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¿Qué está pasando en la biblioteca de Ferrol?

Trabajadoras de la biblioteca con las camisetas de protesta (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | Lunes 23 enero 2023 | 15:21

Se va a cumplir un año desde que el personal de la Biblioteca Municipal de Ferrol empezó a advertir del deterioro de un servicio que está protegido por la legislación. El acceso gratuito a la consulta y préstamo de libros y otros materiales de difusión es un derecho recogido en la ley, pero durante los primeros quince días de enero hemos asistido a un recorte drástico de horario al reducirse a las mañanas de lunes a viernes su horario de apertura.

Desde las redes sociales, personajes de la cultura como el pianista James Rhodes o el premiado Javier Serra han querido mandar sus mensajes de apoyo, que han secundado desde Ferrol personas y entidades de la cultura, como Guillermo Llorca, Ánxela Loureiro, Puri Rodríguez, Rocío Ameneiros o Carlos Alonso Charlón. Todos sus respaldos en forma de vídeos se pueden ver en los perfiles de Facebook, Twitter e Instagram de la plataforma en defensa de la biblioteca.

Una plantilla menguante está resistiendo como puede, quitándole horas al sueño y multiplicándose en las tareas para ir sacando el ingente trabajo adelante. Este lunes, a las 18:00 horas, han convocado una manifestación con salida desde la Biblioteca Central de la plaza de España, pero quieren dejar claro que no están luchando por sus puestos de trabajo, sino por el derecho a la cultura del pueblo de Ferrol: «Nosotras tenemos un salario justo, ocupamos un puesto público, esto no va de nuestras condiciones laborales sino de derechos sociales», reiteran.

Entrar a la única biblioteca pública abierta en la ciudad es encontrarse con carteles de «liquidación por peche» y también animando a asistir a la protesta de este lunes, así como otro explicativo y dirigido a los usuarios: «O día 2 de xaneiro quedamos 4 persoas de atención ao público nunha biblioteca de 4 plantas, aberta mañá e tarde… Botade contas e moita paciencia», les dicen a los más de 30.000 socios de las instalaciones. Antes, los números diarios nos hablaban de 700 u 800 personas, ahora no pasan de las 200 las que se acercan hasta allí a consultar, estudiar o leer la prensa.

A partir del 16 de enero, las trabajadoras se han podido organizar y hacer «un esfuerzo» para poder abrir las puertas de 9:00 a 13:30 y de 16:00 a 20:00 horas, pensando principalmente en aquellos préstamos de libros educativos que las familias necesitan para la educación de sus hijos y no pueden recoger en horario de mañana, precisa la responsable de la Biblioteca y el Archivo Municipal, Fany Gómez, que lucha por no ceder al pesimismo aunque reconoce, un tanto hastiada tras un año de protestas, que «no veo horizonte».

Los ordenadores de consulta de catálogo no están operativos. Tampoco lo está la consola de videojuegos que se adquirió como novedad ni la sala de ordenadores que daba acceso a Internet y también a la impresora gratuita. Han tenido que cerrar el mostrador de la primera planta porque no hay personal para atenderlo. Las cajas, llenas de libros recién comprados, se acumulan en los despachos de las dos técnicas a la espera de que les toque comenzar el trámite que los transporte a la estanterías de novedades: «No podemos hacer más de lo que estamos haciendo», lamentan.

El Concello de Ferrol ha anunciado que esta misma semana se contratará a ocho auxiliares administrativos ―el edil Julián Reina ha constatado este lunes que será a finales de semana y ha confirmado que también se cubrirán las tres bajas existentes―, pero al personal de la Biblioteca le parece una nueva broma pesada porque se trata de «persoal non cualificado, para unhas tarefas que a lei esixe que sexan realizadas por técnicos auxiliares de biblioteca», lo que les lleva al «punto de partida de abril», recuerda Gómez: «Éramos 10 en aquel momento, con una jefa, tres técnicas, un auxiliar de biblioteca, cuatro auxiliares administrativos y un conserje».

Ahora, a falta de concretarse esas nuevas contrataciones temporales que ha anunciado el Concello, «hay una jefa que ejerce de técnica y una técnica, cuatro auxiliares administrativos y un auxiliar de biblioteca». Valora Gómez que anualmente se firma un convenio con la Xunta de Galicia porque la biblioteca ferrolana es Central Territorial, según la legislación vigente, con lo que tiene la misma consideración que las cuatro cabeceras de provincia, Vigo y Santiago de Compostela.

«El convenio es por 12.000 euros y la Xunta exige al Concello que se comprometa a dotar de personal para que dé un servicio adecuado, cumpliendo con el horario establecido, con lo que se está incumpliendo este acuerdo», dice Fany Gómez, convencida de que el Gobierno local tiene un profundo desconocimiento del trabajo que se realiza desde la biblioteca. Rosa Mouriz, que es una de las técnicas que trabaja para seguir cuidando y manteniendo viva la colección de más de 130.000 volúmenes, accede a contarnos sus tareas.

Sostiene que la distribución de los fondos en cuatro plantas supone una demanda de personal para que los usuarios encuentren las obras, sepan usar los servicios que se encuentran en la biblioteca y puedan darles un uso correcto, pero después hay mucho trabajo invisible. «Antes de abrir ya hay que recoger los libros que han devuelto en el buzón, registrarlos en el sistema, ponerles la alarma, llamar a quien los haya reservado y colocarlos. También hay que recoger la prensa, colocarla en su lugar, archivar la del día anterior».

Con varios libros sobre su mesa y las cajas acumuladas sin abrir, Mouriz enumera los pasos que se dan para poner un nuevo ejemplar en circulación. Ella tiene la tarea de seleccionar los títulos en consonancia con la colección existente y los criterios de la Biblioteca Municipal, en gallego y castellano, de temática variada y de todos los públicos. Ese listado se manda a las librerías para pedir los presupuestos que después se aprueban desde el Concello.

Aprobados y pagados los pedidos, llegan los libros y «hay que cotejar que todo esté correcto antes de empezar a catalogar el libro: registrarlo en el programa de la Red Pública de Bibliotecas de Galicia, ponerle el tejuelo, su código, el sello, la hoja de préstamo y las alarmas, además de forrarlo si es necesario». Cumplido este protocolo, pasa entonces a «precirculación, que antes se bajaban como novedades cada dos meses y ahora nos es imposibles, así que actualmente se incorporan dos veces al año y en menos cantidad», reconoce.

Una vez en circulación, se consulta si tiene desideratas, si alguien lo había solicitado, y se le avisa: «Hay que llamar a ese usuario para avisarlo de que está disponible, porque tiene preferencia». A todo esto hay que añadirle el préstamo interbibliotecario que puede ser en Galicia o con el resto de España, como ocurre con los libros de literatura hispanoamericana de la colección de Luis Alonso Girgado, que se vio afectada por la inundación del pasado mes de junio.

La Biblioteca Municipal de Ferrol contaba con tres instalaciones: la del Carvalho Calero, que cerró en 2016 por obras y acabó desmantelándose en 2021; la del centro cívico de Caranza, que se cerró en 2019 por falta de personal y confían en reabrir, y la de la plaza de España. En esta última se han venido celebrando actividades culturales como los ciclos de charlas y conferencias sobre cine y ciencia, los cursos formativos de CeMIT, los cuentacuentos familiares para niños y bebés, o el Festival Atlántica de narración oral.

«Hemos tenido que dejar de hacer todo esto porque no llegamos», lamentan, recordando que ni siquiera pueden aceptar al alumnado de Biblioteconomía del campus de Esteiro que hacía siempre su asignatura de prácticas allí, pero no son los únicos perjudicados: «Tampoco podemos atender a los colegios, hacer las visitas guiadas que hacíamos para enseñarles la biblioteca y cómo usarla. Nos parece tan grave que llegamos incluso a elaborar un programa específico para la infancia que lleva en la mesa del Gobierno local desde septiembre sin que nos respondan».

Las consultas y peticiones de expertos para documentarse también se están demorando. Recuerda Fany Gómez, por ejemplo, que les pidieron desde Córdoba una crónica del Racing de Ferrol contra el equipo de la ciudad andaluza que estaba en el Ferrol Diario «y tardamos días en poder atenderlo, necesitamos tres o cuatro días para poder buscarle la página, escanearla y mandarle la información». Para ella, el personal óptimo para la Biblioteca no debería bajar de los 15 para reabrir Caranza, siendo 13 los que establece la ley.

«Lo ideal serían cinco personas por cada turno, diez en total, y tendrían que ser auxiliares de biblioteca con conocimientos. No tenemos nada contra otras categorías, pero para eso existen. Necesitamos también cuatro personas técnicas y alguien en conserjería. Si metieran a 13, por ejemplo, podríamos volver a abrir los sábados, que no se abre desde 2008 porque las rotaciones no dan. Y, por supuesto, tendríamos de nuevo a las personas en prácticas», contabiliza Fany Gómez.

«Se trata de voluntad, de la prioridad que se le dé. Si realmente quieres tener una biblioteca acorde con tu ciudad, si quieres cumplir o no la ley», concluye la responsable, a la que no puede evitar preguntarle qué le sugiere la implicación de otros concellos de la comarca, como por ejemplo Narón, con sus bibliotecas: «Envidia sana, porque hacen una labor impresionante, han hecho una apuesta maravillosa y bienvenida sea. A veces tenemos que mandar usuarios allí cuando nos servicios que aquí ya no tenemos, como la impresora». Eso sí, recuerda que la de Ferrol es la única que se mantiene con personal 100 % público y todavía resiste a las privatizaciones. ¿Por cuánto tiempo?

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