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«Que no se calle la gente ante las injusticias que se cometen en la sanidad»

MARTA CORRAL | Ferrol | Viernes 22 octubre 2021 | 7:26

Al fin, después de 22 días de vergonzosa espera, el padre de Rocío —cuya historia contamos aquí— era trasladado al Hospital Clínico de Santiago de Compostela el jueves 14 de octubre. El caso de este naronés, expuesto desde estas páginas y llevado al Parlamento gallego de la mano del BNG, provocó una oleada de indignación. Una de esas personas que se indignó y también se sintió identificada fue Adela.

Ella nos llamó para que le trasladásemos a Rocío unas recomendaciones, de familiar afectada a familiar afectada, y nos relató el calvario que lleva viviendo con su marido desde el pasado mes de mayo. El Bloque también incluyó su caso en la Propuesta no de Ley que han trasladado a la cámara gallega. Nosotros quisimos quedar con ella para que nos contase de primera mano qué estaba ocurriendo.

Con antecedentes de negligencia en el área de Ferrol que afectaron a su padre y a ella misma, Adela lucha ahora por saber realmente el estado de su marido; sin embargo, me deja claro que no quiere ser protagonista, que ella únicamente quiere contar su historia «para que la gente no se calle ante las injusticias que se cometen en la sanidad, para que reclamen, protesten, luchen».

Un ictus que podría volver a suceder

A su familia la vida le cambió en 2017, cuando su marido sufrió un ictus. Él tiene 49 años y un cuadro clínico complejo que contempla diabetes, hipertensión, obesidad, hemiparesia y deterioro cognitivo, entre otras patologías. El pasado 4 de mayo empezó a notar una visión borrosa y saltaron todas las alarmas. Comenzó entonces un periplo de médicos entre oftalmólogos y neurólogos que, en algunos casos, han derivado en un auténtico maltrato por parte de profesionales sanitarios.

En septiembre su marido seguía perdiendo visión, ingresando finalmente el día 22 y confirmándose también una pérdida de oído, pero siguiendo a la espera de un TC cerebral que arrojase luz sobre las causas del deterioro. Harta de la espera, Adela puso una reclamación cinco días después y logró reunirse con la dirección médica de Arquitecto Marcide. Dos días después le realizaron la prueba, les aseguran que «aun» no hay daño cerebral y los mandan para casa.

Vigilancia continua

«Nos dicen que evite esfuerzos y se me explican datos de alarma que yo tengo que controlar. Me dicen que mi marido está grave, que haga reposo y que mantenga vigilancia, a la vez que nos dan una cita para el 5 de octubre en el comité de carótidas de A Coruña. Por un lado, me dicen que tengo que mantenerle la tensión alta, por otro me dicen que eso sería una condena para él. El médico de familia nos confirma la gravedad del caso», recuerda, explicando que finalmente la consulta con el especialista coruñés se aplaza hasta el 14 de octubre a pesar de la urgencia del caso.

«Vivir así es angustioso, es un sin vivir, es tener la bolsa preparada para salir en cualquier momento, es vigilarlo constantemente por si ves un gesto en su cara que te haga sospechar que algo está ocurriendo», lamenta Adela, emocionada, confirmando que ella ha tenido que dejar todas sus actividades para cuidarlo las 24 horas con la ayuda de su hija y a punto de relatar el mal trago que pasaron en la consulta de A Coruña.

La deshumanización sanitaria

«Nos encontramos con un médico deshumanizado, sin ninguna empatía, que nos recibe diciendo que le está haciendo un favor al Área de Ferrol», critica ella. Les confirma el profesional que la carótida está casi obstruida y les emplaza para una cirugía que entraña riesgos valorados en un 5 %. Estarán en una lista de al menos tres semanas porque, a pesar de lo dicho por otros facultativos, este no ve que su marido esté grave e incluso les dice que «está grave como tantos otros pacientes».

Añade que «no hay motivo para operarlo antes» y que «puede hacer vida normal». Adela estalla, desesperada, presa de la impotencia porque no sabe qué hacer y a quién creer. «Necesito que alguien me aclare la situación, si tengo que vigilarlo o no, si puedo hacer vida normal. ¿Quieren volvernos locos? ¿Saben lo que es vivir en angustia? Me recuerda a lo que pasó con mi padre hace 15 años, que murió pendiente de una intervención que no llegó a tiempo», confiesa ella.

Con la indefensión lógica que sentiríamos estando en su piel, Adela no tira la toalla. Sigue a la espera de que les llamen para el preoperatorio aunque fueron varios los profesionales que han certificado que sí existe riesgo de infarto cerebral hasta que se produzca la intervención. Agradece ella la humanidad de otros profesionales que sí se han implicado en su caso y continúa su lucha para agilizar la entrada de su marido en el quirófano.

Un comentario

  1. Sanidad PÚBLICA SIEMPRE ¡¡¡¡

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