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La precariedad de las enfermeras eventuales del Sergas en Ferrol a seis voces

Rosalía, Sara, Nuria, Julio, Verónica y Jorge en la facultad de Enfermería de Ferrol (foto: Ferrol30)

MARTA CORRAL | Ferrol | Martes 11 febrero 2020 | 14:29

¿Cómo llevarías un trabajo en el que no sabes a qué hora entrarás mañana? Un empleo en el que no tienes vacaciones, donde una llamada en el último momento puede cambiarte la vida y los planes. Imagina tener que ducharte con un altavoz para poder oír el teléfono (que suena insistente a cualquier hora) y no tener derecho a una baja por maternidad, paternidad o enfermedad.

¿Cómo estarías de ánimo si, además de todo lo anterior, sabes que tardarás unos 12 años en conseguir una plaza fija y que tus superiores tienen vía libre para penalizarte? A las personas que hayan trabajado alguna vez a través de una empresa de trabajo temporal seguramente algunas de estas pésimas condiciones laborales les sonarán; pero ¿qué pasa cuando la ETT es la administración pública?

Las enfermeras eventuales del Sergas ya no se acuerdan de cómo eran sus vidas cuando la ansiedad todavía no se les había instalado en la boca del estómago. Estas profesionales denuncian que viven inmersas en la precariedad y el acoso laboral mientras se esfuerzan por mantenerse en pie para atender a los usuarios de los centros sanitarios de toda Galicia y hacerlo bien.

Guardaban silencio hasta hace pocos meses, cuando en la oposición de mayo de 2019 se dieron cuenta de que organizadas serían más fuertes. En ausencia de sindicatos que realmente representen sus intereses lanzaron la plataforma Enfermeras Eventuais en Loita y ahora trabajan en red unos diez grupos en todas las áreas sanitarias de Galicia.

En vísperas de una nueva movilización convocada para este miércoles, esta vez reivindicando a la compañeras que han tenido que emigrar a otros países por la inestabilidad laboral, hemos hablado largo y tendido con seis de ellas para tratar de comprender qué está pasando con esta parte fundamental de nuestra Sanidad Pública.

Jorge Casal tiene 33 años, trabaja en área especial -«firmo menos contratos, soy un privilegiado en ese aspecto»-, y tiene una hija de seis meses. Hasta que fue padre llevaba dos años sin parar de trabajar con 11 o 12 contratos acumulados en ese tiempo. Le llamaron para trabajar en plena baja por paternidad y «me dijeron que no tenía derecho a ese contrato, que lo tenía que rechazar. Estuve en el paro hasta acabar la baja el 31 de octubre y el 1 de noviembre empecé de nuevo».

La tercera comunidad con menos enfermeras

Solo por delante de Murcia y Andalucía, Galicia -empatada con la Comunidad Valenciana- es la tercera región con menos enfermeras de nuestro país: 520 por cada 100.000 habitantes según las cifras del informe Radiografía de la situación de los cuidados enfermeros en España que publicó en 2019 el Instituto Español de Investigación Enfermera del Consejo General de Enfermería.

La media española está fijada en 532 enfermeras para esa misma población, 320 profesionales menos que la media europea elaborada por la OMS. Solamente Navarra supera el dato de los países europeos con 868, seguida del País Vasco con 754. Precisamente, este pasado fin de semana se refirió a ello el conselleiro de Sanidade, Jesús Vázquez Almuiña, echándole la culpa a la tasa de reposición.

Aseguró que si el Gobierno central la elimina, Galicia podría convocar unas 3.500 plazas en la próxima oferta pública de empleo del Sergas, que sería la mayor convocatoria desde 2001. La idea del conselleiro es ofertar las vacantes correspondientes a la OPE 2020 en el primer trimestre de este año. Hizo estas declaraciones en la primera jornada de exámenes de la OPE 2019 que pretende cubrir 1.492 plazas en diferentes categorías de atención primaria y se celebró el pasado fin de semana.

Acostumbradas como están a la incertidumbre, a las enfermeras no les queda otra que seguir puntuando en listas para el concurso oposición. Recordemos que un 60 % de la plaza se corresponde con la nota, pero el 40 restante % es por tiempo trabajado. «Por muy buena nota que saques, da igual. En este momento hacen falta casi 12 años trabajados para que optes a una vacante», lamentan. Por eso, de las 600 enfermeras que hay en listas en Ferrolterra, unas 300 han dejado de estar activas porque «se han ido al extranjero, trabajan en Mercadona o estan en su casa sin cobrar para poder criar a sus hijos».

Sara Pérez tiene 31 años, ha ido a dos procesos selectivos y es enfermera desde 2010. Lleva ocho años en listas y acumuló en menos de tres años un total de 266 contratos, 189 de un solo día. «Ayer mismo trabajé en Urgencias de noche y cuando salí había 37 ingresos sin cama y falta de medicación. Me da vergüenza atender así a los pacientes», reconoce. Además, recuerda que hace poco se operó y nadie le pagó ninguna baja; pero en cambio sí la penalizaron al no coger el teléfono por falta de cobertura durante un viaje que hizo en sus días libres.

Más de 100 contratos al año por enfermera

Acaban la carrera con 21 o 22 años y todas las ganas de trabajar del mundo, así que se anotan en todas las listas posibles para que algún día suene el teléfono y empiece su ansiada vida laboral. A partir de ahí pueden firmar principalmente tres tipos de contratos. En el llamado de continuidad el Sergas te contrata por un año, prorrogable a tres. En este, que tal y como está el asunto es para privilegiados, te garantizan trabajo y vacaciones «cuando puedan dártelas» y te facilitan una planilla con el 80 % de tu horario a principio del mes. El 20 % restante es un misterio: «No tienes servicio ni destino concreto. Te van llamando y te van diciendo».

También está el contrato nominal en el que sustituyes a una persona concreta, asumiendo sus horarios y su servicio. Sin embargo, el más extendido y precario de todos es el acumulativo de tareas, donde cabe todo justificado por las «necesidades del servicio». El colectivo de enfermeras afirma que «el 90 % de los contratos son de este tipo porque los usan para cubrir bajas, cuando realmente para eso estaría el nominal. Este tendría que aplicarse solamente cuando hubiese un pico de ingresos por una causa o período determinado, pero tiran de él para tapar huecos y abaratar costes».

Con un contrato acumulativo asumen que no tendrán apenas días libres, sino que van sumando lo que se llama días de exceso que finalmente pocas veces pueden llegar a usar. Su duración puede ser de un solo día, por lo que no es de extrañar que en un año las enfermeras eventuales puedan tener más de un centenar de contratos reflejados en su vida laboral. «Les sale más barato despedirnos, no pagan días libres ni vacaciones. Es como estar en una ETT inmensa, solo te puedes negar a hacer un servicio si te llaman con menos de tres horas de anterioridad al comienzo del turno», denuncian. Si se niegan o no contestan al teléfono después de repetidas llamadas, sufren una penalización que les repercute en su puntuación para la OPE. Un castigo unidireccional que nadie fiscaliza.

Julio Montero tiene 36 años, una hija de 3 años y espera otro bebé aunque en su momento se quedó sin empleo y sueldo para disfrutar de su baja por paternidad. Lleva dos años en una vacante -«con un contrato estable pero sin servicio asignado ni turno»-, y hasta que se incorporó a esa plaza en abril de 2018 había acumulado 835 contratos en algo más de una década, contando con que hubo cinco años de parón. «Cualquier derecho que tenga cualquier trabajador de España nos lo preguntas y no lo tenemos», denuncia.

Vivir en permanente alerta

Además del listado oficial que siguen desde el Sergas para llamarlas y que les cubran los huecos necesarios, hay otra lista donde los derechos todavía están más recortados (si es que eso es posible): la de nombramientos de corta duración, más conocida como el Pool. Se trata de una bolsa de empleo de acceso voluntario por la que reciben 1,5 puntos para la OPE.

Eso sí, tienen que estar 24 horas operativas en sus móviles durante los 365 días del año. «La mayoría empezamos haciendo puntuación en el Pool porque al salir de la facultad te apuntas a todo sin saber qué es. Quieres trabajar, pero lo que no sabes es que en esta lista no te puedes negar a cubrir un servicio. Se supone que te llaman cuando el listado oficial se agota, así que no puedes planificar absolutamente nada».

El nivel de estrés que soportan estos profesionales han provocado que las cosas más cotidianas sean para ellos un imposible: «En el coche siempre llevamos una muda de ropa del trabajo y algo que comer. No puedes concertar una cita con el dentista, ir a la peluquería… No existe el ocio ni los fines de semana con amigos. Ni siquiera las bodas. Es imposible conciliar y tampoco puedes ponerte enfermo ni cuidar a nadie».

Denuncian que sufren chantajes, coacciones, y que sienten miedo. «Te cambian ellos mismos la cita del médico si te coincide con algún turno que quieran adjudicarte, sin avisar. Cuestionan incluso la fecha de tu boda y llegan a llamarte al teléfono del centro sanitario donde estás si no te localizan por el móvil, cuando es algo que está prohibido. Ninguna de las cosas que se le permitiría a una empresa privada, porque sería sancionada con una simple inspección, las está haciendo el Sergas».

Verónica López tiene 28 años y encadenó contratos nominales en diferentes centros de salud. «Un noche me puse enferma vomitando y llamé a las siete de la mañana al supervisor de guardia para decirle que no podía ir. Me dijo que sin problema y a las nueve me llamaron de personal para decirme que me penalizaban por no ir. Mandé el justificante e incluso fui hasta allí, pero me castigaron un mes sin cobrar ni puntuar por tener un virus».

Dan la cara porque «nada puede ir a peor»

Mientras, cada vez que acuden a un examen, se preguntan cuántas veces más tendrán que ir hasta que se hagan con una vacante. «Hay gente que se jubila siendo eventual. El panorama es muy desolador y te afecta a todos los niveles. Miran tu vida laboral en la Seguridad Social y flipan con la cantidad de contratos que tenemos siendo tan jóvenes. No puedes comprar un piso ni financiar un coche por la inestabilidad. Vives únicamente para trabajar».

Jorge Casal, Verónica López, Nuria Otero, Julio Montero, Rosalía Cruz y Sara Pérez tienen entre 28 y 36 años. Sentados en un bar ubicado a pocos metros de la facultad de Esteiro donde todos estudiaron intentan sobrellevar su precariedad con el mejor de los ánimos mientras se les acumulan las experiencias negativas. Con todo, prefieren dar la cara porque «estamos cansados y peor ya no nos puede ir». Aseguran que en Ferrol no constan denuncias por escrito porque «todos sabemos que hay historias con represalias».

Forman parte de Enfermeras Eventuais en Loita desde Ferrol, donde el grupo está compuesto por una treintena de profesionales que cada día 12 del mes se manifiestan en el exterior de hospitales y centros de salud. «La Enfermería no está unida, pero en el Marcide somos cerca de 100 personas las que nos movilizamos habitualmente. Queremos también que la gente entienda que nos manifestamos por ellos. Muchas veces les atendemos cansados después de pasar por varios servicios en el mismo turno, tenemos accidentes laborales por estrés. A veces nos da vergüenza trabajar cuando no hay ni camillas para la gente mayor que lleva horas esperando y somos nosotras las que damos la cara. Somos a las que odian, las que reciben las protestas». Les animan siempre a presentar reclamaciones, pero pocos lo hacen y prefieren dárselas con ellas.

Nuria Otero tiene 28 años, suele trabajar en la UCI y es madre de una niña que tiene un año. «Pedí traslado a un centro de salud durante el embarazo para estar más tranquila. Estuve tres meses y me llamaron para volver a la UCI. Les recordé que iba a ser madre, que tenía un informe de prevención de riesgos y no les importó. Me dijeron que malo sería que una compañera no hiciese mi trabajo si estaba muy cansada. El médico, además, me dijo que lo peor que me podía pasar era que el bebé no cogiese peso y eso era mejor a la hora del parto… Ahora estoy en el paro y no sé cuándo será el mejor momento para incorporarme. Intento ponerme una fecha y solo de pensar que tengo que volver me sube la tensión».

¿Y los sindicatos?

La vinculación laboral entre ellos y el Sergas está recogida en un convenio llamado pacto de selección de personal estatutario temporal. El que está actualmente en vigor data de junio de 2016 y contó con el apoyo de la CIG, CCOO, CSIF, UGT y CESM-O’Mega, con la única oposición del sindicato de enfermería Satse. Eso sí, todos ellos han respaldado las sucesivas modificaciones que ha sufrido el documento, la última de ellas publicada en el DOG a finales del pasado mes de enero.

Las Enfermeras Eventuais en Loita no se sienten representadas por los sindicatos. «Consideran que nosotros tenemos a bien que nos llamen para trabajar tres horas y dos minutos antes. Nadie nos ha preguntado antes de ir a negociar. Representan a la gente que ya tiene su plaza y que busca otras mejoras laborales; pero nosotros el pacto lo vemos como un negocio entre ellos y el Sergas. Nos tratan como una moneda de cambio».

Ahora están revisando los pactos de otras comunidades autónomas porque los sidicatos, desde que comenzaron su lucha pública a través de la plataforma, les han llamado para escuchar sus demandas porque en 2020 se prevé la negociación de un nuevo documento. Su esperanza de mejoras, eso sí, está algo mermada: «Cada vez que se renuevan son peores. Hemos tenido que escuchar de boca de algunas compañeras con plaza que lo que nos pasa es que hoy en día no tenemos ganas de trabajar. Se escudan diciendo que estas cosas siempre pasaban, pero olvidan que en su época no había móviles para esclavizarlos las 24 horas del día».

Los sindicatos tampoco tienen mecanismos para denunciar en nombre de los trabajadores, sino que les emplazan a presentar reclamaciones nominales que se quedan en el aire por miedo. «Tiran de ti cuando quieren, te exigen una disponibilidad que no te remuneran y cuando no la tienes te castigan, te penalizan, pero a los sindicalistas parece no importarles».

Rosalía Cruz tiene 33 años y lleva nueve en las listas. Ahora está embarazada y está en el paro. «El Sergas no te reconoce que te puedes ir de baja hasta la semana 37. Si tienes suerte y puedes trabajar hasta entonces, genial; pero en mi caso cogí una baja por lumbalgia mientras estaba en un centro de salud haciendo curas. Cuando se me acabó el contrato me quedé sin otro. Me están pagando la Seguridad Social, pero el tiempo que siga de baja me lo quitarán de mi prestación por desempleo».

Si fuesen ellas las que se sentasen en la mesa con el Sergas pedirían que se oferten las plazas reales que se necesitan por cada servicio y se dejen los parches. Que les avisen con mayor antelación, al menos un día para incorporarse, y que puedan negarse con causas justificadas, como un informe médico, sin tener penalizaciones. «Si somos unos trabajadores que el sistema necesita que nos traten como tal. Ya no pedimos ni vacaciones, si no un mínimo de respeto».

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