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El año que la penitencia fue no perder la Esperanza

Una portadora de la Santísima Virgen de la Esperanza el Domingo de Ramos de 2019 (foto: Roberto Marín para la Junta de Cofradías)

MARTA CORRAL | Ferrol | Martes 7 abril 2020 | 15:11

Si un virus no nos hubiese confinado en nuestras casas para vivir en primera persona una distopía que solo habíamos alcanzado a imaginar gracias a la literatura y al cine, este Martes Santo a estas horas estaría, quizás, en La Cañita. Si me dieran permiso, me hubiese colado un año más en la celebración del Tercio de Portadoras de la Santísima Virgen de la Esperanza.

Quizás a primera hora de la mañana algunas madres hubiesen recibido el ramo que llega siempre de sus hijas. Quizás muchas habrían ido a trabajar con alguna prenda verde entre su atuendo. Quizás otras habrían pedido el día libre para vivirlo intensamente. Las unas y las otras compartirían nervios que unas pocas amortiguarían con algún pitillo. Brindaríamos a la mesa y quizás yo, con la torpeza habitual de la que adolecen mis rimas, les habría escrito algo parecido a una arenga en un mantel de papel.

Quizás, después de una sobremesa esencial para limar asperezas y acercar hombros condenados a no entenderse fuera del banzo, todas hubiesen apresurado el paso hasta al local para vestirse el hábito y esperar a que las puertas del corralón se abriesen para ellas, para Ella. Y la mirarían de frente, repasándola de corona a pedestal, admirando su adorno floral y prometiéndole que aunque se tengan que dejar la espalda va a volver a casa, como siempre. Qué guapa está.

«Lo peor de esto es que llevo todo el día imaginando qué estaría haciendo», confiesa al otro lado del teléfono Lola Castro Casares, mayordoma de la Esperanza. Este año no ha tenido que hacer recuento de tilas para contestar a mi pregunta porque no se ha tenido que tomar ninguna. Eso sí, «cometí el error de empezar a ver vídeos ayer de noche y me dio ansiedad», admite.

Tengo a muchas portadoras agregadas en las redes sociales que, además de haber sido compañeras, son amigas. Y como cada Martes Santo han llenado sus perfiles de promesas verdes, de recuerdos, de abrazos que esta vez van a tener que ser solo virtuales. Lola me confirma que el WhatsApp echa humo y que tiene planificadas un par de videoconferencias con grupos de portadoras. No podía ser de otra forma. Bendita tecnología que nos acerca en tiempos de coronavirus.

Avanza, además, que cuando todo esto acabe y se pueda salir de casa irán todas al Museo de la Semana Santa para llevarle flores a su Esperanza. «Cuando llueve y no puedes salir te fastidia; pero la tienes en el corralón. Puedes verla y rezarle. Es muy duro, pero está ahí y pasas el trago con el resto de compañeras, llorando y riendo. Pero esta vez no puedes verla ni rezarle, ni tampoco encontrar el consuelo en el abrazo de nadie», explica Lola.

Al menos en la calle Magdalena, donde el año pasado tuvimos la suerte de retransmitir las procesiones gracias a Iris y a la Junta de Cofradías, después del aplauso de las ocho sonará la canción que las portadoras llevan un año esperando. Esa cuyos versos cobran ahora un significado todavía más especial. Sí, hablamos de Una madre no se cansa de esperar. Seguro que suena también en otras calles de Ferrol.

Quizás, en procesión, las portadoras la escucharían con las rodillas flaqueando e intentando mantener recta la espalda. La escucharían acordándose de las personas por las que han rezado durante el recorrido y haciendo recuento de las rosas prometidas. La cantarían con un nudo en el estómago que saben que solo desaparecerá dejando salir las lágrimas y sintiendo una mano verde posándose sutilmente en su otro hombro.

Pero este año, cuando la escuchen —porque sé que lo harán, todas y cada una de ellas. Como lo harán también las cofrades del tercio y las monaguillas, todas—, pensarán en aquellas personas a las que están esperando ellas mismas. Sonriendo desde lejos, encendiendo una luz e imaginando el abrazo en la alegría de volver. Porque este año todas, todos, entendemos mejor que nunca a la Madre que espera el regreso de su Hijo. Lo que ansiamos, en nuestro caso, es el momento de volver a tocar a nuestros abuelos, padres, hijos y nietos.

Y en un día en el que los datos sobre la pandemia nos dan un respiro en Galicia, donde solo se registran 93 nuevos pacientes. En una jornada en la que no ha entrado nadie en los hospitales de Ferrol y se mantiene el número de pacientes en la UCI; a este día teñido de verde, cuando la penitencia es no poder abrazar, no es casualidad que los ferrolanos lo hayan rebautizado como Martes de Esperanza. Que no nos falte nunca.

La Junta de Cofradías retransmitirá en directo las dos procesiones de la jornada con imágenes de años anteriores desde su Facebook. A las 20:00 será el turno del Cristo de la Buena Muerte de la Cofradía de la Soledad y a las 21:00 horas será el turno de Jesús Atado a la Columna y la Santísima Virgen de la Esperanza de la Cofradía de Dolores.

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