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La jaula de grillos de A Malata

Isidro Silveira Rey y Miguel Ángel Tena, en la presentación del entrenador del Racing (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Isidro Silveira Rey y Miguel Ángel Tena, en la presentación del entrenador del Racing (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

RAÚL SALGADO | Ferrol | Martes 8 noviembre 2016 | 17:04

La rueda de prensa del domingo en A Malata ha causado conmoción en mentideros deportivos, de aficionados o mediáticos. No lo digo yo, es una evidencia. De caras de asombro a abiertas censuras con micrófonos encendidos, los mismos que el entrenador del Racing empleó en esa comparecencia para asegurar en público que su plantilla no está capacitada para optar al ascenso.

Justo lo contrario a lo que se ha prometido desde el inicio de la temporada. En discursos posteriores, el técnico no se ha echado atrás. Ha venido a decir que no hablaba en caliente, pero son muchos los que creemos que minusvalorar a tus subordinados ante la audiencia no parece la mejor técnica de psicología.

No sé cómo iría yo al trabajo a la mañana siguiente si mi jefe me acaba de poner a los pies de los caballos. Ahora bien, es muy legítimo rectificar sobre la marcha y sostener que, visto lo visto, hay que luchar por la permanencia. Muy bien. El sobado partido a partido, en definitiva. Pero, claro, una vez más falla la política de comunicación.

Eso se suelta sin contar lo que hay entre esa afirmación y la previa, de no hace tantas semanas, en la que se esgrime su antítesis. Por cierto, aprovechando un particular vacío de poder porque la cara visible del club no vio desde la grada el partido de este fin de semana. En ausencia de líderes, se retorna al primer pasaje y se deslizan nuevas críticas sobre la planificación estival.

Parece que no han sido suficientes. Insinuar que se ha dicho al vestuario, el que visitó el consejero delegado tras la anterior derrota en A Malata, que están por debajo de lo deseable… y contarlo luego con las puertas abiertas. Aquello de los trapos sucios, que hay que lavarlos en casa. Porque, cuando se abre la puerta, se corren riesgos.

De convertir en espectáculo bajo el foco la actividad cotidiana de un plantel. Y dar a entender, incluso, que a lo mejor ni contratando en invierno se calman las aguas. Vamos, el último que apague la luz, falta decir. Y, otra vez, que gente que ya no está en la casa marcó retos irreales. Los que se asumen en esa misma sala junto al líder del equipo el día del fichaje.

Hay menos empleados que por entonces, ya no está el director deportivo, pero sigue existiendo una jaula de grillos en A Malata, en la que lejos de un discurso coral hay varias voces que emiten mensajes diferentes. Lo cual deriva en lío. En confusión. Qué decir de quienes sentenciaron ante las consultas del preparador, que ha citado entre ellos a jugadores, que se iba a comer un marrón.

Estupendo. Viejos errores. Fallos ya conocidos, como contratar a futbolistas que no pueden dar todo lo que se necesita -ahí me quedo-, criticar a los medios y luego sostenerse en ellos para erigirse en portavoces -del mismo discurso del entrenador- y señalar a algunos miembros de la plantilla, no necesariamente a los que cabría esperar.

Era previsible que los malos resultados generen calentones. Y que, aun en frío, la racha provoque que el ventilador circule cada vez con más rapidez, pero así no sé qué inversor va a tomarse en serio tirar de chequera. Hay alguno, ojo, dispuesto a ello. Ahora sí. Eso sí, ni hay director deportivo -ni va a ser el que se filtra con intención- ni refuerzos con nombre concreto a lo lejos.

Hay ideas de bombero y otras que vienen envenenadas de serie. De las que se sabe mucho antes, como las parejas peligrosas, que te van a quemar en el fuego, pero a las que te atreves por ceguera. Luego se nos pide que rememos y se lanzan proclamas a quienes osan discrepar desde ciertos medios de comunicación, pero el trofeo siempre se lo llevan los mismos.

En un marasmo de indefiniciones, en todo caso. Este año, entre varios inquilinos del estadio, se ha logrado que la prensa esté incómoda. Con muchas cosas. Hacía tiempo que eso no ocurría. Hablan muchos, pero quien tendría que hablar no lo hace.

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