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El racinguismo hace memoria para celebrar los 100 años de un símbolo de Ferrol

Fina y Amadeo, símbolos del racinguismo, plantando el árbol en A Malata (foto: Ferrol360)
Fina y Amadeo, símbolos del racinguismo, plantando el árbol en A Malata (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | Ferrol | Sábado 5 octubre 2019 | 19:05

Suele decirse que durante la vida de uno conviene hacer tres cosas: escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol. Son tres formas de perpetuarnos, de dejar una pequeña huella cuando toque decir adiós. Este sábado 5 de octubre el Racing de Ferrol cumple 100 años. Había escrito libros, tuvo y tiene miles de hijos e hijas, y desde hoy el racinguismo también tiene su árbol en A Malata.

El club no había programado nada para celebrar esta efeméride, pero la aficción no se resignó y se echó a la espalda la tarea de celebrarle al viejo -como ellos le llaman-, su primer centenario. A las 11:00 horas Esteiro empezó a teñirse de verde. El Guarisnais sirvió de punto de encuentro y arranque de una ruta por lugares emblemáticos de la historia del club.

De la mano de Jorge Deza, del Círculo Racinguista, más de un centenar de personas se metieron en esta particular máquina del tiempo que zarpó del barrio obrero, donde nació el «club representativo de toda a cidade». Y lo hizo de una «batalla dialéctica» entre el Esteiro trabajador y A Magdalena burguesa. Un equipo que «naceu da unidade» en un local de la antigua calle San Carlos, hoy Carlos III.

El hotel Suizo, una de las paradas de la ruta histórica por el centenario racinguista (foto: Ferrol360)

El hotel Suizo, una de las paradas de la ruta histórica por el centenario racinguista (foto: Ferrol360)

El paso a A Magdalena

Después de una parada en el Cantón -casi en su confluencia con la calle de la Iglesia-, el punto de retransmisión de los partidos en aquella primera época, a principios de los años 20, la comitiva verde continuó su camino hasta el antiguo hotel Suizo, en la calle Real con Sánchez Barcáiztegui. Allí se había creado un equipo infantil con los botones que trabajaban, que alguno de ellos llegó a debutar con el primer equipo.

Para los transeúntes que este sábado paseaban por el centro la sorpresa era total: «¿Pero juega hoy el Racing?», preguntaban un tanto desconcertados -quizás unas banderas verdes o un reclamo en el Palacio Municipal habrían ayudado a entender qué estaba pasando-. Deza seguía guiando por la calle Dolores, al lado de la antigua Papelera Ferrolana, la consulta del viejo Jaime Quintanilla, el primero de los alcaldes de la estirpe. Una época en la que cualquier socio podía jugar en el Racing y el club «empezou a modernizarse», a ser «valorado e respetado» como un gran «viveiro de futbolistas».

La siguiente parada fue el antiguo hotel Ideal Room, en la Real esquina con Tierra, donde Deza recordó una aplaudida anécdota la primera vez que los verdes jugaron la Copa del Rey. Después de un partido en casa contra el Athleti de Bilbao en el que empataron a unos tras un pésimo arbitraje, los aficionados acudieron a allí para abuchear al árbitro, el asturiano Joaquín Menchaca.

Parada de a ruta en el Derbi (foto: Ferrol360)

Parada de a ruta en el Derbi (foto: Ferrol360)

Corría el año 1928 y, después de zarandearle el coche, alguien sacó una pistola y disparó al vehículo. El árbitro salió alucinado a pedir un poco de calma, pero años más tarde admitiría en una entrevista que por su actuación deberían de haberle disparado a su coche algún que otro tiro más. A partir de ese altercado, la prensa vasca de la época empezó a referirse a la hinchada ferrolana como «los diablos verdes del Infierniño».

La penúltima parada de la ruta fue el café Derbi, el que era «epicentro do fútbol ferrolán» en los años 30. Además de servir, su trastienda, como local del club, en sus mesas se hacían tertulias, se formaron otros equipos e incluso se firmaban contratos.

La bajada a A Malata

Al llegar a las afueras del estadio, más gente esperaba allí junto a Fina y Amadeo, dos de los socios más emblemáticos del club. Hay que recordar que ella casi tiene tantos años como el Racing y su pasión por el equipo, al que siguió «en las duras y en las maduras», sigue intacta. Ellos fueron los encargados de plantar un carballo y poner así el broche final a la ruta. Un árbol que, según el compañero Raúl Villares, presentador y animador de la ruta, simboliza «a unidade. Cada vez que o vexamos lembraremos que este 5 de outubro foi plantado para seguir construíndo Racing». En sus últimas palabras antes del acto, Deza enfatizó que ser del Racing «é un sentimento, non é pagar un abono. Non son un puñado de accións, senón a historia e a afección», en la enésima puya a la entidad por su dejadez.

La previa del viernes

Sin embargo, este no fue el primero de los actos organizados por el racinguismo para este centenario. Ya el viernes, Diablos Verdes organizó un espectacular acto en A Malata iluminando el estadio con bengalas para emular las 100 velas que sopla en Racing y dejando imágenes para la historia como estas:

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