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Los encantos de las Rías Altas seducen al pelotón multicolor

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

RAÚL SALGADO | Cedeira / Cariño | Martes 23 agosto 2016 | 22:57

Acostumbrados al bullicio estival, en Cedeira se han repetido los días grandes más propios de la Patrona con la llegada de la serpiente multicolor. Los bares sudan la gota gorda y rozan el límite de sus existencias a pocos minutos del acontecimiento deportivo que sitúa a la villa en la palestra que contemplan 190 países del globo.

A Cedeira hay que ir, se quiera o no. Qué decir de Teixido, no es necesario referir el dicho. Al aterrizar allí se ve que le sobran reclamos. Corveiro, la aldea que honra a San Andrés y la garita de Herbeira, límite difuso con el municipio de Cariño bajo aerogeneradores y al calor de caballos y vacas ajenos al jaleo.

Aunque la meta de la Vuelta Ciclista a España, que este martes ha viajado de Betanzos a ese punto estratégico, se denomina Teixido, el arco se asentaba al mismísimo pie del mirador privilegiado a los acantilados más altos de Europa. Los alcaldes de ambas localidades, los socialistas Pablo Moreda y José Miguel Alonso Pumar, eran los anfitriones.

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

La angosta carretera que conduce a la sierra está salpicada de casas en las que la gente ya se asoma a la ventana aunque queden horas para el espectáculo. En cualquier descampado, sillas y sombrillas a la espera. Moviliza la ronda a un amplio dispositivo, pero viajar de un lugar a otro con rapidez no es tarea sencilla.

Por eso, todavía se ultiman pancartas o soportes cuando parece que el tiempo corre en contra. Se suceden los controles de seguridad bajo un sol sin perdón y la concurrencia aplaude todo, hasta el vuelo del helicóptero que convierte el tramo en un documental para los espectadores de Televisión Española.

Banderas de comunidades autónomas y de países europeos, incluso clubes de fans de algún ciclista, buscan su minuto de gloria en las cunetas. Sin riesgo, porque hay tiempo todavía, la carretera se ve copada por caminantes y muchos deportistas aficionados que llevan su bicicleta hasta la cumbre como particular homenaje.

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Un par de pantallas de grandes dimensiones permiten comprobar cómo avanza la carrera, labor que apoyan dos comentaristas armados con la megafonía. Uno de ellos es el popular Terio Carrera, de Televisión de Galicia, que se encarga del contrapunto en lengua gallega a su compañero, que se deja llevar por esa fea costumbre de deturpar topónimos de que gustan ciertos foráneos.

Una simple gorra conmemorativa se convierte en objeto de deseo y en las pantallas se ve al dedillo la hermosa playa de Vilarrube. Se funden el verde y el azul en sus aguas y la arena es una gigante lengua que le gana la partida. La audiencia se pellizca. Ya están algo más cerca. Marta Sánchez y su himno gritón de la Vuelta, a todo decibelio.

Ropa ajustada, ganas de gustar en el staff que da la cara. Azafatos y azafatas que tienen la sonrisa fácil, la foto es la foto. Reporteros extranjeros, equipos técnicos inimaginables en los precarizados medios españoles y tiros de cámara imposibles con público descontrolado en primera línea. Las vallas estrechan todavía más la vía de subida.

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Llegada de la Vuelta Ciclista a España a San Andrés de Teixido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

La conselleira Ethel Vázquez se sube al podio cuando ni siquiera ha irrumpido el primer competidor. Como nada puede fallar, hay que hacer un simulacro de la entrega de premios. El despliegue de seguridad, por momentos poco flexible, forma parte del engranaje de un circo bien engrasado, en el que nada queda al azar y solamente se conceden indulgencias a quien conviene.

Las viseras cubrirán las cabezas, pero el cuello y la ropa arden. Hasta el ceremonial del cava para el galardonado acaba con mensaje publicitario: la botella es depositada por el afortunado en un contenedor de vidrio ante la mirada del respetable. La prensa madrileña empotrada en la serpiente, caras y voces conocidas, camina por las zonas de privilegio como si fuese su casa.

Destila glamur impostado este esfuerzo, pero lo exhiben quienes menos deben. Los verdaderos héroes, más de 160 kilómetros al límite de sus físicos, huyen de ese vendaval de flashes. Sonríen con mucha más naturalidad y van a lo suyo. Atienden sin rubor, esa práctica que con seguidores y periodistas parece escasear en otros deportes. Este espectáculo es más accesible.

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