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Goya, el comercio ferrolano que lleva medio siglo reinventándose en la ciudad

Laura y su madre, Maribel, en el interior de Goya (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | Ferrol | Sábado 4 junio 2022 | 13:05

Los abuelos maternos de Laura Moreira Castro se establecieron en Ferrol para ser los pioneros de una familia de emprendedores que ha ido cultivando esa valentía y ese mismo amor por el terruño en las siguientes generaciones a pesar del envite de las crisis que la ciudad soporta desde hace décadas. Quizás cualquier otra persona hubiese renunciado a heredar Goya, el negocio materno, en plena pandemia; pero la estirpe de los Castro es de naturaleza perseverante y optimista como pocas.

Maribel Castro, la madre de Laura, abrió las puertas del establecimiento situado en la calle María 80 ―detrás del ayuntamiento― en 1973 y, a punto de hacer 50 años, es uno de los comercios en activo más antiguos de Ferrol. Sin embargo, Goya no siempre fue una tienda de moda y complementos, sino que se fue adaptando con el paso de los años a la demanda de ferrolanos y ferrolanas, y también a las necesidades de conciliación de la propietaria.

«Cuando abrí éramos un espacio dedicado a la droguería y la perfumería, con un gabinete de estética detrás: un salón de belleza con infrarrojos, ozono… Todos los aparatos más modernos de la época. Después tuve a los tres hijos muy seguidos y había que decidirse entre una cosa y otra, así que renuncié a la estética y me centré en la perfumería», explica Maribel, recordando que el gabinete de Goya pasó entonces a ser la sala de juegos y de estudio de sus hijos y años después también la de sus nietos.

Con la apertura de Simago, que tenía una zona de perfumería con precios más bajos contra los que no se podía competir, Maribel decidió centrarse en los regalos: «Fue la época en la que más vendía porque la clientela sabía que iba a encontrar aquí algo diferente. Esa siempre fue nuestra máxima, diferenciarnos, traer cosas distintas». Años después, con la llegada de Pórtico Básico, Goya tuvo que volver a reinventarse y fue entonces cuando se centró en la bisutería, los complementos y la moda.

«Renovarse o morir», dicen Maribel y Laura al unísono, reconociendo la primera que a ella los cambios nunca le han dado miedo porque «vas viendo hacia dónde puedes tirar, lo que se lleva… Y empiezas poco a poco, con dos cosas, para probar. No es vaciar el comercio y empezar de nuevo cada vez». Su hija cogió el testigo de Goya en septiembre de 2021 y casi un año después ya es el referente en la comarca de las marcas españolas más televisivas. ¿Qué opina su madre de la evolución?

«Me encanta, pero es muy distinto. Es para gente más joven y también la forma de vender ha cambiado. La tendencia de que la gente pasee por aquí bajó mucho y Laura se tiene que mover por las redes sociales porque, si no, aquí te mueres», observa Maribel antes de continuar: «Goya es un comercio de resistencia, aguantamos como lobas». Ella rompió aguas de su hija pequeña en el escaparate y nos dice, inocente, que «esto no lo pongáis», obviando que la coprotagonista del asunto, la actriz Cristina Moreira, lo ha contado mil veces en entrevistas y monólogos como solo ella sabe hacerlo.

«Yo también rompí aguas aquí de mi hijo mayor, que va a hacer 20 años», siguió entre risas Laura, que empezó a ayudar a su madre con el comercio a los 15 años durante las épocas de más trabajo, como la Navidad: «Me crié aquí y aquí ayudé desde adolescente, compaginándolo con mi carrera de Podología y otros empleos. Aquí jugábamos con los niños de al lado, íbamos a la plaza de Armas… Era así. Ahora, a mi hijo pequeño también lo tengo en el gabinete. Es algo generacional», concluye.

A Laura sí le dio miedo hacerse cargo de Goya «porque, además, con lo del Covid, las crisis… No sabes cómo va a responder la gente ni nada». Sin embargo, por ahora el balance confirma que es bueno, sobre todo por las mañanas entre semana, cuando más gente la visita: «He metido muchas marcas nuevas, únicas en Ferrol, pero también mantengo las mismas que mi madre para que haya oferta para todas las edades y los gustos. Ahora, además, he adelantado las rebajas y tenemos muy buenos descuentos».

El interior del comercio está abarrotado de género y una de sus peculiaridades es que cambia más de una vez al mes las colecciones porque Laura está atenta a las novedades mensuales de las marcas yendo a los showrooms: «Salvo una francesa, todas son firmas españolas e incluso tengo algunas gallegas también. Soy consciente de que a la gente hay que darle tiempo para que las conozca y sepa lo que vendo».

Marcas como Morgan, Kling, Lolina, Smile, Pipa Paper o With Love Enredos son algunas de las referencias que podemos encontrar en Goya junto a la ropa y complementos que ya trabajaba Maribel: «Las clientas de siempre de mi madre siguen viniendo aunque alguna, al principio, estuviera reticente porque ven un cambio muy grande y es lógico. Pero también las compañías de antes se renuevan y van con las modas», explica Laura, animando a las mujeres de todas las edades a pasarse por su tienda.

Además del muestrario físico, Goya también cuenta con Instagram y Facebook, además de una página web en la que vende para toda España. Aunque Laura reconozca que el tema de las redes le da un poco de «pereza» sabe que es vital hoy en día para salir adelante en cualquier negocio, así que poco a poco se ha ido convirtiendo en la reina de los reels. Destaca también, como un punto positivo, la dinamización que se hace, por ejemplo, con la Fashion Night, que ha sido muy positiva para ella.

Les pregunto a los dos para finalizar cómo ven el futuro de los negocios de Ferrol y no son optimistas a pesar de que su apuesta dice lo contrario. Maribel y su padre, que aun vive con 99 años y sigue pendiente de todo haciendo gala de una gran retranca, tienen bajos alquilados a precios razonables a jóvenes emprendedores, conscientes de que la ciudad no está para seguir pidiendo por los locales lo que se cobraba en el pasado y prefieren verlos ocupados, con vida y generando oportunidades a personas que empiezan.

Además, ambas coinciden que se necesita una mayor implicación por parte del Concello a la hora de programar actividades que atraigan a gente y un cambio de mentalidad: «Muchas veces me encuentro a gente vestida con ropa que vendo aquí y solo yo vendo en Ferrol, pero no la han comprado en mi comercio a pesar de que tengo unos precios muy competitivos. Se han ido fuera. Así no se puede mantener los comercios abiertos. Y son los negocios en los bajos comerciales los que dan vida a las calles, además de la hostelería». Sin duda, que exista comercio local y vidilla en los barrios depende en parte de nuestro compromiso.

Un comentario

  1. Una tienda de toda la vida.. Laura tiene unas prendas preciosas, todo bastante diferente a lo que se ve en grandes superficies. Estilazo y supertrabajadora.
    Mucha suerte!

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