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Dos niños saharauis disfrutan de su primer mes del verano con sus familias de acogida en Ferrolterra

ARY LÓPEZ / REBECA COLLADO | Miércoles 7 agosto 2013 | 19:56

La primera vez que vio un río preguntó: “¿esto es la playa?”. Había oído hablar del mar, pero no imaginaba que sería tan grande. Ahmed Abdi tiene nueve años. Lleva tres veranos consecutivos visitando Galicia gracias al programa de acogida “Vacaciones en Paz”, un proyecto que busca dar un respiro a los niños de los campamentos de refugiados saharauis. Tres veranos conviviendo con la misma familia en el concello de San Sadurniño, donde se levanta con el canto de los pájaros y se acuesta con el chirrido de los grillos. Rodeado de colores: de verde campo, de azul cielo y gris del río. Ese que tanto le impresionó la primera vez que llegó con tan solo seis añitos.

Manuel Romero, su padre de acogida, nos cuenta que visitó el Sáhara hace unos años con motivo de la celebración del 35 aniversario de la proclamación de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática). Ese mismo verano, consiguió traerse al pequeño Ahmed a casa. Pero antes tuvo que superar ciertos requisitos, como una entrevista personal o la firma de una renuncia por parte de las familias de acogida a un intento de adopción.

Además del mar, el suelo de plaqueta y las escaleras fueron otros de los descubrimientos que le llamaron la atención a Ahmed la primera vez que vino. Aunque ya se olvidó del detalle, Manuel se lo recuerda. “El primer día lloraba y se quería ir. Pensaba que en Galicia también había campamentos para poder ver a su hermano Bachir”, que también repite familia de acogida en Porto do Son y al que visitará próximamente.

Ahmed Abdi en el columpio de su casa de acogida en San Sadurniño (foto: Ary López)

Ahmed Abdi en el columpio de su casa de acogida en San Sadurniño (foto: Ary López)

Ser “el número uno de la clase” no le impide hacer travesuras, aunque nos desvela que cuando el profesor se va del aula lo avisa a él para que vigile a sus compañeros. Sus idiomas son el árabe y el hassanía -lengua del pueblo saharaui- pero habla muy bien y entiende perfectamente el castellano y gallego, porque, como dice Ahmed, “papá sabe hablar español y nos enseña”. Su padre realizó en 1974 el servicio militar en Andalucía.

El campamento donde se encuentran los padres de Ahmed está a cuatro horas de Tindouf, provincia de Argelia. “Sólo hablamos con ellos el día que llegó, porque están muy alejados y apenas hay cobertura”. Concretamente, viven en el campamento de Dajla, el más alejado de Tindouf, pero el más bonito. Ahmed es el penúltimo de once hermanos y alguno de ellos también conoce la experiencia de «Vacaciones en Paz». Al igual que su hermano Bachir y luego Ahmed, su hermana pequeña vendrá a Galicia el próximo verano.

“Aquí se lo pasa bien, pero, evidentemente, cuando pasan unas semanas están deseando volver a ver a sus familias”, nos comenta el padre de acogida de Ahmed. Su tiempo en San Sadurniño, -donde su familia de acogida regenta un conocido mesón- se lo pasa jugando en el campo, andando en bici, acudiendo por las mañanas a Aldea de Verán o viendo la tele. Aquí también ha hecho amigos. Dos de sus compañeras de juegos destacan de él que es muy ingenioso. “Hace muchos inventos. El año pasado aprendió a nadar y a andar en bici. Es todoterreno. Si se cae de la bicicleta no llora”, apunta Manuel.

María -hija- y Zahra posan para la foto (cedida)

María -hija- y Zahra posan para la foto (cedida)

Zahra tiene 10 años. Los ha cumplido aquí con su familia de acogida. Es de los campamentos de refugiados de Tindouf, en concreto de la zona de Aaiun. Es una niña alegre, tímida, un poco “trasto”, muy lista y guapísima. En menos de un mes se ha adaptado a la perfección a su familia de acogida, a la que le llama la atención “que nada le extraña” y que aprende todo muy rápido.

Tanto para Zahra como para su familia de acogida -María, Alberto y su hija María-, es la primera vez que viven esta experiencia. Y todos coinciden en que ha sido un gran acierto. De hecho, la familia no lo duda a la hora de repetir el próximo año. «Con ella, sí”, afirma María Cuenca. Nos explican que Zahra “se adaptó genial”, aunque al principio era “muy seria, muy tímida”. Ante ese panorama, “el primer día que vino yo dije: ¡dónde me metí!”, nos comenta María. Pero unos días después ya “cambió” y “estamos encantados”.

Zahra no sabía absolutamente nada de castellano, pero en apenas 3 días ya se empezaba a desenvolver con facilidad. Obviamente, la pequeña no confecciona frases complejas, pero “habla un montón, habla estilo indio, pero le entendemos todo”, señala María. Y es precisamente la inteligencia de la niña lo que más ha sorprendido a la familia. “Es muy avispada”, señalan. Les llama la atención “la rapidez con la que hace todo y aprende todo”. Además, nos cuentan que “es lista jugando. Jugamos al tres en raya y nos gana a todos en casa”.

A María le extraña que Zahra sea de primer año precisamente porque aprende muy rápido y “casi nada le dio que hacer”. “El grifo no lo controla bien, pero tampoco se quedó mirando el agua”, nos explica María. “Yo creo que mismo los hermanos ya les explican”, y por eso no se sorprenden, señala. También le llama la atención a la familia el poco valor que Zahra le da a las cosas materiales.

“Por muchas cosas que le dé yo aquí, le doy material que ella no valora. Le compras cosas y ella no les da valor. No quiere nada, quiere ser libre, pasárselo bien”. María nos explica que, aunque Zahra juega con muñecas e incluso con videoconsolas, no les “da más importancia” y apenas les presta atención.

Aunque Zahra esté pasando un verano diferente, con una familia que no es la suya, la niña llama casi todos los días a su madre y hermanos. “Habla con la familia un dia sí, un día no”, nos comenta María. “Yo hablo con la hermana, que habla español perfectamente, y me dijo que Zahra estaba muy contenta. Que le compraba muchos vestidos, que iba a la piscina y que estaba muy contenta”, señala María.

María nos cuenta una de las anécdotas que ha vivido estos días con Zahra. “Fuimos a comprar y llevaba el cesto con ruedas, y le andaba pisando seguido los pies al niño de una amiga, porque no lo controlaba. Y el niño le dijo: ¡jope, macho! Como quien… ¡para!. Y ella pensó que debía ser un insulto y le dijo: ¡jope macho tú! Mi amiga, yo y todos los de la cola nos reíamos”.

La familia de María cree que esta experiencia es “genial”. “Yo estoy encantada, y mi marido también. Es muy graciosa, y lista como una ardilla. Es alegre, muy activa”. Y lo que más está disfrutando Zahra de estas “vacaciones en paz” es la piscina. “Lo que más le gusta, aunque la lleves a cualquier sitio, es la piscina”.

A estos niños saharauis solo les queda un mes para regresar a su país. Allí se reunirán con sus familias y con sus amigos en la madrasa (la escuela), que comenzará cuando todos los niños y niñas estén de vuelta en el Sáhara, donde podrán contar anécdotas de su estancia veraniega. Después, como dice Ahmed, “cuando acaba el colegio poco falta para volver a España”, donde les estarán esperando ansiosas sus familias de acogida.

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