Mi infierno

MIGUEL ESCOURIDO | De quen vés sendo? | Jueves 2 marzo 2017 | 20:39

Es otra lágrima que resbala por mi mejilla, otra noche sin dormir por los fantasmas del pasado. Hoy recordé cómo era hace unos años, era un niño inocente, sacaba buenas notas pero no tenía muchos amigos. Lo de sacar buenas notas era un problema para mis compañeros, lo utilizaban para llamarme empollón y ese tipo de cosas. La verdad es que no era algo a lo que daba mucha importancia, siempre fui de los que pasa de todo.

Las cosas cambiaron y empollón no era lo único que usaban para intentar joderme, solían llamarme gordo y también se metían conmigo porque no tenía muchos amigos, esas cosas sí que me dolían y me vi solo. Empezó a afectarme cuando lo hacían casi a diario. Mis notas fueron a peor y eso me traía problemas en casa. Me vi más solo todavía, sentía que no tenía a nadie y fue cuando conocí a mi amiga la cuchilla, la cual me acompañó bastante tiempo…

Las cosas no se quedaron ahí, yo pensaba que solo lo harían en el instituto, pero a mis redes sociales me llegaban mensajes insultándome o amenazándome diciendo que me pegarían palizas si contaba algo. Yo no quería contar nada por miedo y por orgullo (me siento lo suficientemente fuerte como para poder con mis problemas, aunque la mayoría de las veces me superan).

Recuerdo un día que me metieron en un círculo y empezaron a pegarme, ¡qué fácil es atacar a las personas débiles!, ¡qué gracia hace ver cómo le hacen daño a una persona!. Me acuerdo de que ese día llegué a casa con muchos moratones y llorando. Tuve que tapar todos los moratones para que mis padres no los viesen. Me sentía una mierda, sin amigos, mis padres enfadados por las notas, sin alguien que mirase un poco por mí.

El niño que más me amenazaba decidió que me quería pegar en el recreo y me llevaron a la fuerza allí, yo estaba llorando, no quería que nadie me pegase; nunca habían tenido motivos para hacerlo. Allí estaba, él enfrente de mí con sus aires de grandeza, yo era más pequeño que él. Empezó a gritarme y a insultarme y me metió dos bofetones. Gracias a Dios dos niños que conocía del colegio lo vieron y quisieron ayudarme; no sé qué habría pasado si no hubiesen estado allí.

David, César, no sé si estaréis leyendo esto, pero os estaré agradecido siempre por ser los únicos que hicisteis algo por mí. Gracias a que ellos me defendieron, las cosas mejoraron. Ellos estaban acabando sus estudios y al año siguiente se fueron del instituto. A mí se me cayó el mundo encima porque significaba la vuelta a mi infierno. Así fue. Otro año soportando insultos y agresiones de retrasados mentales. No sabía qué hacer y decidí cambiar, decidí ser el payaso. Gracias a eso pasaron de reírse de mí a reírse conmigo.

Me arrepiento de haber cambiado, de haberles dado el gusto de verme sufrir, de verme llorar. Esas cosas me hicieron fuerte, también me volvieron frío; por culpa de eso me cuesta abrirme a las personas, mostrar como soy realmente. Faltan muchas cosas pero me está costando escribir esto, buscar recuerdos en el pasado duele. Si alguien que esté leyendo esto, está soportando algo así, compártelo, de verdad, las amenazas se quedan en palabras, contárselo a tus padres es duro, yo no lo hice y es otra cosa de la que me arrepiento.

*Miguel tiene un blog personal en el que escribe sobre sus experiencias y viviencias.

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