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Eres guapa sin pintar

NOELIA RODRÍGUEZ | Criar, amar, educar | Miércoles 3 febrero 2016 | 11:30

“Mamá!!! No puedo salir que aún no me he puesto guapa. Tengo que pintarme los labios para estar guapa!! Quiero verme en el espejo…”

Así, sin querer, con menos de tres años ya lo tenía claro. Para “estar guapa” hay que pintarse los labios, las uñas, ponerse un vestido. ¿Y cómo narices ha llegado a semejante conclusión una niña tan pequeña?La respuesta es muy sencilla, casi invisible para los adultos que tanto la quieren y para la sociedad, pero absolutamente tangible para ella.

Como toda niña pequeña mira a su madre con admiración, con amor, como una diosa que es su referencia y ejemplo a seguir. Así que la primera vez que vio que su madre llevaba las uñas de rojo la miró con cara de asombro y dijo: ¡yo también quiero! Con absoluta inocencia. Pasó un tiempo hasta que su madre decidiera dejarle pintarse. ¡Y ella lo disfrutó tanto! Un juego la mar de divertido y colorido. Luego fueron los labios… Para ella todo era un juego de rol, imitación, diversión inocente. Pero, ¿para los demás?

Resulta que cada vez que alguien la veía en la calle, en el supermercado, o donde fuera, con las uñas o los labios pintados le decía: ¡ay que guapa estás con esas uñas pintadas!¡ay esta niña que guapa está con esos morros de rosa!¡pero bueno, que guapísima estás con ese vestido! Y así, muchas veces. Las suficientes para que intentando demostrarle simpatía o cariño ella asumiera que para ESTAR guapa hay que hacer eso.

Nadie la llama fea por no pintarse, claro, pero tampoco suelen decirle “ERES PRECIOSA” por ser tu misma. Tienes un pelo maravilloso y dorado como los rayos de sol. Qué sonrisa tan bonita tienes. No, la sociedad hace visible en una niña de 3 años una belleza superflua que se convierte en un ESTADO, por el hecho de llevar encima algo que no le pertenece a sí misma, una prenda de ropa, maquillaje, o lo que sea. No pasaría nada si solo quedase en ese juego inocente de imitación, pero poco a poco esos mensajes calan. Están ahí.

Sin duda será fundamental el ejemplo que reciba de su madre, de su entorno más cercano. Pero lo que reciba del mundo también dejará una huella. Acompañar a las niñas en su educación en la igualdad de género, en la valoración de sí misma y sus capacidades, en el amor por su cuerpo, es fundamental. No dejemos que para ellas la belleza se convierta en ESTAR guapas dependiendo de algo externo. Hagámosles sentir que SON bellas por naturaleza propia, por ser ellas mismas.

Que se maquillen si quieren, porque les guste, porque les haga sentir bien a ellas, porque son libres de hacerlo, no para gustar a nadie más. Porque sabrán que también puedes ir en chandal y a cara lavada y su hermosura les seguirá acompañando, porque la llevan profundo en su alma.

Noelia Rodríguez Izquierdo es formadora oficial de La Pedagogía Blanca, asesora de lactancia y responsable de Espiral CRIAME..

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