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El desaparecido molino de Caranza emerge en los 50 años de hermanamiento con Cartagena

Captura del vídeo cedido por el Ayuntamiento de Cartagena.

MARTA CORRAL | Ferrol | Jueves 14 diciembre 2023 | 21:27

Cuando el pasado mes de octubre el Racing de Ferrol se enfrentó al Cartagena en A Malata, a no pocos ferrolanos les llamó la atención que el club cartagenero eligiese una imagen del barrio de Caranza para anunciar el partido en sus redes sociales. «Le dije a mi padre que cómo no subían una foto del Arsenal, y me contó que en los setenta nos habían regalado un molino de viento que se colocó al lado de la ermita», me avisó entonces la periodista Silvia Vieito al otro lado del WhatsApp, lanzándome el reto de tirar del hilo de una historia que yo desconocía.

Por no saber, yo ni sabía que Ferrol estaba hermanado con Cartagena. Conocemos los hermanamientos que sí se cuidan anualmente, como el de Mondoñedo o Lugo, incluso el de Vila do Conde del que se ha cumplido este 2023 los 50 años. Precisamente, el mismo tiempo que la ciudad hermana del Mediterráneo, con la que selllamos lazos en 1973. Ellos nos regalaron un molino que se ubicó en Caranza, en el rebautizado como Paseo de Cartagena, al lado del espigón y la ermita de Santa María, y nosotros correspondimos con un Cruceiro.

A los pies del Cruceiro han celebrado los cartageneros unilateralmente el medio siglo de hermanamiento esta misma semana, el pasado martes 12 de diciembre, valorando que «el monumento es una muestra de los vínculos entre ambas plazas fuertes de la Armada Española; dado que, pese a estar distanciadas en mil kilómetros, las dos ciudades comparten retos e intereses comunes desde hace más de 3.000 años». La alcaldesa, Noelia Arroyo, recordó que además nos une «la construcción naval, y la mili; que tantos ferrolanos hicieron en Cartagena y tantos cartageneros en las tierras gallegas».

Además del acto a los pies del Cruceiro en el que sonó la Muiñeira de Chantada en las gaitas de la agrupación Celticue, se realizó una ofrenda floral en un lugar que «cumple ya 50 años de protección a la ciudad» ―como ha señalado la alcaldesa―, y se celebró en el centro universitario ISEN un análisis a cargo del cronista de la ciudad, Juan Ignacio Ferrández, sobre el germen del hermamiento. Arroyo ha valorado que «el tiempo nos dará la oportunidad de señalar de nuevo la presencia de Cartagena en Ferrol, tras la desaparición del molino que el Ayuntamiento regaló a la ciudad gallega con motivo del hermanamiento».

El desaparecido molino de Caranza se inauguró el 31 de agosto de 1974, coincidiendo con San Ramón, el día grande de las fiestas ferrolanas. Hasta Ferrol llegó una comitiva de Cartagena formada por unas 30 personas, entre ellas «tenientes de alcalde, concejales y otros cargos de la Administración», así como el presidente del Centro Gallego de Cartagena, Leonardo Gregorio Abella, dice el artículo de La Voz de Galicia publicado el 29 de agosto como avance del acto. Ellos ya tenían instalado el Cruceiro en la calle Real y aquí se descubriría «la placa que da el nombre de Cartagena a una de las calles más modernas del nuevo conjunto residencial».

Caranza es ese conjunto residencial al que se refieren y era entonces un barrio a medio construir todavía y desde entonces, aunque no todo el mundo lo sabe, cuenta con un Paseo de Cartagena ubicado donde estaba el molino. La siguiente referencia a la construcción la encontramos en marzo de 1980 en el mismo periódico, donde recogen las propuestas de la Asociación de Vecinos de Caranza expresando su «disgusto por el sistema empleado en el relleno de la zona próxima a la ermita» y denunciando que se habían «sepultado zonas verdes donde estaban instalados banquillos, el molino (…), afectando incluso a viales, destrozando defensas, aceras, etcétera».

En mayo de ese mismo año, una época en la que escribían los cronistas que «se vienen registrando en Ferrol y en zona céntrica muchos robos de bicicletas», una de ellas apreció escondida cerca del molino; pero no es hasta el 26 de enero de 1983, menos de 10 años después de que se instalase, cuando encontramos el primer testimonio de su degradación, también en La Voz. En este caso, la Comisión Municipal Permanente, siendo ya alcalde Jaime Quintanilla, trató en su sesión «el lamentable estado en el que se encuentra el molino que el Ayuntamiento de Cartagena cedió a Ferrol y que está instalado en una de las riberas del polígono de Caranza».

La última referencia en la prensa es de septiembre de 1984, esta vez porque la Asociación de Vecinos propuso al Patronato de Deportes crear «un circuito de footing en las proximidades del molino de Cartagena, en la avenida del Mar». A partir de aquí, el testimonio de los vecinos habla ya de una construcción a la que le faltaban la mayor parte de las aspas y que nadie se preocupó por conservar y proteger durante aquellos años. Los recuerdos infantiles y adolescentes de Estela Iglesias, que creció en el barrio, nos sitúan en los noventa y confirman que los pequeños jugaban entre lo que quedaba de sus paredes.

«Fue perdiendo altura con los años y ganando en pintadas», recuerda Estela, «cuando yo era pequeña aun quedaba un aspa moribunda; pero toda la gente de Caranza vivió ese molino. El campo del molino, nos sentábamos allí a ver los fuegos». La presidenta de la Asociación Vecinal, Mapi Rodríguez Venancio, corrobora también que cuando llegó al barrio en 1996 ya no quedaba prácticamente nada de la construcción y que fue en 2001 cuando se retiraron las últimas piedras. Cuenta que se organizó en la zona un feria de artesanía y vinieron unas palas para quitarlas y allanar el terreno.

Viendo cómo de cuidado tienen el Cruceiro en Cartagena y la dejadez que tuvimos en Ferrol, recogiendo además las palabras de su alcaldesa, preguntamos a la presidenta vecinal si querrían tener una segunda oportunidad y acoger otro molino: «Hombre, claro, sería un orgullo. Los vecinos se acuerdan mucho de él aunque hayan pasado años y desde luego aquí estaríamos pendientes de que se cuidara», asegura. Ahora solo resta estrechar de nuevo lazos entre ambas ciudades hermanas y que ellos nos perdonen por no haber cuidado de un emblemático regalo que nunca es tarde para descubrir.

Un comentario

  1. A la alcaldesa se le ha ido un pico la nación temporal.
    “El monumento es una muestra de los vínculos entre ambas plazas fuertes de la Armada Española; dado que, pese a estar distanciadas en mil kilómetros, las dos ciudades comparten retos e intereses comunes desde hace más de 3.000 kms”
    Hace 3000 años eso es 1000 km eran como la distancia a la Luna. Ni nos conociamos siquiera.

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