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El pueblo que santifica las resacas y las despedidas

Hasta la nefasta gestión de velas en la ermita de Chamorro es motivo de indignación para los ferrolanísimos (foto: Ferrol360)
Hasta la nefasta gestión de velas en la ermita de Chamorro es motivo de indignación para los ferrolanísimos (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | O falar non ten cancelas | Martes 3 abril 2018 | 14:17

Ayer fue Lunes de Chamorro -ya sabéis que aquí lo de llamarle de Pascua no se estila-. Uno de los dos días en los que se cierran más maletas en Ferrol. El otro es el 7 de enero, San Julián. Disculpad mi torrija, pero hasta ahora no me había dado cuenta de que nuestros dos patrones coinciden con las fechas en las que esta aldea con teléfono que algunos quieren salvar llamándole Ferroliño se vacía.

Sí había caído en que, como buenos caralletas que somos, nos dejamos siempre un día de margen después del aluvión festivo de Navidad y Semana Santa, para recuperar con calma. Pero oye, que eso de santificar los dos días en los que muchos ferrolanos vuelven a la diáspora no lo había acabado de ver nunca, pero es así. Un tupper de arroz con leche y una docena de rosquillas en el equipaje y carretera. ¡Feliz patrón!

La cuadrícula lógica vuelve ahora a vaciarse a pesar de que la lluvia de esta semana no nos ha dejado muchas jornadas de lleno en el centro como es costumbre. Pero los bares, eso sí, han estado a tope. Es normal, la gente ha buscado cobijo siguiendo el tintineo de las copas y el de los tenedores peleándose en los platos. Aquí, reconozcámoslo, quien más y quien menos tiene un poco de depresión post semanasantera.

Qué rápido se ha pasado y a qué poco nos ha sabido, carallo. Eso sí, su brevedad nos ha bastado para sacar de nuevo a relucir los dos ferroles que, lejos de comprender que todas las contradicciones de este pueblo nos han valido para fabricar nuestra férrea idiosincrasia, se empeñan en presentar batalla mientras el resto sacamos las palomitas.

La verdad es que este año me estaba sorprendiendo muy gratamente el respeto con el que mis contactos en redes sociales que menos comulgan con la Semana Santa estaban publicando sus opiniones. Quedaban atrás los años en los que las procesiones suponían una guerra encarnizada en el Facebook, como si fuese obligatorio ir a verlas. Pero la sorpresa llegó en Jueves Santo.

Había gente riéndose de que las procesiones no pudiesen salir por la lluvia. Ojo a la movida. ¿De verdad alguien puede cuestionarse hoy en día que la gente que nos visita en Semana Santa viene buscando sol, playa, Modernismo y turismo activo? ¿En serio? No será que, a lo mejor, que igual me equivoco, pero, no sé, que podrían llegar hasta aquí porque han oído hablar del tema cofrade y eso. ¿Podría ser? Ya digo que no estoy muy segura, eh, no me crucifiquéis.

Ah, que el tema es por lo del dinero público y el integrismo católico y todo eso. Vale, entiendo. Cabe recordar entonces, bajo alerta demagógica, ya aviso, que el Concello pone 35.000 euros para la Semana Santa. Los mismos que acaba de facilitarle por convenio de colaboración a, por ejemplo, la Fundación del Racing Club Ferrol. O tan solo 7.500 euros más de los que aportó al Pantín Classic, una cita que no se celebra ni en el municipio, pero que, sobra decirlo, me parece genial que apoyemos todos los ferrolanos.

En 1966 un jovencísimo John Lennon visitaba en Londres la exposición de una artista vanguardista llegada de Estados Unidos. Era Yoko Ono. En mitad de la galería había una escalera con un catalejo al final, por donde mirar. El beatle subió, miró y pudo leer una palabra: «Yes». Supo ahí que quería conocer a la autora porque, en un mundo donde el pesimismo reinaba a diario, ella había dejado un espacio para la esperanza.

A veces dan ganas de cerrar también la maleta un 7 de enero o un Lunes de Chamorro, no me lo neguéis. Pero, he de decir que creo firmemente que los ferrolanos felices, los que no tenemos miopía y saludamos siempre, a los que no nos ha vencido el síndrome del presidente de la comunidad de vecinos, los que vamos mirando hacia arriba por la calle aún a riesgo de tropezar, los que no estamos con el «no» en la boca todo el santo día. Esos, somos la resistencia. Opaí.

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