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Los sueños se cumplen, aunque duren poco tiempo

REBECA COLLADO | Ferrol | Viernes 7 febrero 2014 | 10:28

Emanciparse. Volar del nido. Montártelo por tu cuenta. Un sueño para muchos jóvenes (y algunos ya no tanto) que tal y como están las cosas parece que nunca se cumplirá. Una utopía, dirían algunos. Pero en Ferrolterra, 30 personas con discapacidad intelectual han visto un rayito de luz y han cumplido, o cumplirán, ese deseo de libertad. Gracias al programa PRODAVI de la asociación Nuestra Señora de Chamorro pueden alzar el vuelo temporalmente y vivir en un piso tutelado con la supervisión de un mediador.

PRODAVI, Proyecto para el Desarrollo de la Autonomía a través de Viviendas de Inclusión, nació en octubre de 2013 para dar respuesta a las demandas de los usuarios de la entidad de tener «un sitio donde poder desarrollarse y aumentar su autonomía a nivel social y personal», explica Miriam, pedagoga de la entidad. Tras mucho esfuerzo y trabajo lograron una subvención de la Obra Social de La Caixa y consiguieron que un particular les cediera un piso para poder llevar a cabo allí el proyecto durante un periodo de 18 meses.

Así, desde la entidad han organizado una serie de turnos, de forma que cada 3 meses conviven en el piso 6 usuarios. Cuentan con la figura de un mediador que les presta apoyo cuando lo necesitan en tareas puntuales. «En principio son personas que están en el centro ocupacional y sus necesidades de apoyo no son generalizadas, son intermitentes, así que se desarrollan por si mismos sin ningún problema», comenta Miriam.

Los propios participantes eligieron a los compañeros de piso con los que querían iniciar esta nueva etapa. De esta forma, en cierta medida, se asegura que la experiencia va a ser positiva y ellos estarán a gusto. «Al apuntarse ya elegían a las personas con las que querían vivir para facilitar un poco esa convivencia. A fin de cuentas, nosotros también elegimos con quien queremos vivir cuando nos vamos a estudiar fuera, por ejemplo», señala la pedagoga.

El día a día en el piso

Los participantes en PRODAVI viven de lunes a viernes en el piso compartido y los fines de semana los pasan con sus familias. Los chicos comienzan su jornada en los talleres ocupacionales de la asociación, comen en el centro y realizan diferentes actividades lúdico-deportivas. También trabajan algunas acciones de manera teórica en el aula para que luego las lleven a la práctica en el piso. A las 17:00 se van para su nuevo hogar y allí se organizan a su manera, como en cualquier casa. Eso sí, todo bajo una supervisión y aprobación previa por parte del mediador y las familias.

«Van a hacer la compra, hacen las tareas de casa, tienen tiempo libre, algunos van a actividades de Vida Activa o de la asociación de Minusválidos y uno de ellos trabaja», comenta Aurora Lage, coordinadora de centros. Su rutina y actividades no es distinta a la de cualquier persona, «no está cerrada, no es algo estructurado. Tienen que planchar, poner la lavadora, hacer cena y decidir qué ven en la televisión. Todo», concluye.

Precisamente esas tareas cotidianas las trabajaron anteriormente en el programa Aprendiendo a Conocer, que sirvió para asentar las bases de forma teórica. Así, en un aula de la asociación convertida en un mini apartamento con cama, armario y cocina los chicos realizaban las actividades de la vida diaria. «Hacíamos la cama, ordenábamos el armario y preparábamos la comida», explica Miriam. Adem«s, trabajan habilidades sociales, saber moverse en el entorno y conocer los recursos.

Cómo lo viven las familias

«Para algunas familias fue un despertar», señala Aurora, ya que ven que sus hijos son capaces de hacer ciertas cosas que en casa no realizan porque ya se encargan las mamis de tener todo hecho (¡como todas!). «Pueden vivir la vida que vivimos todos. Para las familias es muy gratificante y tranquilizador», explica la coordinadora. Y es que contar con un recurso como una vivienda tutelada en la que, con un apoyo, puedan realizar su vida independiente es muy importante.

Pero cuando un hijo se va de casa siempre hay preocupaciones del tipo «esto nunca lo hizo, será capaz de hacerlo, aguantará todo el tiempo», señala Miriam. Pero las familias se dieron cuenta de que son totalmente capaces porque «cuando crees en las personas te sorprenden. Y sabes que sí, que lo pueden conseguir con apoyos, indica la directora de la entidad, Rocío Coira. «El afán de superación de ellos, el conseguir alcanzar sus objetivos y satisfacer a sus familiares, a nosotros, que somos una gran familia, para ellos es muy importante», añade Miriam.

Cómo lo viven ellos

«Ellos demandan más. Piden que el proyecto dure más tiempo y hay personas que dicen que quieren vivir independientes pero no un tiempo, para toda la vida», comenta Rocío. El primer turno ya se ha cumplido y aseguran que ha sido muy positivo, el segundo también va por muy buen camino. Al final de cada turno realizan unos cuestionarios de satisfacción y tanto las familias como los usuarios afirman que repetir«an, que estuvieron a gusto y que les gustaría que durase más tiempo.

Aurora señala que «todos los datos indican que hay que seguir en esta línea porque la experiencia es gratificante y positiva». En este sentido, desde la asociación están trabajando para que el programa tenga una continuidad, «no queremos que este proyecto sea de un año y dejarlo ahí en el olvido. Va a ser un proyecto a largo plazo y queremos que el objetivo final sean viviendas tuteladas», explica la directora.

Para ello están buscando financiación por parte de las administraciones públicas y de las obras sociales de las distintas entidades. Y también necesitan encontrar otro benefactor que les ceda una vivienda. «Presentaremos los resultados del proyecto para que vean que sí es viable, que es muy positivo tanto para los usuarios como para las familias e indirectamente para los profesionales», apunta Rocío.

Inclusión, integración. «Caminamos en esa dirección«

«Se habla mucho de integración, pero la administración está legislando para atrás», afirma la directora. Echan en falta servicios integradores en donde las personas con discapacidad intelectual puedan participar de la sociedad porque «trabajamos para que sean parte de ella y se están cargando todo eso». Ponen de ejemplo los colegios, donde se está peleando por una escuela integradora pero se están recortando profesores de apoyo.

En cuanto a los ciudadanos en general, admiten que las cosas han cambiado y se ha avanzado. Atribuyen los rechazos que puedan darse, comentan que no son habituales, a la ignorancia, al no conocer. En todo caso, señalan que más que rechazo es pena. «Y no se puede utilizar la pena, porque no nos lleva a ningún lado», apunta Miriam.

Aunque reconocen que la sociedad no los conoce y sólo se interesan por la entidad si alguna de las personas de su círculo tiene una discapacidad intelectual, porque entonces sí les toca. «La asociación lleva 50 años trabajando por los derechos de este colectivo y no nos conocen», indica Rocío, al tiempo que apunta que la entidad tendrá una parte de culpa por no saber llegar a la sociedad. En todo caso, tenemos que pensar que en cualquier momento podemos tener una discapacidad.

En 2014 la asociación Nuestra Señora de Chamorro celebra su 50 aniversario y lo hacen con la máxima de seguir construyendo sueños. Si queréis conocer más de cerca las acciones, actividades y programas de la asociación Nuestra Señora de Chamorro podéis seguirlos en su Facebook.

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