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Rafael Saura, escritor: «Si hay un 20 % de desempleo, hay que reducir un 20 % de la jornada laboral»

MARTA CORRAL | Ferrol | Miércoles 18 diciembre 2013 | 11:12

No lo conocía personalmente; pero sí había visto algunas fotos suyas. Reconocí a Rafael Saura (Ferrol, 1956) mientras caminaba por la calle Magdalena y miraba el escaparate de una ferretería. Llegaba antes de tiempo y yo -aunque hace un par de años ni me lo hubiese creído-, también. El Zucre nos sirvió un descafeinado de máquina y una manzanilla, sentando a dos tímidos obligados a olvidar su timidez, uno frente al otro.

Saura me hablaba de sus rutinas de escritor solitario, de la necesidad del silencio. Esta tarde se presenta en la galería Sargadelos, a las 19:30 horas, su último libro, El paradigma: Por qué somos como somos los de clase media. Una excusa perfecta para que Ferrol360 conozca al escritor ferrolano, para descubrir al sueño de todo entrevistador, a un conversador nato, a un disidente.

FERROL360 – Menos de dos meses y 103 páginas editadas, ¿es un libro exprés o tenía más que meditados todos los conceptos?
Rafael Saura – Lo tenía en la cabeza. Había discutido con amigos mil veces y descubrí con eso el porqué de la crisis y cómo salir de ella. Descubrí que el factor común era lo que yo llamo ‘el paradigma’ y me sirvió para darle estructura. En cuanto lo descubrí, en mes y medio me ventilé el libro. Algo inaudito en mí, porque normalmente me llevan un año o dos. La chispa fue, sorprendentemente, una discusión del Facebook. Empecé a escribir la respuesta y, cuando llevaba demasiado texto, me di cuenta de que había un libro ahí. Eso me sorprendió.

También descubrí que hay preguntas que no tienen una respuesta simple, que hay cosas que no se pueden contestar en un folio. Aunque el libro sigue siendo corto, el formato de ensayo es cortísimo, necesité las 103 páginas para responder a esto.

360 – ¿Por qué somos como somos los de clase media?
RS – Lo que está pasando, en gran parte, es culpa de la mentalidad de la clase media. No es al 100 % porque incluso la mentalidad de la clase media está dirigida, manipulada y creada deliberadamente por el mundo del dinero. De hecho, este es el núcleo del libro: cómo pensamos así, por qué pensamos de forma industrial.

La industria nos mete en la cabeza una forma de pensar íntimamente ligada al dinero, incluso llegamos a valorar a las personas por su capacidad de producir. Por ejemplo: un broker de estos muy agresivos, que normalmente se dedica a destruirlo todo, es un señor muy importante porque produce y gana mucho dinero; sin embargo, el ama de casa -que sería uno de los extremos opuestos- es la última carta de la baraja porque no tiene valor industrial. Tiene un enorme valor desde un punto de vista humano y es la gran despreciada porque la industria no le ve más valor que el de consumidora de productos. En general, nosotros, la clase media, lo vemos así.

Estamos totalmente dirigidos. Nuestro ocio es el consumo, las catedrales del siglo XXI son los centros comerciales, las vacaciones si son pagadas les damos más valor que si sales por libre y, si te das un paseo por As Fragas do Eume, como esto es gratis, debe ser una porquería. Somos robots manipulados.

360 – ¿Somos conscientes de esa manipulación o vamos a la deriva sin darnos cuenta?
RS – No somos en absoluto conscientes. Uno de los extremos máximos de este fenómeno es el crédito. La industria necesita vender, incluso vender aquello que aún no produjo e incluso a gente que no tiene dinero para comprarlo. Te meten en la cabeza: «Tienes que comprarte un coche de 150 caballos». Tú, que realmente eres un dominguero, que vas de aquí a Valdoviño y poco más… Y aunque no tengas dinero, no te preocupes, ya lo tendrás. Entonces pedimos el préstamo que nos hipoteca la vida y estamos funcionando como quiere que funcionemos el vendedor. Desde que entras en el jardín de infancia, ya se te prepara para ser un ciudadano estándar.

360 – ¿Todo el proceso comienza ya en la escuela?
RS – La propia escuela funciona como la industria. Todo está en la misma dinámica. La escuela que sigue los planes del Ministerio, es un modelo que nace en el siglo XIX en Alemania, en Prusia. Nace porque después de la guerra contra Napoleón descubren que no tienen un ejército disciplinado y lo necesitan. Entonces crean un paradigma y lo exponen en la escuela, de forma que cogen un niño que tiene procedencias diversas y lo educan para que sea sobre todo disciplinado, tenga una idea común del mundo; los normalizan, los estandarizan.

Entran a la escuela niños con capacidades diversas, con inquietudes diversas, con creatividad… y todo eso lo pasan por un filtro y destruyen todo aquello del niño que no interesa al Estado. Necesitamos un niño nacionalista, que crea en la gran patria alemana, un niño que si habla mucho lo mandamos callar, si habla poco lo mandamos hablar, si es muy juguetón le mandamos parar y, si no se mueve, le mandamos moverse. Al final, el éxito de la escuela es sacar un producto que es un niño estándar, convencional, que defiende los valores colectivos, un buen soldado, un buen obrero, obediente, no crítico.

360 – Y nosotros hemos copiado ese modelo de estandarización.
RS – Aquí sigue pasando igual. Niños con unas potencialidades enormes se malogran antes de alcanzar la adolescencia. El niño igual es un pintor en potencia o un músico, pero eso al profesor le importa un rábano y lo va a reprimir.

El paradigma es todo este conjunto de prejuicios, porque al final lo que hacen es llenarnos de juicios previos. Cuando llegamos a la adolescencia, por fortuna, nos cuestionamos el paradigma infantil -no todos, hay gente que se muere con él- y a veces tenemos la suerte de que, a pesar de toda esta política de castración intelectual, salen personas críticas; pero son una minoría y son los bichos raros del sistema, que incluso los repudiamos. Son los que yo llamo ‘disidentes’ y sólo ellos serán capaces de cambiar las cosas.

360 – ¿Nos dan miedo?
RS – Preferimos lo uniforme. Ver entrar por aquí a un individuo estándar, casi invisible, ese nos parece respetable; lo que se salga de la norma nos provoca un rechazo, porque no es de los nuestros. Respondemos a un sentimiento tribal y el paradigma nos alerta del peligro.

Rafael Saura en la imagen promocional de su nuevo libro (foto: cedida)

Rafael Saura en la imagen promocional de su nuevo libro (cedida)

360 – ¿Sólo ellos podrán cambiar el modelo establecido?
RS – Hay una tercera categoría: ‘enemigo del sistema’. Un ejemplo sería Nelson Mandela. Es un señor que fue un subversivo; de hecho, ‘subversión’ es que le quieres dar la vuelta a la tortilla, quieres transgredir el paradigma dominante. A estos consiguen denigrarlos y que al final los veamos como peligrosos; hasta que se produce el cambio y el sistema los fagocita.

Mandela se pasó 30 años en la cárcel, dejado de la mano de Dios de todo el mundo; una vez que se produjo el cambio, ya no solamente lo aceptamos, sino que es un ejemplo. Mandamos cinco reinas, veinte jefes de Estado y es el gran Hombre.

360 – ¿Siguen quedando ‘enemigos del sistema’?
RS – Ahora mismo hay unos héroes entre nosotros: Julian Assange, Edward Snowden, Jordi Évole… individuos que lo están rompiendo y nos alumbran; que son absolutamente necesarios, porque sino de aquí no salimos. Porque los partidos políticos al uso no tienen respuestas para esto, porque son el sistema. En España no hay un sólo partido político que tenga la menor idea de cómo salir y, si la tiene, no le interesa, porque pasaría por su suicidio político.

360 – ¿Cual sería la solución, el camino a recorrer?
RS – Al final propongo un paradigma alternativo, que es la tesis del decrecimiento. Es una corriente de pensamiento que nació en Francia a manos de Serge Latouche. Allí es un movimiento que tiene muchísimos seguidores. En España hay dos o tres asociaciones, una en Madrid, otra en Valencia y otra en Asturias; pero no tiene el mismo peso que en Francia. El decrecimiento aboga por romper con una de las grandes falacias del paradigma que es el crecimiento.

360 – ¿Por qué se trata de una de las grandes falacias?
RS – Los procesos industriales cada vez tienen menos intervención humana, ¿cómo se suple el terreno que nos come la tecnología? Aumentando la producción. Produzco más y empleo más mano de obra; pero esto lleva a la locura absoluta, a producir por producir. A venderte tonterías, aparatitos electrónicos nuevos cada dos años.

Hay una cosa que está clara: si sobramos del proceso productivo, lo que no se puede entender es una sociedad en la que sobre el hombre, es demencial. Si algo sobra, no puede ser el hombre, son las jornadas. Si hay un 20 % de desempleo, hay que reducir un 20 % de la jornada, así de claro. En vez de ocho horas, seis. Antiguamente no había un número de horas de jornada, se trabajaba de sol a sol y punto. Eso cambió y no pasó nada. Antiguamente sólo se libraba el domingo; después se impuso la jornada inglesa, descansando también el sábado, y no se acabó el mundo. Hace 40 o 50 años el trabajador de la Bazán no tenía vacaciones y después se redujeron las jornadas. ¿Se acabó el mundo? No. Pues ahora hay que pegarle otro bocado.

360 – No es una tesis muy popular…
RS – Incluso voy más allá, aunque sé que a alguna gente no le gusta nada. Yo no creo en la jubilación. Creo en que, efectivamente, un señor que tiene ya una edad no tiene que trabajar porque puede que ya haya cumplido con creces; pero si reducimos la jornada, puede que yo no esté tan quemado como para necesitarlo.

Creo en la jubilación paulatina o parcial. Por ejemplo, el pescador de toda la vida salía a altamar mientras el cuerpo se lo permitía. Cuando no podía más, se volvía para el muelle y remendaba redes o salía a coger unos chocos, o iba a buscar la carnada o a la lonja… pero no de un día para otro se le decía «usted sobra». ¿Cómo sobra? Pasamos de trabajar ocho o diez o doce horas en plena actividad y al día siguiente nada. Sobramos; pero no sobramos, hay que mantener a esa gente a base de impuestos y de trabajar más horas de las que debiéramos. La población activa está manteniendo a todo el resto. Si trabajásemos todos, posiblemente ganaríamos algo menos, tendríamos menos impuestos y trabajaríamos todos. Nadie supondría una carga.

360 – ¿Está seguro de que eso cambiará?
RS – Vivimos en una sociedad en la que una pareja en edad de reproducirse no puede tener un hijo porque no tiene un empleo estable, porque no puede pagarse la vivienda… pero ¿qué mierda es esta?, ¿qué mundo es este? Este sistema de valores estoy seguro que tiene que cambiar, no tiene futuro. No sé cuándo, pero se reducirán las jornadas.

?Sabes lo que es ver el libro en un escaparate? Central Librera (foto: Marta Corral)

¿Sabes lo que es ver el libro en un escaparate? Central Librera (foto: Marta Corral)

360 – ¿Necesitamos a alguien que nos guíe?
RS – Lamentablemente, no hay líderes. Yo soy de esas personas que creen que necesitamos los líderes, porque por nosotros mismos somos absolutamente pasivos. La clase media es pasiva. Cuando te dicen «aquel es un activista», te asustas; pero es que un activista es lo contrario que un pasivista. Necesitamos esos activistas y su liderazgo.

360 – ¿Y nunca se planteó poder ser usted el que arriesgue y pueda guiarnos?
RS – No valgo. Tanto para la política como para el sindicalismo se requieren unas condiciones y yo no las tengo. Cada persona tiene capacidades distintas. Al nacer nos dan una mano de naipes, yo llevo ases y unas cartas más malas; puedes ser bueno para un determinado tema y malísimo para otro. Yo no valgo para la política, entre otras cosas porque soy una persona muy apasionada. No soy frío, no sería buen jugador de póker porque yo me enfado, me entusiasmo y esto no vale.

360 – Pero nadie realmente válido quiere asumir esa responsabilidad, pocos tienen esa mentalidad de servicio.
RS – No hay una conciencia de servicio ni una masa crítica. La demanda social -aunque ya empieza a serlo- no es tan urgente. Necesitamos una chispa. Alguien que abandere esto y diga «este es el camino». Si esto no ocurre, lo terrible es que puede venir un líder nefasto de corte fascista o ultraizquierdista, que tanto monta. Aspiro a que el cambio sea de tipo democrático; revolución sí, pero no sangrienta ni violenta. Ese no es el camino; el camino es la democracia, porque hay muy poca.

360 – Para eso ¿la clase media debe cambiar?
RS – La clase media tiene que cambiar, porque somos muy manejables, muy sumisos, muy insolidarios… No digo que sea fácil. Nos piden continuamente que tenemos que ser competitivos; pero no tenemos que serlo, tenemos que ser colaborativos. Competir consiste en «quítate tú que vengo yo» y estamos derrochando energía, debemos colaborar. Nos han metido en una locura, que es lo que critico en mi libro.

360 – ¿Cuál es la clave del cambio de la clase media?
RS – Hay que desaprender. Nos han enseñado una serie de cosas que no sirven y que nos hacen enormemente infelices. Somos una civilización que nos creemos deslumbrados por la tecnología, creemos que estamos en la cima de los tiempos, pero en cuestión de felicidad no hemos tenido éxito. A los bosquimanos los vemos como seres inferiores, pero todos tienen su papel, tienen todos la misma consideración social y a nadie se le ocurre decir que sobran personas. Pueden repudiar a un asesino, a un indeseable, pero el resto de la gente está perfectamente integrada desde que nace hasta que se muere.

360 – ¿Es fácil darse cuenta de la manipulación a la que estamos sometidos?
RS – Estamos totalmente narcotizados. Le hablas de esto a la gente y dice: «¿Qué dice este tío? Si no hay duda ninguna de que hemos llegado a lo más». Dudar no se lleva. Creemos que las preguntas tienen una única respuesta. Aceptamos dogmas y leyes, sin cuestionarlos. Somos marionetas y defendemos serlo. Sustentamos y apoyamos el poder. Lo último que quiere la clase media son revoluciones. No olvidemos el contrato social de Rousseau. Nosotros le decimos al poder: «Tú me dejas vivir y tener un nivel de bienestar aceptable y yo voy a ser manso, obediente y disciplinado hasta la muerte». El poder hasta ahora lo aceptaba, pero se está rompiendo el pacto social y se está destruyendo la clase media.

360 – Un poco todo esto va por la sensación de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades…
RS – Yo no he vivido por encima de mis posibilidades. Hay gente que lo ha hecho. Hay otro fenómeno, gente que quiere que el Estado le proteja de sí mismo; es decir, hay gente que se ha hipotecado de una manera imprudente, en cosas que no necesita, y que ahora quiere que el Estado le proteja de sus propias decisiones, lo que viene a ser como declararse menor de edad. Decir: «Soy menor de edad, soy idiota; por favor, tutélame». Y así nos luce el pelo, somos como ganado.

360 – No es fácil que las personas acepten esto.
RS – Ser crítico y cuestionar las cosas conlleva un poco de soledad. Se siente uno más arropado siendo del Madrid y del PSOE, siendo nacionalista… sintiendo que pertenece a algo, que alguien le respalda porque no es el único. La soledad se nota, yo la noto; no tengo muchos amigos con los que pueda hablar de esto, no porque sean tontos -que aquí tontos no hay-, porque no son críticos.

360 – ¿Qué espera de este libro?
RS – Espero que el libro sirva un poco para el debate, ese es mi interés. Me gustaría que llegara a la política, aunque tengo muy poca esperanza. Que se dieran cuenta los partidos políticos de que hay un camino a seguir, aunque para ello tengamos que renunciar a ciertas cosas, para buscar la cohesión social, la salud social. Me gustaría llegar a más lectores, porque uno, por encima de todo, quiere que lo lean.

360 – El tema digital garantiza esa difusión de un modo más sencillo y usted siempre ha apostado por el libro electrónico.
RS – El libro electrónico es un mundo que está naciendo y el pirateo nos está machacando. A mí no es que me moleste que me pirateen, porque te vuelvo a decir que me interesa que me lean; pero, claro, la creatividad se tiene que pagar. Lo que no vale es que un libro electrónico valga diez o veinte euros; tendría que valer dos o tres euros, nada más. Yo, de hecho, tengo dos libros a 85 céntimos y todos los meses voy vendiendo libros; más bien, alguien va descargando mis libros.

360 – ¿Qué significa para Rafael Saura que lean sus libros?
RS – Para mí esto es lo más de lo más. ¿Sabes lo que significa que haya un editor dispuesto a gastarse su dinero en tu libro? Esto es gigantesco. ¿Y sabes lo que es ver el libro en un escaparate? El accésit que gané con mi primera novela fue un sueño con el que no contaba. Me tocó la lotería y me abrió muchas puertas.

360 – Empezó a escribir tarde y supongo que es más difícil imaginarlo…
RS – Fui un escritor tardío y mi gran descubrimiento lo hice con la muerte de mi padre, que me produjo una conmoción absoluta con 36 años. Eso me llevó a escribir, junto con la existencia del ordenador y de internet. Estoy convencido de que internet va a acabar con esta era, de igual forma que la imprenta acabó con la Edad Media. Ahora un simple soldado raso en una cárcel de Afganistán hace un vídeo y el Gobierno de EEUU queda fuera de juego.

360 – Hay quien dice que internet nos sirve de parapeto. Nos hace verter nuestras frustraciones en las redes sociales y, lejos de ser un revulsivo, nos incapacita para la acción.
RS – Veo muy positivo que la gente pueda debatir y compartir esta rabia, porque el Mesías llegará. Mañana aparecerá ese líder, ese Mesías que yo estoy esperando e iremos detrás o iréis detrás -los jóvenes-, porque es verdad que sois los que tenéis que impulsar el cambio. Todos tenemos que hacerlo, necesitamos la experiencia del viejo y la rabia y la energía del joven. Aunque en Ferrol no hay queja, aquí es espectacular cómo responde la ciudad ante las movilizaciones, es impresionante.

360 – Entonces, ¿hay esperanza?
RS – Por supuesto, de eso no te quepa la menor duda. La capacidad de cambio del hombre es infinita. Soy muy optimista en todo.

360 – ¿Incluso siendo ferrolano?
RS – Incluso. Si conoces un poco la historia de Ferrol, esto no es lo más difícil que hemos superado.

Rafael Saura me ha regalado su libro, con dedicatoria incluida. Me he negado, pero me ha hecho una oferta que no he podido rechazar: yo acepto su libro y, a cambio, debo regalarle a alguien otro ejemplar. Un buen trato, sólo resta decidirme: ¿a quién le abriré los ojos?No se olviden, hoy a las siete y media de la tarde, en Sargadelos.

Saura dedicando su novela a Ferrol360 (foto: Marta Corral)

Saura dedicando su novela a Ferrol360 (foto: Marta Corral)

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