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Huir no te ayudará

ALEXANDRE LAMAS (Psicólogo) | “Esa cabeciña…” | Lunes 10 octubre 2016 | 9:33

«Mi mente es la llave que me libera». Harry Houdini.

Huir no te ayudará. Encerrarte en tu habitación, echar el cerrojo, temblar bajo las sábanas como un niño atemorizado por un monstruo, no va a servir de nada. El miedo llega a todas partes y también allí te alcanzará.

He conocido muchos miedos, los míos y los de muchos hombres y muchas mujeres. He conocido el miedo al que dirán, ese miedo a parecer raro, a hacer cosas que otros no hacen, a las miradas de reojo, a las risitas cuando pasas. El mismo miedo que te mantiene aburrido en casa preguntándote si la vida será solo esto.

He conocido muchos miedos, los míos que son los de muchos hombres y muchas mujeres. El miedo a ser un fraude, a no dar la talla, a ser mala madre o mal padre, a fallar -porque fallaremos-, a un futuro incierto, a que nos dejen y a que no nos dejen nunca. Como si hubiese algún riesgo en ir a tomar un café con alguien.

Todos nuestros miedos los compartimos con mucha gente: a las arañas; a los aviones -o más bien a que los aviones se caigan-; a comer en público; al sexo; a los botones -sí, sí, a los botones-; a volverse loco y a estar loco; a no caer bien; a estar solo; a pedir nuestros días libres en el chollo; a que el chollo se vaya a pique y a tener demasiado chollo; a contagiarnos; a ser asesinados; a que nos roben el reloj -así que mejor lo dejamos en casa-; a decir algo inapropiado, o a no decir nada y ser unos marginados; etcétera.

Lo dijeron en Blade Runner: «Vivir siempre con miedo es ser un esclavo». Y si lo dijeron en Blade Runner tiene que ser cierto.

Cuando huimos de aquello que nos da miedo, de alguna manera lo alimentamos, lo hacemos crecer y hacerse más fuerte. Como si le diésemos una galleta a nuestro perro cada vez que nos muerde, ese momentáneo alivio al escapar, nos hace creer que escapar es lo bueno. Si lo dejas crecer el miedo lo llenará todo, como un gas venenoso o una mala hierba.

Nuestro objetivo no puede ser evitar lo que nos da miedo, porque el miedo siempre encontrará un nuevo ruido. Al final tendremos miedo de resbalar en la bañera o de que nuestro corazón se acelere demasiado. Nuestro enemigo es el propio miedo. No el miedo a una pistola o a un tigre, esos miedos nos mantienen con vida, nuestro enemigo es el miedo a caminar sin ir a ningún sitio, o a estallar en carcajadas en una calle transitada, o a llevar sombrero, o a dar una caricia inesperada.

Decía Hitchcock, que de esto sabía más que nadie, que da más miedo una puerta cerrada que cualquier cosa que haya detrás. Hitchcock tenía razón, pero para descubrirlo hay que abrir la puerta. Hay que abrir esa puerta muchas veces. Algunos tenemos que abrir esa puerta una y otra vez hasta caer agotados.

Solo así el perro del miedo aprenderá a no mordernos.

Alexandre Lamas es psicólogo y ejerce profesionalmente en Ferrol, para más información podéis visitar su página web en este enlace.

2 comentarios

  1. Brillante Artículo

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