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Silvia Vilela, propietaria de El Marqués: «Somos un cofrade más»

Silvia Vilela a la entrada de su local, El Marqués.

MARTA CORRAL | Ferrol | Jueves 7 abril 2022 | 13:02

Por el momento, la cafetería El Marqués todavía no está incluida en la Ruta Cofrade que promociona la Junta de Cofradías y Hermandades, pero bien podría ser otro de los puntos de interés dentro de la Semana Santa de Ferrol. No en vano, este local situado en la esquina de María con Méndez Núñez, en plena plaza de Amboage, es uno de los epicentros de la bulla al encontrarse en un lugar privilegiado para que acudan a tomar el café desde las cercanas cofradías de Dolores y la Merced.

Durante todo el año se reúnen en El Marqués muchas personas vinculadas a la Semana Santa, pero en estos días una ya no es capaz de tomarse el desayuno con el habitual sosiego. No me importa, conste, tener que apurar el cruasán de París, porque unas calles llenas bien lo valen. Este miércoles, al habitual trajín de las jornadas previas, se suma además el ruido de los trabajos de los operarios en la entrada del local, arreglando unos adoquines como parte de las obras que han ido salpicando la ciudad de cara a la Semana Grande.

Silvia Vilela se sienta conmigo unos minutos, apurando un café cortado. Lleva diez años trabajando allí, tres de ellos como propietaria, y sigue teniendo la sonrisa intacta a pesar de los duros momentos que ha atravesado la hostelería durante estos dos años. Ahora, se prepara para unos días en los que, dice con humor, «yo ya casi me quedaré a dormir aquí»: «Nosotros trabajamos durante todo el año, pero saber que viene la Semana Santa siempre te da un impulso, una ayuda para poder tener al personal contratado el resto de meses», confirma.

«Me siento una privilegiada»

En su caso, incide, «trabajamos con la Semana Santa desde enero, mientras que ellos vienen a ensayar y a prepararlo todo, pero estos 15 últimos días para nosotros es como si ya hubiese procesiones». Basta echar un vistazo para confirmar que varias de las mesas están salpicadas de cofrades y miembros de las bandas. Si El Marqués se mantiene habitualmente con dos turnos diarios, de dos personas cada uno, y cierra a las 23:00 horas, a partir de este fin de semana ampliará su horario y «habrá días en los que no cerraremos antes de las dos de la mañana».

«Con la terraza instalada, hay momentos en los que estamos cuatro o cinco personas y no llegamos», explica Silvia, confirmando que «tengo que contratar a más personal y estos días contaremos con una ayuda externa de tres personas más. Están hablando de que a lo mejor llueve, pero nosotros no nos podemos relajar porque, aunque llueva, ellos vienen hasta aquí, los cofrades y los familiares, y trabajamos igual; eso sí, estamos cruzando los dedos para que ojalá haya muy buen tiempo porque tienen muchas ganas».

Silvia nunca antes estuvo vinculada a las cofradías, pero reconoce que «me gusta mucho y procuro dejar un ratito para, al menos, asomar la cabeza cuando le vienen a cantar a la virgen», confiesa emocionada al recordarlo: «Debo tener algún recuerdo de cuando era pequeña, porque me encanta. Trabajamos como burros, pero siempre encontramos un huequito para verla salir o llegar», admite, sintiéndose una «privilegiada» por ser la dueña del local de referencia para los cofrades.

«Ferrol parece totalmente diferente»

«Intento ayudarlos en lo que puedo. Este año, además, tengo el bajo de aquí al lado vacío, porque estoy con reformas para ampliar la cafetería, así que se lo he ofrecido para que tengan las imágenes y les sea a ellos más cómodo. Los intento ayudar en todo lo que puedo. La Semana Santa es para todos y El Marqués está unido a las cofradías. Por ejemplo, estos días necesitan mucho café y nosotros intentamos vender un buen café y estar disponibles para ellos. Cuando cerramos, les petamos en el corralón y les dejamos unos cafés calientes. Somos un cofrade más».

Esperando descansar al menos un par de días después de que acabe la Semana Santa, Silvia también aguarda que estos días supongan un punto y final para la pesadilla vivida estos dos años: «La incertidumbre de irte cada día a casa sin saber lo que podrás o no hacer mañana, psicológicamente ha dañado a mucha gente, así que esperamos que esta Semana Santa nos dé ese impulso y esa alegría que tanta falta nos hace a todos».

«Nos sentimos muy queridos», resume Silvia, que ha sido testigo de muchos cambios en esta década, como las obras en la plaza de Armas que trasladaron el Encuentro a Amboage, desbordándolos de nuevo. «Ferrol cambia, parece una ciudad totalmente diferente. Simplemente ir por la calle Real y ver a mucha gente paseando, ver ambiente… Hay rutas turísticas también, porque la gente viene por la Semana Santa pero puede aprovechar para hacer otras cosas. A Ferrol le hace mucha falta convertir toda su tristeza en alegría».

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