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El «cosmos» de Emma Pillado sigue asomado al faro de Prior hasta el domingo

Emma Pillado a la entrada del faro de Prior, donde está exponiendo su obra (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | Ferrol | Martes 21 junio 2022 | 21:45

A Emma Pillado le salieron alas y quiso volar hasta el faro de cabo Prior. Bueno, en realidad, las alas siempre habían estado allí, pero la vida, a veces, hace que nos olvidemos de cómo se emprende el vuelo. Sin embargo, como si fuera el joven Juan Salvador de Richard Bach, esta mujer pequeña de corazón enorme lleva suspendida en el aire desde el pasado 4 de mayo con la ayuda de las corrientes propicias que le llegan de Esmelle y Santa Comba.

Fue ese día cuando inauguró en el faro su exposición Cosmos, la primera muestra en la que se ha atrevido a enseñar sus creaciones en arcilla y sus cuadros: acuarelas, collages con elementos de la naturaleza y algún óleo. Obras que realizó antes y después de abrir en Ferrol La tienda de Emma, una floristería que la situó entre las mejores artistas de decoración y diseño floral de Galicia, pero que también le fagocitó todo el tiempo que su creatividad necesitaba para desplegarse.

A las puertas de una exposición en homenaje a sus padres «por su dedicación a mi hermana y a mí», Emma me recibe con su sonrisa de niña, dispuesta a sacar los juguetes y a compartir una tarde conmigo. La encuentro bella, feliz, tranquila, ilusionada. Me presenta a su amiga Fina, que también se ha hecho farera durante estas semanas que ambas comparten en Prior y nos tomamos un café en una sala que parece la prolongación de su taller, de su casa.

Me habla del nombre, de ese Cosmos que es más que el universo interior que todos podríamos suponer: «Es el nombre de unas flores pequeñas que huelen a chocolate. Las pedimos a Holanda, pero no estaban en flor cuando inauguramos. También las hay silvestres en Cobas». No obstante, ese contratiempo no impidió que el faro fuese un vergel: al toxo florido que cada año amarillea el Prior como el camino de baldosas amarillas que es, Emma ha querido llenar todo de flor, tanto en jarrones como en sus lienzos.

«Fui a pintura desde pequeña y he pasado por las clases de muchos profesores, pero fue la actual, Sofía Piñeiro, con la que llevo 4 años, la que me animó a exponer. Empecé estas obras con la pandemia porque me apasiona pintar y cualquier momentito es estupendo para ello. Por ejemplo, mi madre haciendo la comida y yo pintando. Me dio por los rostros, por las caras, pero sin dejar mi mundo imaginario en el que ya profundicé con la arcilla», explica Emma.

También su familia y sus amigos la animaron a dar el paso para abrir su primera exposición: «Empecé a comerme el coco por la edad que tengo, pero no me arrepiento de haber esperado porque necesitaba estar yo segura. Cuando confié en mí misma, me salieron alas. Un negocio es distinto, vas a un ritmo diferente, estás sujeta a peticiones… Esto lo vas haciendo en tus ratitos, buscas momentos, es una expresión diversa que me mueve el deseo hacerla».

Su amigo y expareja, Juan Valiño, que sigue regentando La tienda de Emma en Amboage, fue quien la ayudó al montaje en el faro, al que también contribuyó Laura, de Art-Idea, en la enmarcación de las obras. «Estoy muy agradecida a la Autoridad Portuaria por aceptar mi propuesta y dejarme este espacio mágico», valora Emma, recordando lo especial que fue la inauguración, en la que contó con la actuación de la artista Eugenia Sanmartín: «Fue emocionante. Apareció con un sombrero de mariposas y fue cantando mientras se proyectaban imágenes de cuando yo era pequeña. A mis padres les pareció divino».

La muestra, de la que se puede disfrutar hasta el domingo 26 de junio, abre de lunes a viernes de 18:00 a 21:00 horas, y el sábado y domingo de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00 horas. «Vengo todos los días aquí, es una monada. Tengo a mi amiga, que me acompaña siempre: somos fareras. Es divino venir, no es un esfuerzo. Todos los días se transforma. Un día cogemos flores, otro día aparece alguien interesante… La gente tiene una respuesta increíble. Ha venido Paloma Lago, por ejemplo, y también una pintora de Cobas, Mariña Martínez Grandal, que nos estuvo recitando poesía con su marido».

En el Cosmos de Emma hay un espacio de honor para su sobrina Martina, de 7 años, que también aporta la pintura que acompaña a la entrada a un libro de visitas que se ha convertido en un tesoro. «Hice un libro dedicado a ella también, con bolsillos secretos, cuentos e ilustraciones. Ella me inspira, es el fruto de mi hermana, que para mí es como mío. Estaba loquiña por venir al faro y le encantó».

Emma aclara que no hay recorrido marcado, que ella deja «libertad», pero me empieza mostrando una de las piezas más antiguas, que hizo hace 23 años «en la cocina de casa de mi abuela [la florista del castillo, María Lista] en Esmelle. Le dije a mi padre [Rafael Pillado, histórico dirigente político y sindicalista] que me escribiera un mensaje, como para mandar en la botella, y me escribió esto. Cuando monté la exposición no me acordaba y volví a leerlo. Supe entonces que tendría que escribirlo en la pared, a la vista».

Además del pergamino hecho por la propia Emma, la madera, las plumas, las piedras, los cristales, las cortezas, las flores y los líquenes que recogió en Santa Comba penden del lienzo. De esa misma época, antes de abrir la floristería, son también las piezas de arcilla en frío que empezaron a brotar de sus manos de forma autodidacta: «Son seres imaginarios. El barro te lleva y van saliendo. Tienen un punto cómic, de niña, como lo tengo yo. Es un mundo feliz».

Entre las acuarelas miramos de nuevo más flores, «que no podían faltar», pero también verduras, frutas, objetos cotidianos como una delicada torre de tazas que parece a punto de desplomarse: «Es una mezcla de cosas muy distintas en la que destacan las caras, los retratos que he estado haciendo y que me encantan», confiesa Emma, mirando con cariño a una imponente Madame Butterfly que también le recuerda a Martina.

Reconoce que ha tenido una «respuesta muy chuliña» y que se sorprende de que «gente que no conozco de nada me compre un cuadro». En cambio, no se arrepiente de haber tardado tanto en dar el paso de exponer: «Todo tiene un porqué. Ahora estoy en un momento muy bueno para esto y antes no estaba tan bien, tenía una vida más complicada, y ahora todo fluyó». Se queda, eso sí, con ganas de hacer más y promete animarse a ello.

Pero, eso sí, sin dejar de compartir tiempo con los suyos, sobre todo con su padre Rafael, que hace tan solo unos meses confirmaba que tenía cáncer de pulmón como consecuencia del amianto: «Quiero estar con él, pintar sin agobios, disfrutar. No miramos alrededor, andamos tan deprisa que no nos paramos a mirar. Yo ahora mismo estoy disfrutando de todo: de hacer las comidas, de estar con mi familia y mis amigos. Eso es lo que nos llevamos de aquí. Nos vamos rapidito y hay que aprender a ser feliz con las pocas cosas que te pasan».

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