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Eso que sientes es miedo

mujer llorando

MARTA CORRAL | O falar non ten cancelas | Sábado 24 noviembre 2018 | 21:11

«No se puede vivir con miedo. En este país hay mucha gente que vive con miedo. […] Hay que sacudirse el miedo. La vida es como los perros, si te huelen el miedo se te tiran a morder». Esta valiosa lección de Antonio, el protagonista de Vivir es fácil con los ojos cerrados al que interpretó Javier Cámara, nos recuerda que la felicidad está al fondo y a ambos lados de un camino lleno de escollos que nos aterran hasta que logramos superarlos, plantarles cara.

Cuando éramos niños y teníamos una pesadilla saltábamos de la cama y corríamos a la habitación de nuestros padres. Una caricia, dos frases hiladas desde el cariño, algún hueco en el colchón y ya nos encontrábamos a salvo de todo. En un entorno seguro donde nunca hacía frío. Cuando llegamos a adultos seguimos buscando esa misma seguridad aunque adopte otras formas. Los amigos, las parejas, personas que nos den un beso en la frente y maten monstruos por nosotros. Pero el miedo se camufla para que no le llamemos por su nombre, para que no lo veamos y no podamos combatirlo.

Cuando crecemos es muy difícil saber que eso que sentimos es miedo. Y nos acostumbramos a levantarnos con él cada día, a salir a la calle y que sea nuestra sombra, a bailar cogidos de su cuello. Estamos convencidos de que es el precio que hay que pagar por haber dejado de ser niños, pero os diré una cosa: eso no es verdad. Desde fuera, las mujeres que sufren maltrato a manos de sus parejas nos parecen débiles, no entendemos por qué no los dejan de una vez y aguantan lo indecible. Ellas también son culpables de sus moratones, los de la cara y los del alma. ¿De verdad?

Lo que no se entiende es que sus heridas se han cocinado a un fuego tan lento que ni ellas mismas son conscientes de lo mucho que han cedido, de la espiral en la que están atrapadas. Es tremendamente difícil darse cuenta de que esa persona que tendría que proporcionarte un lugar seguro, un hueco caliente entre las sábanas y un beso en la frente es, en realidad, tu propio monstruo. Uno que solo vas a vencer cuando sepas que lo único que te da es miedo y necesitas a los otros para despertar de tu pesadilla.

Se llama miedo a la presión que sientes en la boca del estómago desde que te levantas. A las prisas con las que lidias a diario para complacerlo. Al esfuerzo que pones para que haya algo de lo que hagas que le guste. El sonido de las llaves en la cerradura que te hace dar un respingo es miedo. El agotamiento que te hace dormitar para no pensar es miedo. La angustia cuando llega borracho a las seis de la mañana y tú estás en la cama pero sabes que algo malo habrás hecho, es miedo.

El silencio para castigarte es miedo. Cuando no te paras con nadie a hablar por la calle para no pasar vergüenza es miedo. Cuando dejas de quedar con tus amigos para que no haya una bronca camuflada con otros argumentos es miedo. Cuando engordas 10 kilos y renuncias a verte atractiva es miedo. Cuando no quieres acostarte nunca con tu pareja y no sabes por qué, también es miedo. Cuando ves una llamada perdida suya de hace cinco minutos y corres a devolvérsela angustiada. Cuando no eres capaz de expresarte en la enésima discusión y acabas sacando una violencia que nunca reconocerías en ti.

El miedo es eso que te empuja a agarrarte la cara mientras lloras. A clavarte las uñas en la sien. A que no te salgan las palabras y pienses que ojalá estuviera tu madre aquí contigo para decirte qué hacer. El miedo está detrás de los «es lo que me ha tocado», de los «me compensa», de los «seguro que va a cambiar», de los «qué haría yo sin él». Porque el miedo paraliza de tal manera que te convence de que lo necesitas para vivir y no lo necesitas. Y no necesitas a nadie porque eres una mujer maravillosa y somos muchas, muchos, las que vamos a estar a tu lado.

Da igual que no trabajes, que dependas económicamente de él. Hay casas de acogida para que vivas tú y tus hijos. Hay pensiones, hay inserción laboral para víctimas. Hay abogadas y abogados, hay psicólogos, hay otras mujeres víctimas que han salido del infierno en el que estás tú y quieren ayudarte. Ya sé que lo más probable es que te sientas sola. Que, a lo mejor, el aislamiento al que te ha sometido te ha alejado de tu familia y de tus amigos. Pero ellos van a creerte cuando se lo cuentes y van a estar ahí para darte la mano, para refugiarte. Y, si no, estamos nosotras, hermana.

El día que te sorprendas a ti misma sin querer volver a casa porque sabes que va a pasar algo, sabrás que lo que tienes es miedo. Y el miedo hay que sacudírselo cuanto antes. Que no te dé vergüenza pedir ayuda. Que tú eres la víctima y que esto, por desgracia, le pasa a todo tipo de mujeres. Que no eres tonta. Que no tienes la culpa. Que tú no has hecho nada. Que todavía tienes tiempo para ser feliz, y que te lo mereces más que nadie. Tú solo coge la puerta y vuela. Antes de lo que te imaginas volverás a escuchar a las gaviotas y a andar por la vida con la mirada alegre y la cabeza alta. Y todos nos giraremos para aplaudirte porque el sueño malo ya habrá terminado y ahora eres libre.

**El 016 es el teléfono destinado a proteger a las víctimas del maltrato y proporcionarles un entorno seguro. No deja huella en la factura y nadie sabrá que has llamado. En nuestras comarcas Almat (este es el enlace a su página de Facebook) presta apoyo en el teléfono 607 60 34 42. La Casa da Muller de Ferrol y la Casa de Acollida también son lugares de referencia.

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