Home / Opinión / Criar Amar Educar / Mi hijo no obedece

Mi hijo no obedece

NOELIA RODRÍGUEZ | Criar, amar, educar | Miércoles 4 noviembre 2015 | 13:20

Una frase muy repetida entre padres y madres cuando charlan en común o solicitan asesoramiento profesional. “Mi hijo no me obedece, no me escucha, no me hace caso, hace lo que quiere”, entre otras tantas, pero que a fin de cuentas tienen un único mensaje “el niño obediente es bueno, el niño desobediente es malo”.

Y deberíamos preguntarnos: ¿por qué? ¿Por qué esperamos que nuestros hijos nos obedezcan ciegamente?¿Por qué nos revuelve que manifiesten su voluntad e incluso pataleen para hacerla saber? Porque así hemos crecido nosotros mismos, y eso es lo que se esperamos de ellos: obediencia a la autoridad.

Lo que ocurre es que la necesidad real de un niño en pleno crecimiento choca de frente contra las expectativas adultas. Y con ese choque llega nuestra frustración como padres. Esperamos que el niño recoja sus juguetes cuando se le pide, que se vista a la primera sin rechistar, que se lave los dientes antes de dormir, que haga los deberes… Y resulta que ellos no quieren. Que se enfadan, que rechistan, que lloran, que patalean, que gritan, que dicen NO.

Y ¿sabéis que? que eso es SANO, que es necesario que manifiesten sus deseos (lo cual no significa que siempre vayan a poder verse cumplidos). Queremos que sean obedientes y controlables de pequeños y que cuando crezcan sepan hacerse valer, parar los pies a sus jefes o a una pareja que no les respeta. Y lamentablemente eso no es coherente.

Los niños deben poder decidir las cuestiones que tienen que ver con su vida, dentro del rango de edad de cada uno y sin olvidar que nosotros como adultos responsables velaremos por su salud física y emocional y por su integridad, porque hay decisiones que nos competen solo a nosotros, los padres.

Pasamos el día perdiendo tiempo muy valioso en discusiones, en peleas, luchas de pijama, guerras de puré, montañas de deberes pretendiendo hacerles obedecer, en vez de sentarnos a su lado a dialogar y decidir. A preguntarles por qué no quieren hacer eso en aquel momento, cómo se sienten, qué les pasa…

No queremos hijos sumisos y obedientes que se dobleguen al deseo ajeno, sea el de su padre, el de su profesor, el de un compañero de clase. Queremos que nuestros hijos crezcan siendo dueños de su vida desde el momento que nacen, porque tomando pequeñas decisiones se aprende a tomar las más grandes.

No se puede esperar que sepan con 18 años qué carrera elegir o qué quieren hacer con su vida, si desde que eran unos bebés les hemos pedido obediencia y hemos elegido hasta qué ropa ponerse o cuándo y dónde comer. Porque SÍ, porque lo digo yo que soy tu padre/madre.

Para que nuestros hijos confíen en nosotros y obedezcan en el momento necesario (desde la confianza en nuestra figura y no desde el miedo), debemos hacerles saber que son importantes, y que por encima de un deseo (muchas veces arbitrario) ajeno, están sus emociones.

Que en la medida de nuestras posibilidades y las de la familia encontraremos la manera de hacerle sentir bien, satisfecho, seguro, y a gusto consigo mismo y con su entorno más cercano. Y que les amamos por encima de todo, cuando hacen lo que esperamos de ellos y cuando no, cuando deciden lo que a nosotros nos parece bien y cuando no. Porque se aprende haciendo, viviendo, experimentando, cometiendo errores.

El error es fundamental para crecer sano. Y es deber nuestro como padres acompañarles contra viento y marea. Y cuanto más simplifiquemos y menos prohibamos, menos tendrán que desobedecer y más podremos disfrutar.

Noelia Rodríguez Izquierdo es formadora oficial de La Pedagogía Blanca, asesora de lactancia y responsable de Espiral CRIAME.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*