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La lluvia agua pero da épica a la fiesta de Valdoaventura

JOSÉ MARÍN AMENEIROS | Lunes 7 julio 2014 | 20:00

La feria de turismo activo y aventura de Valdoviño, Valdoaventura, tocó ayer su fin. Ha sido un fin de semana intenso, plagado de actividades, público e inesperada lluvia, que coloca al municipio en el mapa gallego como potenciador de sus atractivos turísticos. Los conciertos de Santiago Campillo & The Electric Band y Delocos, una concurridísima tirolina o los diversos talleres infantiles fueron de lo más destacado en el paseo da Lagoa, en A Frouxeira. Al final, desde la organización calculan que unas 5.000 personas pudieron pasarse por el evento sólo durante la soleada tarde del domingo.

Manuel Bacorelle, concejal de Promoción Económica de Valdoviño, es uno de los grandes promotores de Valdoaventura. El edil, tras el término de la feria, quiere ser realista. «Lo cierto es que el evento ha ido sólo regular, el sábado la lluvia nos hundió en la miseria», reconoce Bacorelle. Una indeseable tromba de agua que bañó la comarca el sábado por la noche impidió la celebración de los tres conciertos previstos, en lo que se anunciaba como una de las actividades estrella de Valdoaventura.

«Aún así, la valoración es positiva», dice Bacorelle, quien explica que varios concejales de otros concellos visitaron la feria el sábado y se llevaron muy buena impresión de cómo Valdoviño había organizado todo el evento. «Los objetivos se han conseguido, poner a Valdoviño en el mapa turístico y que los expositores hicieran contactos comerciales y con los clientes, como así ha sido», explica el edil valdoviñés.

Valdoaventura arrancó a mediodía del sábado, bajo unas amenazantes nubes que de momento no aguaron el pregón. El valdoviñés Javier Albes, campeón de Liga con el Cidade de Narón y recién fichado para entrenar al Azkar Lugo de Primera División de fútbol sala, fue el encargado del pitido inicial de la feria. «Convido a todos a que fagan deporte e ocio activo, é unha boa causa porque é saúde e benestar», pronunció Albes por el micrófono, ensalzando uno de los puntos fuertes de Valdoaventura, la promoción del deporte.

Mientras, la cuerda de la tirolina gemía periódicamente con cada valiente, en su inmensa mayoría críos, que se lanzaba por sus 130 metros de longitud. La lluvia hacía apariciones esporádicas desde un cielo cárdeno, como en las películas de aventura, cuando en las batallas importantes las nubes ennegrecen para dar épica a la escena. Aún así, los cativos no se amedrentaban y se deslizaban una y otra vez por el acero, con las piernas bailando como el que se sienta en un banco y no le llegan los pies al suelo, bajo las solícitas atenciones de los voluntarios de la estructura.

La mañana continuó, con los hinchables agazapados aguardando a que escampara, con la actuación de Gemma Patiño, una cantante local. La chavala deleitó con una estupenda voz a la concurrencia, animada con las cuerdas de su guitarra, versionando canciones de lo más variopintas. Paralelamente, algunos pequeños empezaban a interesarse por los talleres, cuando tres niñas se dedicaban a amasar un futuro bizcocho en una de las carpas expositoras.

La tirolina y rocódromo de Valdoaventura, en Valdoviño.

La tirolina, estrella de Valdoaventura que no paró de recibir visitas en las 48 horas que duró la feria. (Foto: J. M. Ameneiros)

Niños tirando con arco en Valdoaventura, en el paseo da Lagoa en Valdoviño.

El tiro con arco fue sólo una de las numerosas opciones de diversión que los niños tenían en Valdoaventura. (Foto: J. M. Ameneiros)

«¿Quieres hacer un bollito?», le preguntaba una madre a su hija por si quería unirse. Ésta se negó, vergonzosa; al día siguiente por la tarde, con la confianza cogida, eran los rapaces los que tiraban de la mano de sus progenitores para inmiscuirse en cualquier actividad de todas las que tenían para elegir.

El orballo comenzó a amenizar la cercana hora de comer, con algunos lanzados bailando mojados al ritmo de la profesora de zumba en lo que el churrasco y los criollos sugestionaban con su olor a todo el público. Todo pintaba bien para una estupenda jornada de sábado hasta que, cuando el sol se escondió tras el faro de Meirás, la lluvia irrumpió en tromba para aplazar la fiesta nocturna al domingo.

Un domingo para el que, afortunadamente y tras agotarse las reservas acuíferas la noche anterior, brilló el astro rey en todo lo alto. Eso favoreció la proliferación de todo tipo de actividades: bailes de salón, el toro mecánico que comenzó a encabritarse, tiro con arco para los pequeños, los hinchables que por fin se hincharon, los expositores promocionando actividades como el surf –de la mano, por ejemplo, del Pantín Surf Camp-, kitesurf, windsurf, unas bicicletas con dopaje eléctrico gracias a un pequeño motorcito, en fin, un compendio de ocio y aventura con el que Valdoviño pretende exponer al mundo sus cualidades.

Cómo no, el churrasco seguía vendiéndose, mientras el buen tiempo se reflejaba en lo vacía que estaba la carpa cubierta donde comer, llenando por el contrario la terracita del chiringuito A Saíña. Paseos, globos y muchos críos poblaban el paseo de A Lagoa cuando, a la vez que los expositores comenzaban a zanjar su actividad, se iniciaron los sonidos de DelocosFaneca’s Band no pudo tocar por enfermedad de uno de sus miembros-. Sí, y la tirolina seguía funcionando, dibujando a los usuarios como apariciones fantasmagóricas fugaces tras la lona transparente del escenario. A él se subió poco después el conocido Santi Campillo para teñir de ritmo el ocaso de esta segunda edición de Valdoaventura.

Y así, con el sol descendiendo hacia el faro, también como el final de una película, culminó la feria de turismo activo y aventura de Valdoviño. Un evento que pretende consolidarse en el tiempo como método de promocionar los encantos del municipio. Tras hacer una valoración positiva y anunciar que, pese a la molesta e incontrolable lluvia, se han cumplido los objetivos, Manuel Bacorelle ya dice estar pensando, por si acaso, en el Valdoaventura del año que viene.

Actuación de Delocos en Valdoaventura, Valdoviño.

Delocos, en la imagen, puso el broche musical a Valdoaventura junto a la actuación del conocido Santiago Campillo y The Electric Band. (Foto: J. M. Ameneiros)

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