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«Quienes viven en edificios de Ucha saben que habitan un espacio con una belleza especial»

Pardo se asoma a la calle Real desde la ventana del Casino para ver otro de los edificios de Ucha (foto: Alicia Seoane)

Texto: MARTA CORRAL / Retratos: ALICIA SEOANE | Ferrol | Viernes 11 junio 2021 | 12:47

José Pardo completó el puzle el día en el que una de las hijas del arquitecto Rodolfo Ucha recordó que su padre tenía una peonza y dijo que creía que su hermana la guardaba. «Ahí me di cuenta de que todo encajaba, de que tenía el título, y de que debía darle la vuelta a todo porque había encontrado la metáfora perfecta», recuerda el fotoperiodista de La Voz de Galicia que este viernes inaugura en el centro cultural Torrente Ballester la exposición A Buxaina de Ucha, una prolongación de su libro y un homenaje a la herencia inmaterial que nos legan nuestros padres.

Una peonza, en el caso de las hijas del arquitecto, y una partitura en el caso del propio José, que son mucho más que objetos cotidianos porque esconden la esencia de los que ya no están. Este jueves me colé en el montaje de la muestra en mitad del trajín. «Yo quitaría esa luz de ahí». «¿Este cartel dónde quieres que vaya?». «Estas letras van aquí, en la esquina superior derecha». «¿Os molesta si voy pasando el aspirador?». El fotógrafo se mueve entre el personal del Torrente sabiendo exactamente lo que quiere hacer con sus retazos de escenas cotidianas, vidrieras, baldosas, galerías, escaleras.

Ha sido el maestro Vari Caramés el que se ha echado a la espalda una vez más, como también hizo en la exposición de Jorge Meis, la tarea del comisariado. El trabajo empezó el pasado mes de diciembre porque, en un principio, el estreno iba a ser en enero. «Nombrar a un comisario te ayuda a descansarte y a aprender lo que hace él con tus fotos. Aprendes un montón. En el libro sigo un discurso muy claro: llegas, te presento el sitio, entramos, salimos. Y así durante 50 edificios. Él me pidió romper ese discurso y le dije que sí, que estupendo, que jugara con las fotos a su manera y que disfrutara de poder moverlas a su aire. Aquí venimos a pasarlo bien».

Pardo, no obstante, no es fotógrafo de exposiciones sino de objetos tangibles que perduran. Fotodecó y Desprotección itineraron en varias salas hace casi una década, pero explica que se decantó por los libros por un motivo claro: «Me di cuenta de que, por ejemplo, esta exposición se va a cerrar el 8 de agosto y voy a meter las fotos en un almacén sin saber cuándo voy a volver a exponerlas. En cambio, el libro va a tener un recorrido muy diferente, que va a durar años. Me sorprende ver que el de A Magdalena, que es el primero así grande que hice, sigue estando el librerías y hay gente que lo descubre ahora cuando se hizo hace 11 años».

Su nuevo libro está editado por la Diputación de A Coruña y cuenta con la colaboración del Concello de Ferrol, que ha adquirido también ejemplares para que sea uno de sus obsequios institucionales. Fue el alcalde, Ángel Mato, el que se empeñó en que A Buxaina de Ucha se convirtiese también en una muestra. «Desde el primer momento yo ya dije que era un libro dedicado a mi padre, que había una música de mi padre que me gustaba mostrar y la exposición me daba juego para meter un audiovisual. Por eso escogí esta sala del Torrente en la que, al tener un murito, siendo la más íntima, podremos ver un vídeo donde se escucha esa composición y también a las hijas de Ucha, Lucila y Clara, esta última fallecida hace poco».

Manolo Pardo, el padre de José, falleció en septiembre de 2019 dejando un inmenso vacío en la gente que le quería y en el mundo de la música ferrolana del que había sido pieza fundamental desde sus primeros años de juventud. Durante el tiempo que pasó enfermo, su hijo compartía con él los entresijos de este nuevo trabajo en el que estaba enfrascado sobre el que fuera arquitecto municipal. El músico le dedica entonces una partitura para piano que, sin saberlo, sería otra pieza fundamental para que el puzle encajase finalmente a la perfección.

«Mi padre deja su música hecha y yo lo grabo a él, ya estando enfermo, tocando la partitura», recuerda Pardo, que pidió después varias versiones al maestro Narciso Pillo, amigo personal de Manolo. «El libro era una forma de compartir cosas con él, de estar con él porque estábamos juntos bastantes horas. Yo le hablaba de fotografía, él de música… No ibas a hablar de la enfermedad. Me ayudó a estar con él. No era una persona muy habladora y esto sirvió de excusa para entrar en conversación con él de cosas no tan importantes ni trascendentales, como sí lo era el momento que él estaba viviendo».

Aunque el libro está dedicado a su padre, que no pudo verlo terminado, el audiovisual va dedicado a la memoria de Clara. «Cuando arranqué el libro en 2015 lo primero que quise fue conocer a las hijas vivas y la primera reunión fue con ella. Me acompañó Paulo Alonso Lois, que después escribió uno de los textos, y también estaban sus dos hijas, las nietas del arquitecto. Fue entonces cuando me dice que existe una peonza y todo encaja. La peonza gira, la vida sigue girando, la vida de ellas gira en torno a los recuerdos de su padre y abuelo, y la ciudad gira en torno a la obra de Ucha. Supe entonces que tenía el título del libro».

La peonza la tenía Lucila, la otra hija, y empezó con ella otra entrevista que podremos disfrutar en el audiovisual. «Pero me surge entonces lo de irme a Palestina y eso me hace pararlo todo, me obliga a dedicarme a otro proyecto, muy interesante, como es hacer trabajo arqueológico. Entonces voy parando, después sigo, y estoy unos cinco años fotografiando casas». Al final, lo que podría parecer una desventaja se convierte en un elemento fundamental del trabajo de José.

«Me ayudaba enfrentarme a cada edificio habiendo pasado mucho tiempo por el medio, que también tienes la mente más fresca. De otra forma me habría agotado. En el libro son medio centenar, pero quedaron fuera una veintena de viviendas. Al final, a lo que te tienes que enfrentar y lo más difícil es saber diferenciar lo que sería un trabajo de un historiador o un documentalista. No, yo soy fotógrafo. Había un edificio que me hubiese gustado sacar, pero si la foto no me llenaba había que dejarlo fuera. Te enfrentas a un trabajo un poco de investigación pero no tienes que olvidarte de que lo que eres es un fotógrafo».

Se quita méritos Pardo con estas palabras, pero él ha descubierto en estos años edificios de Ucha que nadie sabía que lo eran. Y lo hizo en su afán de no estar «sacando siempre los más espectaculares, llamativos, en los que más libertad le dieron o donde había más dinero». Aclara que, a pesar de ser un libro institucional, «hice el trabajo que yo quería hacer y eso siempre lo agradeceré mucho»; sin embargo, para curarse en salud quiso que tanto la Diputación como el Concello lo viesen antes: «Sabes que quien te está editando quiere con tu obra vender la ciudad y te entran dudas, por ejemplo, a la hora de meter fotografías de espacios que no están rehabilitados».

Nadie puso ni una pega y Pardo ha podido mostrar, entre otras cosas, el magnífico esqueleto de unas escaleras de la época despojadas de su recubrimiento. Y es que el fotógrafo lo que pretendía era enseñar los espacios del genio, sí, pero habitados por quienes los habitan ahora: «Me llamó la atención que casi todos eran muy conscientes de que vivían en un edificio de Ucha y que estaban muy contentos de vivir en un edificio que para ellos tiene una belleza especial, todos la tienen. Ya no solo por las formas, que siempre nos quedamos en esa forma exterior, sino por los suelos hidráulicos que tienen en el portal, las barandillas, la escalera, la forja de los balcones…».

Además del periodista Alonso Lois, compañero de Pardo en las páginas de La Voz que ofrece en el libro una maravillosa pieza literaria para acercarnos al ámbito más íntimo y familiar de Ucha, el que es ahora arquitecto municipal de la ciudad, el ferrolanísimo Felipe Cotovad, acompaña con un texto de cariz más técnico para completar el círculo. «Este libro es una aportación más para homenajear su legado, el reconocimiento es muy importante y creo que en eso ayuda mucho que la suya sea una familia que mantiene una unión muy grande, que conserva ese apellido, que muchos descendientes han continuado el oficio siendo arquitectos y aparejadores».

Reconociendo que la familia es «súper acogedora, siempre abierta a que la gente pueda investigarlo» y que eso ayuda a que proliferen trabajos sobre Rodolfo Ucha, Pardo va más allá y confiesa que «si oyes hablar a sus hijas descubres la jovialidad que debía tener su padre, ya no solo por las historias que cuentan ellas de él sino por cómo se ríen. Tenemos la herencia y la genética de nuestros padres. Ves lo dicharacheras que son con esa edad, con ese carácter juvenil, y cómo cuentan anécdotas de su padre. Te transportan a lo mismo que están viendo ellas, a sus recuerdos, y descubres un poco la figura del hombre que no conocimos detrás del arquitecto».

José Pardo no vive en una casa de Ucha, pero le gustaría. ¿A quién no? «La Casa Romero es como un sueño. No podría decirte ninguna en especial, pero esa me impresionó. Es impresionante en su exterior, lo grande que es, pero también en el interior: la escalera, los acabados interiores. Y me impresiona que la haya hecho con 27 años. La madurez y el atrevimiento siendo tan joven». A Buxaina de Ucha —que también se puede adquirir en librerías— no es solo un libro de fotografías y de arquitectura, yo lo veo más como una historia de herencias. La de un arquitecto a una ciudad, la de un padre a su familia y la de un músico a su hijo. Un motivo de orgullo, una peonza y una partitura.

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