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Curso de ética periodística por Manuel-Reyes García Hurtado

MARTA CORRAL | ‘O Falar non ten cancelas’ | Lunes 17 noviembre 2014 | 15:47

La propia naturaleza de la profesión periodística, que no se entendería sin un público receptor de sus mensajes, coloca a los periodistas en un constante punto de mira. Probablemente, en pocas profesiones un error humano se propague con tanta rapidez como en esta.

La imprecisión, la responsabilidad y el rigor penden sobre las cabezas de los periodistas como espada de Damocles, recordándoles que un fallo podría ser fatal. No sólo por el error en sí, que debe siempre rectificarse en la medida de lo posible, sino por la propagación de la metedura de pata que puede fulminar tu credibilidad para siempre.

El eterno escaparate en el que trabajan los periodistas da pie a todo tipo de juicios, vengan de ciudadanos, colegas o responsables políticos. Hoy, además, los jueces ya no están en las barras de los bares, en las tertulias o en las columnas de opinión, están en Twitter y Facebook, redes que globalizan sus sentencias en cuestión de minutos.

Los ciudadanos se han convertido en teóricos del periodismo de tecla rápida. Así, es común encontrarse con comentarios en la redes sociales de este tipo: «¿Y esto es una noticia?», «¿A quién le importará?», «¡No me interesa!», «No sé como podéis publicar estas cosas».

Las lecciones del público comienzan en los valores noticia y llegan hasta al propio estilo del autor o al titular elegido. ¿En qué momento se ha diluido la línea de credibilidad que separaba a la sociedad de los medios de comunicación e infundía ese respeto necesario?, ¿somos los periodistas los responsables de haber echado por tierra los años de creencia ciega en nuestras informaciones o son las redes sociales y los blogs los que han democratizado una profesión que la gente cree que puede ejercer cualquiera con un smarthphone?

No suelo ver a nadie diciéndole al médico cómo tiene que tratar su dolencia, ni al mecánico cómo arreglarle el coche, ni a la panadera cómo hornear el pan; pero a todas horas veo y escucho a muchos diciéndonos cómo tenemos que hacer nuestro trabajo.

Para mayor sorpresa, este tipo de ‘consejos prácticos’ son comunes entre la clase política. Una situación que me hace una gracia especial. No sólo porque ellos, que también están expuestos a las críticas, debieran entender nuestras rutinas pues quizás sean los que más las compartan en muchos casos; sino porque la maquinaria política pretende utilizarnos solamente como meros vehículos propagandísticos, sin saber que eso siempre tiene una contraprestación.

Vale, voy a tu rueda de prensa en la que me vas a decir -para que yo le diga a mis lectores-, que has invertido 200.000 euros en tapar los baches del barrio no se qué; pero entenderás que luego te pregunte por la imputación de tu colega, las críticas de la oposición o por qué no se habían tapado esos baches antes.

Supongo que sabrás que antes de megáfono soy periodista y estoy aquí principalmente para pararte los pies. Para que no campes a tus anchas dando saltitos entre tres poderes que lejos de estar separados casi se tocan, por si se te ocurriese hacer fechorías. Estoy aquí porque las personas tienen un derecho -esas cosas que siempre cubrís con deberes para que no se vean- primordial: la información.

Llegados a este punto, los que abristeis el artículo por Manuel-Reyes, estaréis pensando que Marta Corral se ha marcado una publicidad engañosa del copón y que menudo bluf de artículo de pataleta periodística de juntaletras pobre; pero no, o casi no.

El concejal de Cultural del Concello de Ferrol, Manuel-Reyes García Hurtado, desde el comienzo de su mandato ha tenido una forma cuando menos peculiar de dirigir su área de gobierno, compartiendo abiertamente cualquiera de sus ideas -aunque el fondo y la forma de expresarlas no fueran políticamente correctas- sin cortarse ni un pelo delante de periodistas y ciudadanos.

Al más puro estilo consejero de Sanidad madrileño, García Hurtado siempre deja claro que viene comido de casa -es profesor de la Facultad de Humanidades del Campus de Ferrol-, y por lo tanto no está en política por un beneficio económico, sino por un compromiso con Rey Varela, que en estos tiempos corruptos que corren, dan ganas hasta de aplaudirle.

Es muy corriente que García-Hurtado abronque a la prensa entre gracietas -algunas sacadas directamente del guión de House of Cards y, por qué no decirlo, realmente irónicas y buenas en cualquier otro foro-, cuando a sus convocatorias no acuden el número de periodistas que el considera óptimo: «Sólo venís cuando hablo del Ateneo», suele sentenciar ante el cruce de miradas de estupefacción entre compañeros.

Pero es que lo del viernes pasado fue de traca. Sitúense: salón de recepciones del concello de Ferrol, IX Premios de Investigación Concepción Arenal y González Llanos, premiados y familiares, concejales de la corporación, prensa, alcalde, vicerrectora y él.

Comienza su discurso -también hay que agradecerle que a pesar de no ser gallego se esfuerce en hacerlo en nuestra lengua siempre-, halagando a Ferrol como ciudad universitaria e industrial y abogando por un mayor peso del Campus en la realidad ferrolana. Hasta ahí perfecto, bravo.

De repente, los bolis caen sobre los cuadernos. El concejal se queja de que los periodistas no hemos entrevistado a los premiados y afirma que sólo nos interesaríamos por la investigación si un investigador asesinara a otro. Ahí, con un par.

Estupefactos, nos miramos sin dar crédito a sus palabras, mientras Bea Abelairas, de La Voz de Galicia, nos comentaba que ella misma los entrevistó e incluso los llevó al Foro Voz. ¿Nos vamos? No, aunque él quiera hacerse el protagonista, los dos premiados son los importantes de la recepción y nuestros lectores tienen que conocerlos.

No sólo se trata de que nos diga a quién y cuándo tenemos que entrevistar, como si fuese el jefe de redacción, sino que se atreve a verter una acusación pública desde el desconocimiento total, porque como él siempre presume: «Yo no leo prensa local». Pues oye, Reyes, igual siendo concejal en Ferrol, deberías informarte un poco, ¿no?

Que los ciudadanos nos pongan pingando cuando nuestras informaciones no les gustan, aún tiene un pase; pero que un dirigente público, que nos usa a su antojo para que nuestros lectores sepan que ha arreglado el Torrente Ballester, o para que vayan a los conciertos del auditorio o a las obras del Jofre, se atreva a juzgarnos de ese modo, me parece vergonzoso y #teníaquedecirlo

Como dijo una vez Frank Underwood: «La democracia está tan sobrevalorada».

Juanjo de la Iglesia se encargaba de los peculiares cursos de ética periodística que realizaban en el programa televisivo 'Caiga quien caiga'

Juanjo de la Iglesia se encargaba de los peculiares cursos de ética periodística que realizaban en el programa televisivo ‘Caiga quien caiga’

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