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Charlie, un profeta con guitarra y pistola

ALEXANDRE LAMAS (Psicólogo) | “Esa cabeciña…” | Viernes 22 diciembre 2017 | 11:02

Charles Manson se ha ido. Su muerte es uno de los puntos finales del siglo XX. Como icono, en su figura se anudan muchas de las tensiones de la historia reciente. Fue un asesino, un psicópata, un iluminado. Líder de la secta conocida como la Familia Manson, demostró siempre un magnetismo, una capacidad de fascinación que perdura hasta hoy y que ha hecho que se escriban sobre él decenas de libros, series de televisión, y películas.

En la cárcel en la que permanecía desde hacía 50 años, llegó a recibir unas 60.000 cartas anuales. Muchas se las escribían niños. En una entrevista de los noventa le preguntaron a qué se debía esta fascinación de los niños por su figura, para responder Manson se levanta de la mesa y baila con gestos histéricos y concluye diciendo: “Porque yo soy esos niños, nunca crecí, no tuve padre ni madre. Porque todo lo que yo hago es nuevo”.

Es cierto que nunca conoció a su padre y que su madre lo abandonó varias veces (según decía el mismo, siendo apenas un bebé lo había intercambiado por un poco de alcohol). Creció en centros estatales. A los trece años de edad tuvo su primera condena: atraco a mano armada con agresión. Se podría decir que tenía “mucha calle”, aunque lo cierto es que de sus 83 años de vida, al menos 60 los pasó recluido. A los 18 cogió su moto y se fue a California, tenía la intención de triunfar en el mundo de la música.

Igual que Hitler intentó triunfar como pintor, Manson lo quiso hacer como cantante, ambos fracasaron y de ese fracaso surgió el resentimiento. Si no fuese por lo atroz de sus crímenes, Manson bien podría ser una caricatura pop del furehr.

Manson se ha convertido en el arquetipo del líder de una secta. Utilizan un discurso basado en el descontento social para alimentar sus propios fines y su ego. No buscan tanto el dinero como el poder. En su delirio mesiánico buscan satisfacer una necesidad infantil de importancia, como un niño se creen el centro del mundo y asumen que son la encarnación de la verdad, incapaces de ponerse en la piel del otro excepto para manipularlo, para tocar los resortes secretos de la sensibilidad ajena y ponerla al servicio de sus propios fines. Por supuesto, no es algo premeditado, el líder suele estar absolutamente convencido de su fantasía.

Manson apareció en la escena cuando la década de los sesenta había despertado a la sociedad a tomar consciencia de sus propias contradicciones e injusticias. Se creó un nuevo lenguaje, el de la contracultura. Como profeta tomó este discurso y lo articuló en torno a si mismo y a su misión como heraldo de una nueva época en la que él y los suyos, tras provocar una guerra civil, tomarían el lugar de la élite dominante.

Sus secuaces fueron a la casa de los Polansky. Cinco personas fueron asesinadas, entre ellas la actriz Sharon Tate, embarazada de ocho meses. Al día siguiente la familia asesinó de nuevo a dos personas, de manera torpe pretendían hacer creer que los asesinatos habían sido cometidos por hombres negros para desatar el conflicto social.

Tal era su convicción y su poder de convicción, su dominio de la retórica, que cuando fue juzgado no se le permitió dirigirse al jurado en ningún momento, así lo había solicitado la fiscalía por miedo a que la oratoria de Manson, su conjuro hipnótico, doblegase la voluntad de los ciudadanos que integraban el jurado.

Ver sus vídeos ahora puede causar vergüenza ajena, pero su discurso entroncaba perfectamente con la sensibilidad de su época y despertaba en los oyentes el mismo grado de fascinación que de miedo. Tiene algo de payaso, algo de poeta y mucho de showman.

En todas partes, en ciudades y pueblos, habitan personajes que siguen usando las mismas mecánicas para obtener una triste cuota de poder sobre sus seguidores. Profetas capaces de ver el futuro, iluminados que curan la enfermedad, incluso reencarnaciones de Cristo pueblan nuestra geografía. Es inevitable su existencia.

Sus seguidores salen de las filas de los solitarios, de los faltos de amor, de aquellos que encuentran en su líder o en su objeto de culto el catalizador que les liberará de su sensación de fracaso o de sentirse inapropiados. Por eso, antes de someterlos a su voluntad, todas estos grupos ofrecen un hogar, una familia, la sensación de pertenecer a algo. Después será el miedo a perder el cariño por fin encontrado de los otros el que doblegará su voluntad. No es de extrañar que los acólitos de Manson se denominasen a sí mismos La Familia.

Actualmente siguen existiendo seguidores de Manson. Están organizados a través de ATWA, la asociación para la defensa de la naturaleza que creó el propio Manson cuyo nombre es un acrónimo de aire, árboles, agua y animales (en inglés air, trees, water, animals). Los integrantes de la asociación, que tiene dimensión internacional, consideran a Manson un gurú del ecologismo falsamente acusado por unos crímenes de los que no participó. Se amparan en el hecho de que Manson no estuvo en la escena del crimen. Que ni tan siquiera necesitase estar allí para inducir a otros a matar, no solo no lo exculpa, si no que es quizás el dato más aterrador.

Hace tiempo intenté ponerme en contacto con él. En la prisión no tenía ni teléfono ni internet, su única forma de comunicación con el mundo exterior eran las cartas. Le escribí dos cartas. Me interesaba saber cuánto había de cierto en él, cuánto de hombre y cuánto de pose, cuánto de muñeco y cuánto de animal. ¿Había llorado alguna vez viendo una película?, ¿dudaba cuando tenía que escoger lo que quería para cenar?, ¿tenía pesadillas?, ¿alguna vez había estado enamorado? Mis misivas nunca obtuvieron respuesta, y ahora nunca la tendrán.

En otra entrevista, algo posterior, le preguntan a Manson quién era. La respuesta es tan poética como significativa: “Nadie, no soy nadie -dice-, soy una trampa, un holgazán, un vagabundo, soy un furgón y un malabarista del vino, y una navaja afilada si te acercas demasiado”.

Tarantino está trabajando en una película sobre sus crímenes.

Alexandre Lamas es psicólogo y ejerce profesionalmente en Ferrol, para más información podéis visitar su página web en este enlace.

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