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Chus Olivares, Casa de Acollida de Ferrol: «Sin este recurso, hay mujeres que no podrían cambiar su situación»

Chus Olivares fotografía Alicia Seoane

TEXTO y FOTO: ALICIA SEOANE | Ferrol | Jueves 23 noviembre 2023 | 13:40

Esta entrevista la hicimos en mi casa, con nuestras hijas revoloteando alrededor. Cada cierto tiempo se acercaban entusiasmadas para enseñarnos sus pasteles de slime, una sustancia pegajosa que cuando éramos pequeñas se llamaba blandiblú. De todas las entrevistas que he hecho, digamos que esta es una de las más conciliadoras: sacamos el tiempo entre actividades y nos quedamos sentadas charlando en la cocina, alrededor de la lareira.

Chus Olivares siempre va con dos teléfonos, siempre está de guardia por si hay un ingreso en la Casa de Acollida, el recurso público para víctimas y sus hijos que dirige desde hace 14 años. Su trabajo habla mucho de su deseo propio como mujer, la sororidad como algo que surge de ella espontáneamente. Empezamos desde cero, ya que en los tiempos que corren es importante saber a qué nos referimos cuando se habla de violencia de género.

FERROL360 – ¿Qué es la violencia de género? Para entender a qué nos referimos, porque ahora que hay tanta polémica con el término…

CHUS OLIVARES – Cuando hablamos de violencia de género nos referimos a la violencia que se ejerce del hombre hacia la mujer en el ámbito de una relación afectiva con convivencia y continuada en el tiempo, que luego se puede seguir dando una vez finalizada la relación. Todo lo que se salga de aquí sería violencia doméstica. Ahora hablamos también de violencia vicaria, que sería la violencia ejercida contra los hijos para hacer daño a la mujer. En Galicia también se considera violencia las situaciones de trata, explotación sexual, agresión sexual, violación… 

360 – ¿Cómo fue tu trayectoria hasta que llegas a dirigir la Casa de Acollida para mujeres que sufren violencia de género en Ferrol?

C.O. – Yo estudié Trabajo Social y de forma inicial mi carrera estuvo ligada en el ámbito de las entidades sociales con personas mayores. Pero por mi entorno y también como mujer siempre estuve vinculada al movimiento feminista. Así que por afinidad, cuando termino mis estudios acabo formándome, en el año 2003, en el primer Máster en Igualdad de Género de la Universidade de Vigo. Como mujer yo sentía en mis propias carnes la necesidad de aprender sobre este tema.

El máster me dio acceso a todo el cuerpo teórico del feminismo y justo al terminar salió un proyecto para trabajar con mujeres que ejercían la prostitución. Era a través de la Cruz Roja, y pudimos desarrollar un programa que creamos desde la base, se llamaba Café calor. Íbamos un grupo de mujeres en una furgoneta que la aparcábamos a las salidas de los clubs de la zona de Ferrolterra, A Coruña, y la carretera Nacional VI.

Es verdad que, de entrada, nosotras les ofrecíamos un té para de ahí arrancar a hablar con ellas y ver qué dificultades tenían. En un principio siempre salían temas más relacionados con el contagio, enfermedades de transmisión; pero poco a poco iban saliendo otros temas. En muchos casos sobre sus familias de origen, sobre sus deseos de traer con ellas a sus hijos… Es cierto que fue un proyecto precioso, porque pude poner en práctica muchas cosas que habíamos aprendido en el máster desde lo teórico, y además creció mucho.

Hablo en plural porque trabajábamos tres mujeres, una de ellas había trabajado en prostitución y ahora ejerce de mediadora, y la otra era mi compañera y amiga Mónica Otero. Fue un trabajo en el que llegamos a atender a 1.000 mujeres en seis meses. Por diferencias en la forma de entender este proyecto, tanto mi compañera como yo lo dejamos y empezamos por nuestra cuenta a ofrecer servicios de asesoramiento a la Administración pública.

360 – ¿En qué consistía ese servicio de asesoramiento?

C.O. – Habíamos hecho muchos contactos con la Administración a través del anterior proyecto, así que empezamos a trabajar con la Secretaría Xeneral de Igualdade, que en aquel momento era Servizo Galego de Igualdade. Dábamos formación en atención de prevención a la violencia y en atención e intervención con mujeres víctimas de violencia para los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Establecíamos talleres que se impartían en una mañana para sensibilizar y formar, sobre todo a Guardia Civil y Policía. Recorrimos prácticamente toda Galicia con este proyecto, estuvimos Mónica y yo tres años trabajando en esto como autónomas.

360 – ¿En que consistían esas formaciones? Porque fue en el inicio de todo este movimiento, cuando no existía ni la Ley de violencia de género…

C.O. – La situación que se daba y la queja que había era la falta de sensibilidad con la que se trataba a mujeres que iban a denunciar. Nosotras establecíamos una serie de dinámicas y de ejercicios prácticos y grupales para poder ponerse en la piel de la otra persona. La idea era ver qué prejuicios existían e ir contextualizando a qué se refería la violencia de género. Frases que escuchábamos, que estaban ahí muy instauradas, que muchas veces minimizaban las situaciones, como «bueno, los celos son normales» o «la mujer también hace maltrato psicológico».

Se trataba de saber indagar un poco más para que se pudiese trabajar la escucha activa. Esto ayudaba a que cuando una persona que ejerce la autoridad atiende a una mujer en ciertas situaciones, pudiera evitar ciertas cosas que eran violentas para la víctima, responder al teléfono mientras alguien te da una declaración, no fijar la mirada, minimizar la emoción o el miedo que trae la mujer, intentar mantener un tono que sea facilitador para que la víctima sienta confianza. Es decir, ciertas herramientas que tenemos las personas que trabajamos en servicios sociales trasladarlas a otros cuerpos profesionales.

360 – ¿Cómo fueron los primeros años en los que entras en la Casa?

C.O. – Cuando sacaron la vacante en el 2009, me presenté y por méritos y formación acabé entrando como directora de la Casa, que fue la primera de Galicia. Yo tuve la suerte de que entré con una trabajadora que era la gobernanta, Margarita, que fue de las primeras que participaron de este proceso de montar todo el centro. En aquel momento existía el Instituto de la mujer en el Estado, pero a nivel estatal la Casa de Ferrol fue la segunda o tercera.

Una cosa que quiero incidir es que las Casas de Acogida surgieron en Inglaterra a través del movimiento feminista, porque al principio existían las Casas Refugio. Como en aquel momento no se reconocía públicamente esa violencia a las mujeres, ya que no se podía sacar a la luz pública, el riesgo vital que corrían estas mujeres hizo que las mujeres se organizasen y se creasen estas casas, un modelo que fue copiándose en distintas partes. En este caso, el Concello de Ferrol fue pionero en poner esta iniciativa en marcha.

360 – ¿Cómo funcionaba la Casa de Ferrol?

C.O. – Cuando llegué me di cuenta de que se estaba funcionando de una forma en la que no había un proyecto técnico con un marco teórico, desde una perspectiva que entienda un poco el contexto social en el que tiene lugar esa violencia, que comprenda el marco en el que están establecidas las relaciones entre mujeres y hombres: cómo nos relacionamos. Trabajar en una línea en la que se entiende que tenemos que ser un servicio que no se quede solo en lo residencial, sino un acompañamiento que ayude a las mujeres en un proceso de cambio que les ayude a identificar qué es lo que la ha llevado a esa situación de violencia para ayudarla a ir encontrando sus mecanismos que le permitan relacionarse de otra forma y romper ese círculo de violencia.

360 – ¿Cómo trabajáis para que las mujeres puedan romper ese círculo de violencia que las puede tener atrapadas en una especie de repetición de situaciones de violencia que recaen sobre ella en diferentes contextos?

C.O. – Para nosotras es fundamental que se pueda establecer una nueva narrativa de la violencia en la que la mujer se pueda hacer responsable de su propio proceso. Es un poco esta idea de víctimas a supervivientes; pero no quedarse solo en esa idea de supervivencia, sino darse cuenta de su derecho a tener otra vida, otra posibilidad fuera de la violencia. Es importante poner el foco en que las mujeres que vienen a una casa de acogida sufren múltiples situaciones de violencia a mayores de la machista, faltándoles su red de apoyo y con muchas dificultades en su historia.

Vienen de sufrir múltiples daños, violencia de muchos contextos: sociales, económicos, de inmigración… Es importante recalcar que la violencia de género no solo afecta a estas mujeres, sino que es algo que puede atravesar la vida de una mujer de cualquier clase social; pero en el 90 % de los casos, las mujeres que acaban necesitando este tipo de hogar son mujeres en situaciones precarias que ya vienen sufriendo violencias, que tienen muchas capas detrás, y esta Casa en muchas situaciones es su única posibilidad de salvavidas

El paso por la Casa les ayuda a hacer un proceso donde ellas salgan de la posición de víctimas. Dicho así parece muy fácil y no lo es; pero es cierto que muchas sí pueden salir. Nos encontramos con mujeres que salen y regresan con sus agresores, sí; pero otros muchos casos las mujeres salen con herramientas que les ayudan a romper este círculo. Tenemos que pensar que hay mujeres que, si este recurso no existiese, no tendrían ninguna posibilidad de cambiar el rumbo de su situación.

360 – Tenemos muchos prejuicios sobre las mujeres que reciben malos tratos, como si fuese algo que no pasa tan habitualmente o estuviese ligado con cierta marginalidad…

C.O. – Sí, existen muchos casos de prejuicios hacia cierto tipo de maltrato. Digamos que una mujer que sufre malos tratos, pero tiene una buena posición económica y una red a su alrededor, no va a necesitar de este tipo de servicio. Sin embargo, hay otras mujeres, en muchos casos migrantes o mujeres que han ejercido la prostitución, por ejemplo, que el prejuicio les ha calado y ellas mismas tienen miedo de acercarse a la institución y pedir ayuda por si la expulsan, por si la juzgan, por si… A veces, acaban llegando por que la situación en la que se encuentran es de tal deterioro que se han encontrado a punto de morir o ellas o sus hijos. Cuanto mayor es la exclusión, mayor es el deterioro en el que llegan.

Los casos de las que llegan a la Casa son los más graves de violencias ejercidas sobre la mujer. Muchas de ellas cuando pasan por aquí agradecen haber pedido esta asistencia, porque a muchas les ayuda a construir una nueva red de apoyos, a aprender a buscar recursos que ayuden a salir de su situación. A reconstruir una nueva vida.

360 – ¿Cuánto tiempo puede estar una mujer en la Casa de Acollida?

C.O. – Ahora mismo estamos con la Ley reguladora del 97. Estamos en la Red de Casas de Acollida de Galicia y la legislación permite que estén tres meses prorrogables a otros tres meses más. Actualmente, la situación es muy diferente a la del año 97 y llevamos tiempo pidiendo que estos tiempos tienen que revisarse y reactualizarse. Hay mujeres que en tres meses pueden estar haciendo una salida del centro, pero otras mujeres que tienen el pasaporte retenido, por ejemplo. Se pueden dar muchas situaciones… En esos casos se alargan los plazos.

Además, para la recuperación psíquica estos tiempos son muy cortos, así que desde la Casa hacemos una intervención para que puedan seguir usando otros programas, como recurrir a una psicóloga de la Casa da Muller o seguir usando otros recursos. Hacemos una intervención individual con las mujeres, pero también, si viene con familia, una intervención familiar. Incluso si tiene familia fuera, aunque la relación esté deteriorada, intentamos que se abran nuevas vías de encuentro para tejer lazos.

Somos como un puente en su construcción de una nueva vida, les ponemos a su disposición todos los recursos que existan en su mano para poder ellas mismas ser autosuficientes. Somos como el primer paso para que se ejerzan esas relaciones de sororidad entre mujeres, que conozcan las redes que existen a nivel sociocomunitario para poder estar respaldadas cuando salen de la Casa. Por ejemplo, la asociación Movilidad Humana, que son un grupo de mujeres que también prestan un gran apoyo a mujeres migrantes, la Asociación Veciñal de Canido que da actividades… Intentamos ofrecerles todos los recursos para que se ejerzan lazos y redes de apoyo, además de buscar la forma de reintegrarlas en lo laboral con cursos del INEM, formaciones… 

Cuando se van, nosotras seguimos estando en contacto, hacemos un seguimiento y seguimos hablando también con ellas por WhatsApp, así que vamos viendo que, a medida que van reconstruyendo su vida, tardan más en tomar contacto con nosotras o nos van mandando fotos de sus hijos, de cómo van creciendo… La verdad es que da mucho gusto ver cómo ellas se van reconstruyendo, es lo más bonito de este trabajo, a veces las historias que menos se cuentan…

360 – Es decir que pese a las dificultades vosotras veis como muchas mujeres consiguen salir de la violencia…

C.O. – Sí, muchas mujeres son capaces de salir de la relación de violencia, son capaces de encontrar trabajo, de mantener a su familia y de recuperar una situación saludable para ellas alejadas de la violencia. Se sienten capaces y felices por haberlo conseguido, porque vienen muchas veces con el discurso integrado de que sin la otra persona no son nada, o de que por ellas mismas no son capaces. Cuando lo consiguen es muy gratificante para nosotras. Es la parte más bonita de nuestro trabajo.

360 – ¿Cuántas mujeres trabajáis en la Casa?

C.O. – Ahora mismo somos cinco técnicas contando conmigo, y seis mujeres de personal auxiliar, que son la base de la Casa. Ellas establecen mucho vínculo con las mujeres, siempre están, a veces se fuman su cigarro con ellas, ven la tele, las ayudan a cuidar a sus hijos… Es un trato muy cercano el que establecen. Ahora mismo, en la Casa hay espacio para seis unidades familiares, como máximo con 15 plazas. El año pasado fue la primera vez que tuvimos mayor porcentaje de mujeres sin hijos, pero normalmente vienen con hijos. Lo más bonito de este trabajo es el contacto con ellas, pero también con sus peques, muchos se van del centro despidiéndose de las cuidadoras con mucha emoción. Ellas están ahí para que sean momentos en los que puedan aprovechar para su autocuidado y para cuidarse, que es algo que les hace mucha falta.

360 – Con todo lo que me cuentas veo que es posible salir de la violencia, quizá es lo más importante transmitir con toda esta conversación… [Chusme mira emocionada, con los ojos brillantes y la voz entrecortada].

C.O. – Ojalá que, si nuestro trabajo les puede ayudar en algo, sea para REPARAR todo el daño que ellas vienen sufriendo sobre su persona y sobre su cuerpo. A veces trabajamos mucho con ellas a través de los sentidos, con músicas, danza, el olfato… El otro día estaba trabajando con una mujer y yo le puse a ella una canción, que era para despedir algo que nos hace daño, dejarlo ir… y ella me devolvió a mí unos versos de una canción de Bomba Estéreo, creo que es Pájaros. Espera, voy a mirar… Sí, dice así:

Son mis sentimientos que llevo dentro 
Mis sentimientos que llevo dentro
Son mis sentimientos que llevo dentro
Mis sentimientos
De los pájaros del monte yo quisiera ser canario
Ay para cantá contigo, en los montes solitarios
De los pájaros del monte, yo quisiera sé canario
Ay para cantá contigo, en los montes solitarios
Se han convertido en pájaros que vuelan alto
Tan alto donde nadie los puede tocar
Libres de todo humano del dolor y el llanto
Más cerca de la risa y la brisa del mar
Se han convertido en pájaros que vuelan alto
Tan alto donde nadie los puede tocar
Libres de todo humano del dolor y el llanto
Más cerca de la risa y la brisa del mar

[Existe un teléfono de atención a víctimas que es el 016 (no deja rastro en la factura, pero sí hay que eliminarlo de la lista de llamadas; también está el WhatsApp 600 000 016 y el correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es].

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