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¿Quién se viene conmigo?

JOSÉ BARCIA TUCCELLI | Motivación para el cambio| Lunes 6 mayo 2019 | 9:49

¿Quién se viene conmigo? Es la gran pregunta que señala la capacidad de atracción del proyecto de líder en cualquier película en la que un grupo de personas tiene que decidir qué hacer para seguir adelante. ¡Yo me voy contigo!. La elección del que da un paso al frente intentando crear la corriente de opinión favorable hacia ese líder emergente.

Estamos rodeados de líderes en diferentes niveles y contextos, y también saturados de otros muchos que desean ser elegidos para ostentar ese rol. Un ejemplo fresco y actual sería el período electoral en el que llevamos unas semanas y que se prolongará a lo largo de otras tantas todavía. Muchas personas que se ofrecen para ponerse al frente de proyectos de mayor o de menor envergadura, a nivel supranacional, nacional o local. Y al mismo tiempo, escuchamos de forma recurrente que estamos huérfanos de liderazgo. También el liderazgo en la empresa, en la educación o en el deporte.

En deporte de competición, ¿quién es el líder?. Podríamos hablar mucho acerca de ello, pero vamos a centrarnos en aquella persona a la que se le ofrece de partida ese rol, el entrenador principal.

El líder debe de, como poco, saber motivar a su grupo y a cada uno de los miembros de su equipo. Motivar es mucho más que arengar en un momento concreto, y por supuesto que es mucho más que desgañitarse en una banda o tirar la pizarra en un tiempo muerto mientras te pones como una fiera buscando una reacción.

Liderar implica saber mostrar un objetivo claro y el camino que se ha escogido para alcanzarlo, implica despertar el interés, el entusiasmo y la voluntad de cada uno de los miembros del equipo para que se esfuercen al máximo en su búsqueda; y sobre todo requiere de la habilidad para saber manejar los distintos momentos por los que va a trascurrir la temporada.

Porque ser líder cuando todo va bien es muy sencillo, pero la capacidad real de estas figuras se mide cuando comienzan las dificultades. Si nuestro líder comienza a mirar hacia todos los lados y a buscar culpables cuando empieza la tormenta, mejor es buscar resguardo en un sitio alejado.

El líder debe de saber manejar el discurso, la comunicación tanto dentro del grupo como con el exterior, y aquí tenemos una particularidad que no queremos dejar de señalar, y es la del esfuerzo. El esfuerzo y la constancia son básicas para alcanzar cualquiera de nuestras metas, pero tendremos que tener muy claro que en deporte de alta competición al menos, con eso no basta. No llega con que nuestros jugadores “suden la camiseta” o se “dejen todo” en el empeño. Eso ya se presupone y quien no lo haga no puede participar del proyecto.

La perversión viene cuando tras las demostraciones de esfuerzo se esconden las carencias de ese mismo proyecto o la capacidad discutible de los líderes. Dice un entrenador de fútbol muy conocido que le estamos pidiendo a los futbolistas que peleen, que corran y que demuestren su esfuerzo hasta la extenuación; y con eso tapamos las carencias en su juego o en la preparación táctica o estratégica del entrenador.

En los deportes de equipo, en los deportes colectivos, lo importante, lo que marca la diferencia es la ocupación del espacio, el ser capaces de ver los espacios que dan ventaja, saber ocuparlos antes que el rival y sacarles rendimiento. Por supuesto que hay que disputar con empeño cada balón pero eso no es lo que marca que seas o no un buen jugador o un equipo bien trabajado.

Correr y pelear no lo es todo en los deportes de equipo; sin embargo la grada alienta a quien corre desde el primer minuto y termina extenuado. ¡Con lo que cobran!. Y eso lo trasladamos a nuestros equipos cercanos. ¡Lo dimos todo!, repiten entrenadores y jugadores que terminan vacíos por el esfuerzo y la tensión, e incluso llorando tras las derrotas. Los aficionados, como si fueran las madres y los padres de todos ellos, aplauden porque lo han intentado. Eso está bien en deporte en edades formativas, en las escuelas deportivas en las que se forma a personas antes que a deportistas de competición; pero cuando ya estamos en niveles altos de rendimiento, cuidado con alentar únicamente a los equipos que corren como posesos sin mayor plan que la épica en cada envite.

El liderazgo, que es de lo que estamos hablando, se verá cuando en los momentos críticos, alguien es capaz de dirigir los esfuerzos hacia un lugar en común, cuando es capaz de desescombrar el camino para ver por donde ir. Gritar, gesticular, señalar a los árbitros, poner en evidencia a los jugadores cuando fallan, apelar constantemente a decisiones o a acciones de otros o justificarse en la suerte, nos debería hacer pensar acerca de si nuestro barco tiene a alguien en el timón o si va a la deriva.

¡No queremos confundir a nadie!, solamente hablamos de deporte.

José Barcia Tuccelli es licenciado en Educación Física y en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo del ejercicio físico, la salud y el deporte de rendimiento. Para más información podéis visitar su página de Facebook.

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