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El futuro de la Semana Santa, en sus manos

MARTA CORRAL | Ferrol | Martes 15 abril 2014 | 12:00

Cuando era niña, la Semana Santa era una auténtica fiesta. No sólo por las vacaciones, también por el trajín de estampitas, caramelos y bandas de música.

Recuerdo lo mucho que me gustaba correr por Amboage con mi capa de capuchón al viento, como si fuera una súper heroína.

Más allá de la solemnidad de las procesiones, los niños buscan la diversión. Sin darse apenas cuenta, con el paso de los años, sus inquietudes cambiarán; siendo ellos los que continúen la tradición ferrolana.

En su mayoría, los pequeños se ven abocados a pertenecer a una determinada cofradía por influencia familiar; pero a todos parece entusiasmarles. En este caso, el relevo generacional está más que asegurado.

Para todos merece la pena trasnochar en las procesiones y pasarse muchas horas de pie. Eso sí, atentos por si ven a alguien conocido, para darles la estampa con su nombre. Fundamental.

Pasión por la Esperanza

Alicia Veiga tiene 5 años y desde 2012 es monaguilla en el Tercio de la Virgen de la Esperanza. Ella tiene muy claro qué es lo que más le gusta de la Semana Santa: «Los caramelos».

Patricia, su madre, lleva toda la vida en la Cofradía de Dolores. Es portadora y cofrade de la Esperanza, así que no puede evitar contagiarle la devoción a sus dos hijas. La pequeña, Sara, con poco más de un año, también está inscrita en el tercio.

Alicia quiere ser portadora porque la imagen que más le gusta es la Esperanza: «Quiero llevar el trono con mamá». La madre la mira poco convencida, pero con un gran orgullo: «No sé cómo llegaré, no me veo mucho, pero sería muy bonito», confiesa.

Fieles a la Cofradía de las Angustias

Tito Martín tiene 12 años, pero desde el momento en que nació pertenece a Las Angustias, al igual que su hermano Jaime: «Fui al registro a inscribirlos y, poco después, a la cofradía», comenta divertido su padre, Pepe.

Empezó a salir como monaguillo a los tres años y de la Semana Santa le gusta «todo, es muy bonito. Además tengo amigos en la cofradía y es muy divertido».

Martiña Rei, a la derecha, en una imagen de 2010 (cedida)

Martiña Rei, a la derecha, en una imagen de 2010 (cedida)

Alicia en su primer año como monaguilla de la Esperanza (cedida)

Alicia en su primer año como monaguilla de la Esperanza (cedida)

Su abuelo, Antonio Martín Caloto, coronel de Infantería de Marina, llegó a presidir la cofradía. Con toda seguridad, estaría muy orgulloso viendo a sus nietos continuar con su singladura junto a la Virgen de las Angustias, la imagen favorita de Tito: «Aunque me metió mi padre en esta cofradía, yo quise ir», aclara tajante.

«Mi padre nunca nos obligó a ir a la cofradía. De hecho, yo fui portador en Dolores; pero al final, el sentimiento se impone y todos los hermanos hemos tirado hacia La Angustia», reconoce Pepe.

Seis años con la Merced

Martiña Rei empezó en la Cofradía de la Merced con 4 años, de monaguilla, y ahora con 10 ya sale de capuchón.

No recuerda muy bien cómo empezó, pero seguro que su madre, Elena, tiene algo que ver. Ella es cofrade y miembro del grupo de Acción Social de la cofradía.

Martiña sigue «porque me lo paso muy bien y quiero seguir muchos años y ser portadora», admite, aunque duda un instante y pregunta a su madre: «¿Pesará mucho?».

En la Cofradía de la Merced, con autorización de los padres, se puede ser portadora a los 16 años. De lo contrario, hay que esperar a la mayoría de edad.

La procesión que más le gusta a Martiña es la que la Merced organiza el Miércoles Santo. ¿Su imagen favorita? No lo duda: «La Cautiva».

Aunque algunos de sus amigos están en la Merced, a otros les extraña que pase tanto tiempo allí: «Se lo toma muy en serio. Está todo el año ayudándonos», comenta Elena, que sonríe contenta de que a su hija le guste tanto como a ella.

Nunca pasan desapercibidos. Desde el corneta que no levanta un palmo del suelo hasta el monaguillo del Santo Entierro que rompe la solemnidad del desfile con sus trastadas, pasando por la pequeña que lleva el paso con su vestido de domingo y su palma en la mano. Los niños siempre lo impregnan todo de naturalidad.

Hay que cuidarlos, hacerlos protagonistas, admirarlos. Lo que ellos vean, será lo que hagan cuando todo esto esté en sus manos. Son el presente y el futuro de la Semana Santa de nuestra ciudad.

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