ferrol. Hoy está el cielo de un gris plomizo que no se va ni aunque salga el sol. Ha llovido por la noche y los ferrolanos se levantan lentos y miran por sus ventanas a través de las cortinas. Anestesiados por la carencia de números en sus cuentas, en el fondo a veces sueñan con que la lluvia purificadora se haya llevado toda la mierda que cubre la ciudad como una capa de barniz. Pero no es sólo la falta de trabajo y de dinero, es sobre todo la falta de esperanza.

La nostalgia, dice Muñoz Molina, es una receta fácil de aplicar. Un adobo de un presente con defectos y el filtro de pensar en blanco y negro. Facilón pero efectivo. Porque cuando tenemos problemas no podemos pensar en soluciones complejas, necesitamos creer que de un plumazo las cosas podrían solucionarse solas. Ni siquiera es esperanza, porque con ella todavía tiene una meta la lucha. Es la abulia de no verte ni en los espejos.

Llega el mediodía y la política lo tiñe de todo de negro. En los tiempos que corren ya nadie cree en nadie. No se confía en quien roba la comida del bufet libre sólo porque lo tiene a su alcance. Si te comes los espárragos que serán mi alimento de mañana, ¿cómo voy siquiera a querer escuchar lo que tienes que decir sobre a dónde va mi barco? Los políticos son charlatanes de feria sin ideas ni trayectoria, con un currículo de esos de másters en entidades financieras y pocas ganas de remangarse la camisa y ponerse a trabajar. Los ignorantes guían al pueblo.

Y sin apenas reparar en ello, los habitantes de la ciudad entran en la noche del entierro. Dice Mario Regueira que «soñan os escravos, nas noites de crise, con mudar de donos». Tenemos suerte de que alguno aún sueñe. Porque la mayoría ya no saben si se acaba el día o lo que se le acaba es la vida cada veinticuatro horas.

Algunas luces se apagan, para no ver las pesadillas. Otras, amarillentas, se encienden y las calles se constatan vacías. No hay comercio para quien no compra. No hay compra para quien no puede. No hay paseos para quien sabe que no puede.

Un despistado que no ha escuchado el toque de queda de los pensamientos sale a sacar la basura. Mira a la derecha en su camino para no poner sus ojos en quien duerme en cartones en el portal de la izquierda. No es desinterés. Es que no puede con más horror y se ha arrancado los ojos que sirven para mirar al compañero. En el contenedor levanta la tapa, que hace un leve, muy leve ruido, amplificado por el silencio como si fuera una losa de cementerio. Echa los desperdicios de los que puede deshacerse y cruza la calle de nuevo hacia casa. Mañana será otro día como el de hoy. Camina despacio y su sombra en el suelo se va colando por la alcantarilla conforme se acerca a ella.

Tal vez un día nos sorprendamos si hurgamos en el subsuelo. Cuando dejemos de vivir de las sobras de ayer de un estado que nos desprecia y no lloriqueemos por la botella de agua sino que peleemos por aprender a construir pozos de barrena. Entonces a lo mejor podemos levantar la ciudad entera. Mancharemos las manos arrancando las alcantarillas y rescatándonos de vivir en ellas.

Cuando un pueblo no sabe lo que quiere de sí mismo es fácil que su sombra se escurra por las alcantarillas.

Cuando un pueblo no sabe lo que quiere de sí mismo es fácil que su sombra se escurra por las alcantarillas.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

En Ferrol360 utilizamos cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando, estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Puedes pinchar el enlace para tener más información. ACEPTAR
Aviso de cookies