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«Libertad» con responsabilidad en el primer día de la fase 1 en Ferrol

Tomar un café en el bar de Amor, en el mercado de A Magdalena, ha sido posible en el primer día de la fase 1 (foto: Mero Barral / Ferrol360)

CAROLINA PERNAS / MERO BARRAL | Ferrol | Lunes 11 mayo 2020 | 17:15

Ferrol celebró el pase a la fase 1 del estado de alarma con el aspecto de una ciudad en la que hemos aprendido la lección que se nos ha venido enseñando desde el 14 de marzo. Mascarillas en personas de todas las edades, guantes, distancia de seguridad, «slalom de acera», preguntar antes de entrar, guardar las colas…

Como niños y niñas bien educados que son muy conscientes de que, si se comportan mal, el castigo supondrá estar de nuevo encerrados en casa… El tiempo le llevó la contraria a todos los meteorólogos cenizos y dejó en Ferrol una mañana no solo soleada, sino calurosa que animó a la gente a disfrutar de esta recién encontrada «libertad».

Y cada uno ha aprovechado el día haciendo lo que más echaba de menos. Algunos visitar a la familia, otros reunirse con amigos en una terraza, que había pocas pero alguna había, y echarse dos horas contándose las penas, otros buscando una camiseta para su hija, que ha crecido más allá de los límites de su ropa en estos casi dos meses.

El bar de Juanocho en el mercado de A Magdalena, en la mañana de este lunes (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Otros, muchos, solo mirando escaparates o preguntando el precio de una sartén desde fuera porque no quieren entrar para no dar que hacer al que atiende. Están aquellos que han podido dejar el termo en casa, como Loli, la frutera, que ha bajado al mercado de A Magdalena para tomarse el primer café servido en Juanocho, nada menos que a las 6 de la mañana.

«¡Me supo a gloria!», confiesa divertida. Su tienda ha permanecido abierta durante este confinamiento, pero en los barrios empezaba la vida «nueva», con la reapertura de la barbería, la floristería, el zapatero o la imprenta, entre otros.

En las peluquerías ya empezaron la semana pasada y Ana, que regenta una en la calle Alegre, nos dice que la «gente se está portando muy bien y eso es lo que hay que pedirles, que hagan lo que les decimos porque es por el bien de todos». En otro de los establecimientos de este barrio, Begoña tiene «las veces» pedidas casi hasta finales de mes.

Interior de la peluquería Ana, en Canido (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Cabía esperar, porque las peluqueras tienen por delante muchas semanas de arreglar los desaguisados provocados estos dos meses, pero no son las únicas. Abrían esos comercios que muchos estaban echando de menos, como el Bazar de Canido, cuyo propietario, Yan, nos decía que hay que seguir «las normas, es importante que pase esto cuanto antes».

Ellos están ultrapreparados: carteles, pegatinas en el suelo, limitación de aforo y facilitan mascarillas y gel hidroalcohólico a los clientes si lo necesitan. Es la tendencia allá donde preguntamos, porque los comerciantes son los primeros que no quieren mirar atrás, solo hacia delante. Como Limiar Libros, en Ultramar, o la Central.

También en Cantón 4, donde han establecido su propio sistema, con diferentes entradas y salidas, requisitos para manejar los productos y cuya propietaria, Mako Valle, se toma muy en serio la nueva normalidad: «Si hace falta me pondré seria, pero yo creo que la gente no tendrá problema en entender que más vale prevenir que lamentar».

Mako Valle, en el mostrador de Cantón 4 este lunes (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Aquí ya han recibido a alguna abuela que tenía un regalo pendiente, pero sobre todo a aquellos para los que la lectura ha sido una auténtica tabla de salvación estos casi dos meses de confinamiento.

«Nosotros hemos vendido un par de zapatos», nos dice Daniel García, el gerente de Vicky Nores, que sale a atendernos fuera porque están ya en la primera de las varias limpiezas diarias que tendrán que afrontar los comercios a partir de ahora.

«La gente está colaborando mucho y somos moderadamente optimistas», continúa, «entienden que por ahora las cosas tienen que ser así y todos, clientes y trabajadores, tenemos que adaptarnos».

Daniel García, este lunes ante Vicky Nores en la calle Real (foto: Mero Barral / Ferrol360)

«Ha pasado gente a saludar, pero no ha entrado nadie; creo que la población tiene otras prioridades ahora mismo que no son comprar ropa», comenta sin embargo la responsable de otro establecimiento que prefiere no ser nombrada.

Muchos comercios abiertos, algunos todavía cerrados, la sensación de que por lo menos tenemos opciones y la siempre precavida alma gallega, como Ana, de Sólo Una. «Con calma, con paciencia, pero que nos compren, que ayuden al pequeño comercio», pide sonriente debajo de su mascarilla. Las tiendas de ropa tienen un hándicap añadido.

Cada prenda que maneja un cliente tiene que ser desinfectada, pero la impresión desde fuera es que cada local no solo se ha preparado a conciencia, sino que han adaptado sus medidas a su potencial y necesidades.

Raquel, de Unocome Ferrol, en la mañana de este lunes (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Desde el que tiene a una persona junto a la puerta para gestionar entradas y explicar las normas a aquellos con elaborados carteles en el escaparate que no dejan lugar a dudas sobre lo que NO hay que hacer. Raquel, del cáterin Unocome Ferrol, se lo apostó todo en este confinamiento para mantener su negocio abierto.

No ha solicitado ninguna medida de alivio laboral y ha mantenido a todo su personal, adaptándose y reciclando sus propios servicios, como por ejemplo iniciando el llevar la comida a domicilio, algo que previamente no hacían y, sobre todo, «gracias a nuestros clientes fieles, que siguieron viniendo dentro de sus posibilidades».

Esta empresaria dice que toca «pelear, seguir adelante y la gente solo tiene que ser responsable y seguir las recomendaciones para que podamos salir de esto cuando antes».

Manuel Rodríguez, responsable de Metropolis Comics, este lunes (foto: Mero Barral / Ferrol360)

La tienda Metropolis Comics comenzó a recibir a sus clientes a los pocos minutos de abrir sus puertas, «con normalidad, siguiendo las recomendaciones sanitarias pero sin agobiarse», nos dice su propietario, mientras que en otros locales todavía estaban ultimando labores de limpieza o preparándose para esta nueva fase.

En Azulmoreno, una tienda dedicada a la restauración de muebles y el reciclaje creativo, están buscando fórmulas para retomar los talleres en próximas fases, pero además han puesto en marcha su página web para la venta a domicilio y seguirán trabajando en los encargos que tenían pendientes, con todas las medidas de seguridad establecidas.

Lolenka nos dice que la «la gente se lo está tomando en serio y nosotras estamos esperanzadas». Tema diferente es la hostelería, cuyas limitaciones en esta fase han llevado a muchos propietarios a retrasar la apertura a una más propicia algo más adelante.

Terraza en la calle Real en el primer día de la fase 1 tras la Covid-19 en Ferrol (foto: Mero Barral / Ferrol360)

En el Cantón han abierto dos de las terrazas, a diferencia de en Amboage, donde todos los locales permanecen cerrados. Mientras, en el mercado de A Magdalena, Amor, la propietaria de la cafetería del mismo nombre, nos contó que necesitaban «empezar, pero lo cierto es que nuestra situación es distinta a la de la mayoría».

Así, explica, buena parte de su clientela son la gente de los puestos del mercado y esos «son fijos», así que las cuatro mesas, bien separadas entre sí, de las que consta su terraza no van a ser su principal fuente de ingresos: «Yo entiendo que la mayoría no quieran abrir; un día te llueve y ¿qué haces?».

Amor cree que el poder acceder a nuevos servicios llevará a que la gente pueda relajarse un poco más. «Charlar, socializar… ¡somos de estar en la calle!», comenta e invita a todo el mundo a seguir cumpliendo las normas para que no haya vuelta atrás.

Acceso al café Lusitânia en la mañana de este lunes (foto: Mero Barral / Ferrol360)

En Doniños están preparándose también para abrir a pie de playa en próximos días, mientras que otros locales ya tuvieron este lunes un gran estreno de público, como por ejemplo en el puerto, en la cafetería de la plaza conocida como de la Ranita o en el Lusitânia de la céntrica calle Real, que ya venía ofreciendo la opción del café «para llevar».

Para saber qué está abierto en su barrio basta con darse una vuelta por las calles más cercanas y, de paso, «hacer gasto» para dejarles saber que no quieren que se vuelvan a ir. Y ahora, como dicen las abuelas, solo queda ejercer el «sentidiño».

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