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Colmenarejo enciende la noche de Ferrol

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Viernes 8 noviembre 2013 | 09:56

Afirmar que Ferrol, Juan Pablo Colmenarejo o la COPE encendieron este jueves ‘La linterna’ resultaría demasiado obvio. Se trata de buscar la otra cara de la radio. En realidad, se trata de verla, de observarla. No está al alcance de cualquiera.

Lo dijo el propio conductor del programa nocturno de la cadena radiofónica, emitido desde la sede de la Fundación Novacaixagalicia con sus habituales ingredientes, pero completando también una aproximación a la realidad local.

Decir COPE es decir Ferrol. Es la superviviente. La emisora con más años a sus espaldas en la ciudad, el espejo en el que se ven reflejadas generaciones de ferrolanos. El altavoz idóneo para el grito de una comarca desfavorecida. Un personaje cotidiano en baños o coches cuyo verdadero nombre es Cadena de Ondas Populares Españolas y que se hizo más cercano que nunca, a pie de público.

El director y presentador del contenedor nocturno de la radio de la Conferencia Episcopal lo recordaba en uno de los descansos del espacio: era la segunda ocasión en la que un programa de alcance nacional de esta emisora se emitía desde la urbe naval. La primera se corresponde con un espacio deportivo que pasó a mejor gloria, ‘El tirachinas’, que José Antonio Abellán llevó en su día al recinto ferial de Punta Arnela.

La esquina del mapa gallego sabe de radio. Aquí la COPE se hizo gallega allá por los sesenta, de aquí salieron profesionales ahora reconocidos en la propia emisora y en otros medios. Cantera de periodistas.

Pegada a las prisas de la actualidad, aunque el sol ya hubiese desaparecido y la lluvia cayese como pocas veces, el flexo radiofónico que lidera Colmenarejo abrió con dos referencias del pasado: Felipe González y José María Aznar. Un socialista y un popular acordaron presentar libro el mismo día. Expectación.

Para el informador, antes supervisor de ‘La brújula’ de Onda Cero -ahora su directísimo competidor-, no hacía ni frío ni calor en Ferrol. La caravana de la radio llegaba por la mañana con un equipo formado por una decena de trabajadores, respaldados por sus compañeros en la localidad y en la comunidad autónoma. También por extrabajadores de la casa.

En acción, Colmenarejo despliega un catálogo de gestos y muecas que no pasan desapercibidos para el espectador de oreja pegada al receptor. En su mesa, atento a una pantalla y aconsejado por la redacción central en la capital, remarcó a la audiencia de cuerpo presente que «esto de ver la radio es un asunto serio». No había cristal, como en el estudio. Buscaba la complicidad del oyente que ahora lo observaba en el auditorio.

El tiempo de deportes, pilar fundamental de la actual parrilla de COPE y de la propia Linterna, contaba este jueves con la participación -lejos del Cantón de Molíns- de un ferrolano. Germán Dobarro, que empezó en la que muchos llaman todavía Radio Popular, pone voz al Deportivo, entre otros. Y sentenciaba en el aire que cómo Diego López no va a merecer defender la portería. «Es gallego», dijo. Es suficiente.

No hay tecnología que pueda con la magia del contacto físico. En persona, la radio suena cristalina. Más en estéreo que nunca. Apurando los segundos, Juan Pablo Colmenarejo amaga con morder el micrófono. Esboza un rostro de niño travieso, con un corazón periodístico latiendo como el primer día. Pisa con su voz profunda las sintonías, las músicas de una nueva COPE que suena moderna, pero que bebe de su tradición.

La cadena radiofónica aprovecha su red y abre ronda de corresponsales. Paloma García Ovejero es la primera, desde el Vaticano. Cómo no. Berlín, Bruselas y Nueva York la completan. El contacto con las redes sociales cierra el círculo. Esta vez, se habla de los trabajadores de la antigua Canal Nou, que han tomado el control de la escaleta aunque ya haya nuevo director.

Cosas que merecen ser contadas, le decía la mañana anterior Colmenarejo a Ada Romero en el tramo local de La Mañana. El que muchos esperan cada día, para escuchar y para hablar. La COPE escucha, así que Usted Dirá.

Colmenarejo, este jueves en Ferrol (foto: Raúl Salgado)

Colmenarejo, este jueves en Ferrol (foto: Raúl Salgado)

Solo llevamos media hora. Son cinco horas con muchos asuntos. Irrumpe la cuota ferrolana, se habla de emprendedores. Felipe Sas, gerente del grupo Austen, nos pone en primera línea. Aparatos en cultivos, tecnología puntera, parámetros medioambientales que rozan hortalizas. «Somos como la CIA», suelta. Casi nada estos días. Lo saben todo, vaya. Estudian la humedad y facilitan el ahorro en mano de obra, entre otras cosas.

Aunque abogan por la diversificación, Sas destaca que «seguimos queriendo hacer barcos», sin saber que el alcalde de Ferrol le copiará la frase un par de horas después en ese mismo escenario. La noche no es el horario de máxima audiencia de la radio, a diferencia de la caja tonta. Aquí es por la mañana. Desde muy temprano.

Pero es una franja de prestigio, que ofrece otras posibilidades para el análisis pausado. Desde El Ferrol, diría un rato antes Ramón García, conductor de La Tarde y conocido precisamente por la pequeña pantalla.

Caía en el exterior una «manta de agua», observó Colmenarejo, pero dentro solo había siete micrófonos. Él agarra con fuerza el suyo y anuncia que Aznar se lo va a contar todo a Ernesto Sáenz de Buruaga a las nueve en puntísimo de la mañana del viernes. Y destapa el frasco de lo confidencial. El veterano Fernando Jáuregui al teléfono, Federico Quevedo en Ferrol. Hay miedo en el PP por lo que pasa en la televisión valenciana, apunta el último.

Un canal autonómico no es cualquier cosa en una zona «periférica», advierte. Puede haber diferencias internas y baile de sillas, incluso en la presidencia de la Generalitat. El aniversario de Camus y la voz única de Pavarotti redondean la página cultural antes del gran bloque deportivo, que el director aprovecha para hablarle al público. Acabará saludando uno a uno, dando la mano y aceptando fotos por duplicado.

Llegó a esta linterna tan grande en 2010. Venía de Onda Cero. Era becario en la misma Brújula que conducía Javier González Ferrari en los noventa. Él la pilotó después. Llegó a COPE en un «momento difícil para una cadena», a saber, «cuando se cambia de programación».

Juan Pablo Colmenarejo lideró las cinco horas de La Linterna de COPE desde la sede de la Fundación Novacaixagalicia en Ferrol (foto: Raúl Salgado)

Juan Pablo Colmenarejo lideró las cinco horas de La Linterna de COPE desde la sede de la Fundación Novacaixagalicia en Ferrol (foto: Raúl Salgado)

«La radio es un hábito y una costumbre», confiesa, y, cuando la parrilla cambia, «los oyentes se van de uno en uno y se pierden de mil en mil». El EGM dicta sentencia. «Este asunto de la radio es lento», añade, para estimar a continuación que ahora quieren «construir un sonido diferente al que hubo». Ni mejor ni peor, distinto. «Otra manera de hacer la radio», cada uno con su carácter.

Hace referencia a extremos como este noroeste, asumiendo que el descenso del 60 % en la facturación publicitaria ha complicado el mantenimiento de las estructuras regionales y locales de los medios. También en las radios.

En su quinta temporada al frente del espacio que aquí difunden la veterana frecuencia de 837 de onda media y la más reciente del 97.9 de FM, aspira a «contar lo que ha pasado en el día, lo que pasa» durante el espacio e, incluso, a «adivinar» lo que puede ocurrir en el futuro más inmediato. Para improvisar toda esa función, hay que elaborar antes «cada minuto». Porque, enfrente, la SER y Onda Cero libran con ellos una competencia «feroz».

La imagen de marca de la primera, la potencia de la segunda. Pero Onda Cero pierde en ocasiones la batalla con Colmenarejo. Es, en todo caso y a su juicio, una «pelea muy intensa y muy bonita». Agradecido ante la concurrencia, sentencia que no sabe «cómo son capaces de ver la radio». Dice que le emociona y le enternece. Esta vez, comanda la nave con parte de la tripulación en Madrid. No los ve, pero los oye y siente.

El mundo no se detiene. Las primeras grandes risas llegan, así es la vida, en el tramo de información económica. Tertulianos que intentan explicarla de manera sencilla comentan que hay más millonarios en España y que el ciudadano no percibe todavía que esto vaya a mejor. Se mezclan con dos nativos: José Manuel Vilariño, presidente del Puerto, y Diego Calvo, homólogo en la Diputación.

Vilariño insiste en que 5.000 personas viven de la dársena local, un puerto que basa en las energías. Destaca el carbón, el gas natural o los aerogeneradores. Estos últimos llegan a Ferrol para clientes de Madrid que los desviarán a Noruega o África, dice. Le llama la atención ahora que se ha estrenado en el cargo. Habla de Caneliñas como la segunda parte de la rada, entre las cuatro principales de la Península para Vilariño.

Espera obras en el tren al puerto exterior al final de 2014, año en el que llegarán 26 cruceros con 40.000 personas a bordo. Mientras, Diego Calvo subraya las bondades del turismo industrial como nicho de mercado, que no bálsamo para todos los males. Sugiere que se visite Navantia y el Arsenal, las joyas. Focos de atracción durante todo el año.

No podía faltar el obispo de Mondoñedo-Ferrol. Manuel Sánchez Monge dice que la crisis está afectando «a todos» y que la del naval es «muy profunda». Aporta cifras sin dudar: más de 2.000 despedidos. Tan dura como para «conmoverse».

Descarta brotes verdes, porque «aquí estamos en el medio del túnel todavía». Aplaude el trabajo de Cáritas y cree que «mucho más importante que dar dinero es dar esperanza». Cita testimonios que él mismo conoce.

¿Qué piensa del Papa? Desde esta comarca, «se ve muy bien». Es un «golpe de aire fresco». Niega populismo por su parte ni improvisaciones. «Él sabe muy bien lo que puede cambiar y lo que no puede cambiar», asegura. Y entonces aparece el alcalde de Ferrol. Un José Manuel Rey Varela metido en la tertulia política reconoce que no ve con buenos ojos la reforma de la administración local.

Pero no niega que la actual coyuntura ha impedido que se ponga sobre la mesa el tema financiero. Apuesta por hacer más con menos, mantener la política social para «ayudar a quien peor lo está pasando» y suelta un dardo. Dice que «los progresistas», por el anterior gobierno municipal socialista, dieron «cero euros» a Cáritas. El actual, 35.000.

Pide que los servicios sociales sigan siendo de competencia municipal, por un «principio de proximidad». Porque «hoy no todo es el Estado». Solicita al Gobierno de Rajoy que se «clarifique más el tema competencial», pero evita censurar el modelo de diputaciones. Eso sí, para el futuro, se muestra «convencido de que afrontaremos la reorganización territorial con gran naturalidad».

Anuncia a la audiencia de España y el resto del mundo, nuevas tecnologías mediante, que el tren a Caneliñas permitirá competir y crecer y que el convenio con Defensa servirá para poner terrenos militares «otra vez a disposición de los ciudadanos».

Para el alcalde, aquí «la crisis dura treinta años». Asevera que con siete años vivió la reconversión del naval. La primera, la del Gobierno de Felipe González, remarca. El mandatario andaluz, dice, creía que los astilleros «del norte no tenían futuro y los del sur sí».

Se abrió así un período de «destrucción» del tejido productivo local. Ahora «el gran reto es conseguir carga de trabajo». «Mi obligación es exigirle a este Gobierno lo que no consiguió el anterior», matiza.

Todos los contratos serán bien recibidos, porque «Ferrol no se puede entender solo desde el -sector- militar». Y «cinco mil familias viven directamente» del naval. En su opinión, Navantia se tiene que «implicar mucho más a fondo». Hace suya la máxima de que «queremos volver a hacer barcos».

Él no habla de lo que se decide en Madrid, «lo otro es para los políticos». A él lo esperan cada mañana en la plaza de Armas para preguntarle «por qué la farola falla». O por los baches. «Lo que menos», de Rajoy.

Uno de los tertulianos, había posibilidades, hizo el servicio militar en Ferrol. Tras decir Rey Varela que «es curioso en este país la poca memoria que hay», Fernando Rayón demuestra conocimientos sobre la ciudad y le suelta, con aplausos del público como obsequio, si «alguien ha encontrado petróleo en la plaza de España». La ve «en pie de guerra».

El alcalde recoge el guante y asume que lo ocurrido es «fruto de equivocaciones de varios años». Un asistente susurra que esos errores han costado mucho dinero. «Este episodio va a acabar», pronostica. En diciembre, añade. Ve las obras muy avanzadas, «mucho mejor que en doce años». Aunque reconoce que «no es consuelo».

Lo más caliente del día sonó en la tertulia posterior, para apagar luego una Linterna que también sirve para ensalzar el trabajo de la redacción de la propia plaza de España. Del amanecer a la madrugada, la vocación de dar la mano a toda una comarca.

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