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Estaca de Bares, los restos de cuando fuimos yanquis

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Mañón | Lunes 22 enero 2018 | 18:40

Varios carteles indicativos se agolpan en el estrecho cruce de caminos entre Vila y Porto de Bares. El descenso al hermoso enclave marinero esperará unos minutos; para empezar, ascenso al punto más septentrional de todo el territorio peninsular. El norte del norte, otro fin del mundo.

Una carretera en perfectas condiciones, aunque de ancho limitado, con naturaleza en estado salvaje en sus dos márgenes. Tan brava que el mar asoma sin que se le convoque y muestra oleaje de película. Formas de ensueño, alturas de vértigo y una paleta de colores de pinacoteca afamada. Viaje muy breve, enseguida aparece otra intersección.

Las guías convencionales nos incitarían a acabar la senda, en línea recta. Sin embargo, giramos a la derecha y nos sumergimos en un amplísimo territorio carente de construcción alguna. En realidad, solamente una. Si no fuese por el inigualable verde gallego, estaría en mitad de un páramo gris y de rostro lunar.

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Aunque no merezca grandes portadas, aquí yacen los restos de la gloria yanqui. En un lugar perdido y casi ignoto; pese a ello, otros dos vehículos irrumpen entre el silencio sepulcral durante nuestra estancia. Languidece la base que Estados Unidos dispuso junto a Estaca de Bares, sendos barracones de interminable trayecto.

Entre paredes que se ciñen y vuelven a expandirse, habitaciones de diferentes proporciones y pasillos que desembocan en una escalera como hito central. La vegetación se adueña paulatinamente de la vasta parcela, enfangada en un proceso administrativo que no merece atención política más allá del municipio de Mañón.

Eso sí, quien más lesivo ha resultado para el histórico legado ha sido el efecto estrictamente humano. El vandalismo que ha convertido en lienzos de dudoso gusto sus paneles, con pintadas alejadas de la originalidad y dibujos básicos que no buscan mucho más que el deterioro gratuito.

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Esa misma acción ha llevado a que se arrancasen de cuajo elementos esenciales de la construcción, muy avanzada en calidades en su momento. Nada nuevo, en todo caso. La estampa paulatinamente agrandada con el transcurrir de estos últimos años y la falta de medidas paliativas. La cura para una herida lenta, pero que no perdona.

Esquivando restos de colchones o cristales al pisar, la senda concluye en el costado del recinto, ya completamente al aire libre. A un lado, la estación ornitológica; más arriba, el emblemático faro de Estaca de Bares. Enfrente, el mismo mar que suele marcar las olas más altas de España.

La zona sur del complejo, tan degradada como la restante, pero más reducida y aparentemente más despejada de residuos. Dejando al margen su propia acumulación, no se observan pruebas que inviten al peligro. Componentes que vayan a precipitarse, por ejemplo. Por ahora.

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Antigua base militar de Estaca de Bares, en Mañón (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Todo ello, en un contorno protegido medioambientalmente por motivos obvios y con ingredientes suficientes como para invocar a lo paranormal. El interior de los inmuebles ayuda. Miles de aves atraviesan la punta de la piel de toro cada año, pero hablar de tranquilidad supone quedarse corto.

Y en régimen de puertas abiertas, ya que los bloques que en su día quisieron recordar que esta era una propiedad militar han quedado de invitados invisibles. Más de 65.000 metros cuadrados que, sin éxito, quiso vender Defensa; la idea de recuperarlos como albergue gracias a una propuesta de la Universidade de Santiago de Compostela, arrumbada en un cajón. A la fuerza.

El Concello quiere devolverle la vida a la base Loran, una modalidad de navegación electrónica por radio de largo alcance. Operativa desde 1961, tenía sendos enlaces con su sistema en Gales y Francia. Sus escombros han ocultado cualquier posibilidad de recordar la gloria pasada.


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EstacaBares

(Fotos: Mero Barral© / 13fotos – 2018. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.)

La de las fiestas, con asistentes de puntos lejanos, o sesiones de cine; la del esplendor de un rincón del mapa pleno de belleza y exento de jaleo. Porque su presencia fue determinante para la economía y el movimiento social en la zona. Ni rastro de azulejos, parqué, baños o sus grandes almacenes de alimentos. Poco más que la chimenea.

Sí subsisten las leyendas, como aquella que sostenía la existencia de armamento en abundancia o túneles secretos. Lujo americano en épocas de Guerra Fría con aliño del norte gallego. Desde 1991, el declive; en 2018, poca esperanza de pronta solución.

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