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Ferrol con leche

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Martes 18 marzo 2014 | 16:46

Llegó el chico de los rizos de oro, el triunfito que vino del desierto de Tabernas, y nos trastocó la agenda. Acostumbrados a especular hasta el último día con los platos fuertes, nos vemos a cuatro meses vista con el concierto del verano ya confirmado. Ni redes sociales chivatas ni empresas polémicas: papeles encima de la mesa. David Bisbal celebrará el puente del Apóstol en A Malata, lo cual tiene mucha miga.

Sacamos pecho en tiempos de dificultades y exhibimos poderío con el artista, agárrense, que más discos ha vendido en este país en la última década. Ferrolanos en la sangre, el tema no deja a nadie indiferente y corre como la pólvora de barra en barra. Porque si la plaza de España genera cismas, imaginen un recital verbenero. Con sus múltiples aristas, sobresale siempre una grande: nunca nos gusta lo que se nos ofrece.

Porque no tiene que satisfacer una Bulería cualquiera el apetito de todos, pero una cosa es eso y otra rajar sin piedad. Habrá personas que tengan ganas, otras que anhelen ver el balcón deportivo a la ría lleno hasta arriba. Que fluya el ambiente de optimismo en tiempos de tristeza, qué decir de los billetes bajo el rocío veraniego.

Ahora bien, tampoco descuidemos que, casi de inmediato, salió a relucir el detalle deportivo. Evitemos un patatal en el año que el Racing busca la segunda carambola, el Gordo de Navidad a golpe de primavera rozando el estío.

Este es nuestro genio, este es nuestro impulso vital. Si los Rolling pudieron con las porterías y el césped del Calderón, si Bruce hizo que un servidor se mojase en el barro compostelano… vale, las comparaciones son odiosas. Pues, sinceramente, cambiar el café hirviendo del ambigú de A Malata por algo refrescante me seduce. Aunque haya que rezar un Ave María.

De todas las castas, las mejores galas se quedarán cortas y brotarán mechas, faldas muy cortas y camisetas apretadas para ellos. Añadan el bronceado de Doniños, Dios mediante. Las dos Españas en una tableta chocolatada: unos preguntan por las entradas, non vaia ser o demo; otros claman para que lluevan Rosendos de otras vacaciones.

Mientras, la cultura tradicional encuentra alojamiento de lujo al pie de Caranza. La misma ensenada en la que la marea baja no sabe esconderse y queda delatada por efluvios que son malos compañeros. Palabras al aire, sueños colectivos para los conselleiros que inauguraron el sábado el flamante auditorio. El de los 16 millones, el de la década en obras, el de las casi 900 butacas.

Casi una hora después que la prensa, entra el pueblo Pepito. Al más puro estilo 7 de enero, la laca y pequeñas cantidades de naftalina invaden el ambiente. Abrigos, calor y prisas. Las rebajas se han adelantado, hombres y mujeres preguntan al primero que se asoma que dónde está su butaca. Fila 2, me dice; (casi) delante de todo, le digo. Lógica pura. Yo, que soy de letras. Puras.

Señoras que… piden silencio. Una rondalla en semejante escenario no se escucha todos los días. Acontecimiento interplanetario, sentenció aquella ministra. Dame instrumentos tradicionales, que ya te devolveré un Lloraré las penas. Poseídos por la solemnidad de la cita, se oye que si un grupo nacional va a llenar ese auditorio.

Ahora que los conciertos intimistas del Jofre están llamados a mudarse allí, al más difícil todavía de ocupar el doble de asientos. ¿Lo logrará Ainhoa Arteta? ¿Qué más se puede pedir en una misma semana? En una misma mañana, diría. Fila de autoridades en un recibidor que evoca a la infinita T-4, besamanos vicepresidencial antes de destapar la enésima placa oficial.

Las rondallas, cómo no. Las que por la tarde se volvieron a citar en Armas, apresuradas por tanto compromiso social. Oh, Romeo, deja que cante a la bella Pepita bajo su ventanal. Mero aprendiz, ojalá de Bazán.

Porque, amantes de lo retorcido y de los contrastes, el naval atravesó As Pías dando vueltas por A Gándara. El termómetro quería imitar a agosto y nos despertó las primeras gotas de sudor espalda abajo. Un puente a nuestros pies, kilómetros de pensamientos y demandas a las que nadie debe renunciar.

La grúa pórtico obsequia con la estampa de la tranquilidad, la pasividad ante su futuro inquieto. La caña de pescar desde la acera al paso rápido de la marcha, la luz del atardecer temprano que entra por cualquier ventana. Fene como destino y punto de inicio de lo que queremos.

Aquí todos quieren mojar. Seis goles en A Malata, acaso allanando el camino a Bisbal para lograr una entrada tan histórica como la que soñamos para el play off. Y mojaron casi todos, de hecho.

No falló Barreiro, Pablo Rey se reivindicó como nunca, Dani Rodríguez pudo desquitarse y Marcos Álvarez trajo del norte la fuerza que a veces no sabe contener. El café con leche que es Ferrol a veces te lo sirven solo, no siempre está a gusto del consumidor.

Nos merecemos otros mandatarios, un nuevo reparto de prioridades. Menos conachos y rebajados, más camas rebatibles en las que descansar porque haya trabajo. Olvidar que somos esos mismos que consentimos que se lamine la Fábrica de Lápices. Bajar a Ferrol -apto para gente de barrio- sin manis, niki o verdugo que opriman el ingenio.

La alternativa a que los pelones se hagan los de Covas y la pava se deje para suplicar la última calada. Tacunatá, el resistente Pichi con sus galones y cualquier filusmías que asiste al espectáculo. El privilegiado trío de los Nores. Vaya trovas, mejor iré al peluquero.

“(Así nunca) llegamos a ricos”. Personajes y pequeñas tradiciones hurtadas al calendario regular. Dejarse ver por el Cantón de las Delicias y la Alameda; de Teva y Oslo al Beirut, el Patterson y los bancos de piedra de Moeche.

Por la milla de oro, de Armas a Amboage. En el Vanellus, el primer pub de todo Ferrol, reconvertido luego en cueva de trasnochadores. Entre la muchedumbre y los coches atascando la llegada al Manuel Rivera los domingos de partido tempranero. Al son de Pan Piana y la Tuna.

Bisbal, este lunes en Callao. Callao de Madrid, no la plaza de los baches. Ay, Ferrol. Sin el "El", David.

Bisbal, este lunes en Callao. Callao de Madrid, no el de Ferrol. Sin el “El”, David.

No me conformo y quiero que me hablen del Ferrol que tuvo plaza de toros portátil en Recimil. Como para imaginarlo. Subirse al 1-2 en un ejercicio de resistencia ante los baches. Sí, ya los había, ahora que disfrutamos tanto rajando sobre ellos.

El aspecto señorial de Capitanía, las sombras de los árboles de Herrera y las vistas desde el Parador hacen pensar en lo mejor de lo vivido y en lo excelente de lo que se está viviendo. Brindo con un vaso de gaseosa de Los 15 Hermanos; al caer el sol, desde el baluarte de Canido. Las bodas de La Torilla; los restos del tranvía en Rubalcava y ahora en Iglesia, años después.

Los veranos en A Frouxeira y el ferrolanismo anclado en buenos tiempos que pervive en A Graña. Real villa, zona urbana en mitad del tránsito al rural. Ante la mirada ojival de San Felipe, los paisajes desde Monteventoso y la mili que nutría de foráneos para avivar el intercambio de culturas secular.

Fueron Los Corales antes que Froiz, calle Muralla antes que avenida do Rei. El mar abría San Xurxo y era noticia; ahora desnuda con piedras Ponzos y todo se hace pequeño. Capital de la Zona Marítima del Cantábrico, pequeños relojes y campanas junto a la Fuente de la Fama. Luces de coche en la subida a Chamorro, toda la comarca desde Ancos.

De oscura escalera del Gobierno Militar a brillante recinto cultural en la plaza de la Constitución, con Chirino y Els Joglars alumbrando una nueva criatura. Hubo un tiempo en el que la calle del Sol se llamó General Aranda; no hace tanto, la pequeña Gravina también se llamaba Dolores. Real fue General Franco, claro.

Todavía recuerdo que Magdalena se siguió llamando Canalejas entre la gente por bastante tiempo, como Coruña sigue siendo la de los Muertos para otros tantos. Y la Concepción Arenal quizás nunca deje de ser Hospital.

La plaza de Armas fue la del Marqués de Alborán; el sol disipa las nieblas y alumbra las caras tras el invierno en Irmandiños, Circunvalación para no pocos. Ultramar eran huertas, hijo mío.

Somos tan inteligentes que alargamos las vacaciones. Las de Navidad con un San Julián, que ahora sí es día de inicio de rebajas; las de Semana Santa, ya de por sí grandes en Ferrol, con un resacoso día de Chamorro. Ahora en todas las ciudades son días libres en los colegios, copiones.

No solo Madrid es nuestra segunda casa, hay ferrolanos en cualquier rincón del globo. Pero solo aquí te perseguirá cierta mujer pidiendo una moneda para las máquinas recreativas, pediste bollería en el Ideal Petit y saludarás a alguien cada dos metros. Quién no ha temido por su futuro por bañarse en la playa de Caranza, ese barrio al que tanto le costó quitarse la etiqueta de peligroso. Cuántos tópicos.

Fanáticos del paipo, eternos disconformes con todo lo que se organiza o festeja y nacionalistas por ver a quién pertenece Alcampo. Sandalias con demasiada arena en una terraza al cotizadísimo sol de estos tiempos en el puerto que quiere brillar.

¿Qué nos gusta? Los pinchos de La Sidrería al atardecer frente a la cocina innovadora, la vida no humana que habita en el paseo de A Malata, la desaparecida piscina de la Feria de Muestras. Partirse la goma cuando evocas a adolescentes con ropa de invierno en verano y viceversa.

Pensar que llegará el día en que tendremos una fuente en condiciones para celebrar nuevos éxitos deportivos, un McDonald´s en la calle Real y que nacerá el carril para runners sustituyendo al de las bicis.

Me considero ferrolanísimo por los cuatro costados, pero tengo defectos. No aplaudo el pan reseso, soy más de barra fresca. Pequeños fallos, nada más. Pero, oye, me he pringado como cualquiera con las patatas de La Bola de Oro, esperé pese al calor para comprar los libros con sus forros de regalo en La Papelera Ferrolana y no grité pese al atasco de Montecoruto.

No duele el choque del amado barco contra As Pías. Cada vez más capuchones con perrera, pero no se ve gracias a la vistosa prenda. Todo puede quedar oculto, hasta las más salvajes caralladas y las carreras a todo filispín tras hacer gasolina. No es necesario el coche de línea ni coger novia, a solas es posible. Incluso estando arruchi.

Los goles llegan gracias a los buenos trallazos. Y si al artífice le va mal, a la Residencia. Si las olas de Outeiro lo tumban, a la caseta. Permiso para no pasar el brus ni echar el polvo. Ferrolanismo de queiques y picaderos. Venga, sonríe. Si está de moda el selfie, habrá que pasar por el aro. Que nos quiten lo bailado. Ya habrá tiempo para seguir pintando la plaza de España.

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