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El Santo Entierro de Ferrol, «una cofradía de interior» en la que «lo que cuenta son los fieles»

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Viernes 11 abril 2014 | 09:50

Una gran familia que forman 140 personas, encargadas de mantener las costumbres que les hacen diferentes. Esa es la cofradía del Santo Entierro, protagonista de uno de los momentos más especiales del Viernes Santo que late en el corazón de A Magdalena. En 2014, novedades «mínimas», nos cuenta Antonio Loureiro, su hermano mayor.

Con él compartimos una charla emocionante que se refleja en estas líneas, a pocas horas del momento más esperado del calendario para ellos. La presentación visual ante los espectadores es «siempre la misma, no hay variaciones». Es, sin duda, la hermandad más aferrada a una tradición.

Sobran los motivos, los que aporta su estrecho vínculo con un ritual religioso, más allá de la salida a las calles y de la exhibición de su fe ante la audiencia. Jarrones de plata y 250 rosas rojas en el templo, la mejor compañía para la urna procesional, que data de 1891.

Una conocida floristería de la calle Real, regentada por Ángeles frente al Palacio de Capitanía, se encarga de realzar su belleza desde hace más de un cuarto de siglo.

En fechas de cambios, con la reciente concesión de Fiesta de Interés Turístico Internacional para la Semana Santa de Ferrol, esa declaración «no influye para nada» en el Santo Entierro, asume Loureiro. Sin embargo, cree que es algo «bueno y aprovechable», pero no solo para las cofradías, sino de una forma muy especial para gremios de la ciudad a los que la crisis azota sin piedad, como el comercio.

El patrimonio de la agrupación con sede en la concatedral de San Julián necesita conservación y mimo, pero sus miembros no buscan una ampliación. Otras cofradías, reconoce el hermano mayor, pudieron «ampliar y mejorar» sus «imágenes y enseres» en los últimos años gracias al apoyo público. No es lo que quieren en el Santo Entierro. ¿Un adjetivo para el nuevo título turístico? Dice Antonio Loureiro que es «maravilloso».

La «Semana Mayor», como él y tantos otros la llaman, reúne a tantos visitantes como en ningún otro momento del año. Ni siquiera «en las fiestas de verano», suelta esbozando una sonrisa. Al otro lado de la mesa, el veterano cofrade cree que los días grandes se juntan para crear «lo mejor de la ciudad», en beneficio de colectivos como el hostelero. Recibió el anuncio gubernamental como una «noticia maravillosa».

A su entender, supondrá «un incentivo grande», una «locomotora que debe arrastrar hacia otras cosas». Menciona el Patrimonio Mundial que otorga la Unesco y al que Ferrol opta, parece que más en silencio que a viva voz, desde hace lustros. No se olvida tampoco del cercano Congreso Europeo de Turismo Industrial y pone al castillo de San Felipe como ejemplo.

Sostiene que urbes con recintos fortificados de mucho menos fuste los promocionan como la más preciada joya. Los desfiles procesionales se concentran en una sola semana, pero «lo otro estaría todo el año». Remarcando, además, que «el naval no volverá a ser lo que fue», por lo que estima que toca abrir los ojos a nuevas realidades y a sectores hasta ahora poco explorados. Es cuestión de creérselo.

Procesión del Santo Entierro (foto: Carlos Carballeira / Cofradía del Santo Entierro)

Procesión del Santo Entierro (foto: Carlos Carballeira / Cofradía del Santo Entierro)

«Para una ciudad que ha ido perdiendo, que te den esto es importante», sentencia. Entre otros motivos, por «el retorno que producen» reconocimientos semejantes. Nos fijamos en la cofradía del Santo Entierro. Sus miembros aportan una cuota anual de 40 euros, congelada a día de hoy pero que podría subir a los 50 cuando las cosas mejoren.

Asegura el hermano mayor que «hay gente que tiene necesidad», pero que «no afecta» la crisis tanto como en otras hermandades. De dimensiones más reducidas, sobrevive en mejores condiciones ante el temporal. El hábito, en propiedad, «te lo tienes que hacer tú». Ahí sí hablamos de una inversión, puede que para toda la vida: la citada túnica, en raso negro, alcanza los 700 euros.

Los arreglos pertinentes son posibles gracias al apoyo de unas modistas de Fene, a falta de sastres. «Ya tienen los patrones», saben hacer cuentas: unos 300 euros por adecuar el atuendo. A mayores, 250 euros por la medalla que lucen los cofrades, de plata; el cíngulo, otros 80 euros. Pero, ojo, es también patrimonio, casi para siempre.

Vuelve a hablar entonces Loureiro del dinero, del respaldo institucional, aplicable asimismo a este desfile, revestido de solemnidad e historia de una ciudad militar. El Ayuntamiento «apostó» por el carácter internacional del festejo, manteniendo su aportación de 70.000 euros en pleno vendaval. Porque «está viendo que las cifras» pueden ser otras más optimistas si se pone toda la carne en el asador.

Urna de la cofradía del Santo Entierro (foto: Coordinadora de Cofradías)

Urna de la cofradía del Santo Entierro (foto: Coordinadora de Cofradías)

Lanza una idea que parece que está en el ambiente desde hace tiempo: el nacimiento de un «circuito» por las calles Real y Magdalena, las dos más señeras del casco histórico, y que sean ambas las que absorban el grueso de las procesiones. Las peatonales de características diferentes, como Dolores, podrían dedicarse a terrazas, por ejemplo.

No es una idea nueva ni lejana: en la mismísima Sevilla, que suele estar en boca de todos para lo bueno y para lo malo cuando hablamos de estas fechas, las comitivas parten de sus respectivos santuarios y, sin dejar -claro está- de completar sus respectivas estaciones de Penitencia, desembocan en un mismo entramado callejero en franjas horarias complementarias.

Sirve también la sugerencia para que la mente de ferrolanos y foráneos sepa dónde, cómo y cuándo se pone todo en acción. Los libros recogen otros momentos. No hace mucho, el antiguo obispo Gea Escolano propició que se recortase ligeramente el tránsito del Santo Entierro, recuerda Loureiro.

Y eso que el conocido es el mismo «recorrido desde el San Julián nuevo», con lo que nos situaríamos nada menos que en el Ferrol del Medievo. Acabar en el entorno de la calle San Diego era una «forma de contentar al otro barrio», al portuario, «que quedaba un poco marginado».

Si ese circuito cuajase, la Orden Tercera, en el nacimiento de Ferrol Vello, y las Angustias, en el antiguo Esteiro, callejearían apenas unos metros hasta acabar con capuchones y tronos en esas dos vías emblemáticas. «¿Por qué no acortan ustedes?», pidió Gea Escolano; así se hizo. Puede que ahora vuelvan a cambiar su aspecto.

Otra ventaja: la zona histórica se podría «engalanar más fácilmente». El tráfico también sería más llevadero. Ahí queda. Los días previos son decisivos. A 48 horas vista, entre las cuatro de la tarde y las nueve de la noche del miércoles, se pone todo a punto y, al final, «se tapa la urna».

Todo se ciñe a la «rigidez» del acto litúrgico que corona esta celebración. Cuando ya solo quedan 24 horas, los Oficios del Jueves Santo. Hay renovación generacional, parcial al menos, con monaguillos que, en ocasiones, se descuelgan cuando alcanzan la adolescencia. Pero algunos acaban regresando cuando no son todavía tan mayores. Es todo «un logro», apunta Loureiro.

El hermano mayor del Santo Entierro define a su segunda casa como «una cofradía de interior». No es una familia «al uso». Unidos para encarar el reto de cada Viernes Santo, desmontan todo en tiempo récord para que la Vigilia Pascual se celebre en plenitud. Con su «imagen de función» como reclamo más llamativo, Antonio Loureiro alude a los que se refieren a ellos como «unos señoritos» que «no se quieren mojar».

Si para cualquier cofradía salir bajo lluvia es un pasaporte a daños materiales que pueden ser irreparables, en el Santo Entierro ese riesgo es mayor si cabe. Piezas de platería del siglo XVIII, incensarios de plata cincelada o varas de ébano lucen como nunca si el tiempo acompaña. Y hace años que no es así.

Con más o menos gotas caídas del cielo, llevan «seis años sin ver entera» la procesión sus promotores. Y en este tiempo se han incorporado nuevos cofrades que desean sol más que nadie. Habrá quien no sepa que la hermandad tiene patrona. Es la Virgen del Rosario, «la más ferrolana» para el hermano mayor. No en vano, «ya estuvo en el San Julián medieval».

Loureiro aporta su testimonio personal: ingresó en los 70. Todo es distinto, ha quedado desterrada «aquella parafernalia de los 50», con la plana mayor de la Armada y el Ayuntamiento en primera línea. Le preguntamos si habrá, como se pide, un museo de la Semana Santa. «Posiblemente», desvela, pero piensa en qué «imágenes vas a poner» si han de estar en sus correspondientes templos.

Como mayordomo, ha vivido «momentos en la calle muy emotivos». Hay «olor a incienso» en cada esquina, muchos «recuerdos». El instante más especial llega «cuando voy a sacar la procesión a la calle». Cuando está todo ultimado, en definitiva. «Beso el estandarte y digo: «señores, vamos a trabajar»».

Se desatan las sensaciones. «Se aguanta», aunque haya factores en contra, «por la gente que viene a vernos». «Lo que cuenta son los fieles», indica Antonio Loureiro; un hermano mayor que relata cómo «ves las caras». Él cree que «parece que vas en el aire». No duda al espetar que «no he visto otra procesión con más devoción».

«Todo fluye» por sí mismo durante una cita impregnada del «aroma de cirios y de incienso», dejó escrito en su día París Núñez -Juan Ignacio Núñez su verdadero nombre-, fundador del Tercio de Portadores del Santo Entierro en 1950. Bajando por San Diego a Magdalena al principio, besando los jardines de Herrera. Con escasas alteraciones y el mismo espíritu del primer día, San Julián ya espera.

Un comentario

  1. Esta semana la revista Interviu pubica un reportaje sobre las supuestas irregularidades económicas en la Cofradía de las Angustias, aunque en la ciudad también se denuncia lo mismo en la Cofradía de los Dolores

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