Home / Opinión / Introspecciones / Mear en la calle

Mear en la calle

JOSÉ MARÍN AMENEIROS | “Introspecciones” | Viernes 1 noviembre 2013 | 12:26

El otro día pillaron a Wilshere, jugador del Arsenal de Londres, meando en pleno entrenamiento sobre una valla publicitaria, y se armó el quilombo. Al principio pensé que el patrocinador pagaba mucho y había protestado, pero resulta que no. Que el lío era por mear. Y a mí me vinieron a la mente las noches de fiesta en las que todo vale, fiestas que no son tal si no hay riada en plena calle.

Ferrolterra, y Galicia por extensión, parecen más propensas a la meada callejera por ser lugar de orquestas y jolgorios al aire libre donde encontrar un servicio parece complicado. Así pues, es frecuente estar bailando frente a la Panorama, la París de Noia, la Olympus o cualquiera de las doscientas orquestas que tocan por Galicia y tener que ausentarse del meollo para buscar un baño, situado tácticamente y elegido tácitamente por la masa.

Y, ¿qué mejor momento para hacer nuevos amigos que cuando vas a desahogar? ¿Quién no se ha echado algún colega de meada en una fiesta? ¿Quién no ha aprovechado para largar alguna nasa a ésa que se sube los vaqueros con su amiga tras el Ford Fiesta aquel? Incluso las chicas, a priori más pudorosas en ese tema, se acuclillan por parejas entre dos coches cuando calzan un par de copas de más.

Pero, ¿sólo porque son celebraciones al aire libre? No. Debe de ser que mear es una necesidad inherente a los humanos, frecuentemente inaguantable. Si no no pondrían aseo en los vuelos nacionales de una hora de duración. Y lo digo porque tengo visto a gente aliviarse en las esquinas de reservados discotequeros con moqueta, marea de gente y sofá a su espalda; papeleras desbordadas de líquido; o a colegas sacar la chorra por la bragueta mientras de cintura para arriba piden un cubata al camarero en barra.

Entonces, el problema no parece por falta de lugar habilitado para ello, sino debido a la incontinencia. Las letrinas, esas cabinas telefónicas de plástico, normalmente apestan más que la calle y hay que esperar turno. Seamos sinceros, poca gente las usa. El caso es mear. Un colega y yo nos dedicamos una noche de la Patrona a encuestar a todo el mundo, rememorando a Mercedes Milá, sobre si miccionaban o no en la ducha. Unos lo reconocían abiertamente, otros lo negaban hasta que no les quedaba más remedio que admitirlo.

– ¿Meas en la ducha?
– No -respondió uno-.
– ¡Mientes!
– Claro, home, si hasta echo el chorro por los azulejos.

Pocas soluciones se atisban para la meada callejera. Ni las botellas de plástico llenas de agua situadas en las esquinas, que más que para ahuyentar a perros yo siempre he pensado que son para despistar a los humanos, haciéndoles creer que es tequila y se así olviden de orinar.

Ni siquiera la sanción económica administrativa por miccionar en vía pública, que a día de hoy desconozco a cuánto asciende, podrá disuadir a un gallego con retranca. Tiempo ha, en una fiesta de por ahí adelante, un conocido se desahogaba en plena calle cuando fue sorprendido por la Guardia Civil. «¡Eh, usted! ¿Sabe que mear en la acera son 30 euros de multa?». El tipo se guardó la pija y, abriendo la cartera, sacó un billete de los naranjas.

– Pois toma 50, que botei un par de peidicos.

Fiestas, ese lugar donde el alcohol fluye casi tan rápido como el orín. (Foto: J. M. A.)

Fiestas, ese lugar donde el alcohol fluye casi tan rápido como el orín (foto: J. M. A.)

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

En Ferrol360 utilizamos cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando, estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Puedes pinchar el enlace para tener más información. ACEPTAR
Aviso de cookies