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Sin salir de aquí: Cariño

Vista de Cariño desde el mirador de A Miranda (foto: Mero Barral / Ferrol360)

RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Cariño | Viernes 9 abril 2021 | 22:30

Guardián de uno de los pétreos laterales de Ortegal, Cariño emana como lengua de tierra que marca una frontera pacífica con el resto de Ferrolterra. En realidad, también con los demás municipios de su propio entorno inmediato. Su ubicación en el mapa invitaba a situar como lógica la independencia que logró en 1988.

Más de tres décadas han pasado desde que la localidad pesquera representó la primera segregación municipal de una Galicia incipientemente democrática. La lejanía con su cabecera, Ortigueira, era física y mental. En Santa Marta todo iba a otro ritmo y las demandas de un pujante núcleo económico no se tomaban en serio.

Por eso, el pueblo que arranca una sonrisa a cercanos y visitantes por nombre simpático es una mezcla efervescente de personalidad y belleza. Un territorio menos explorado, como ocurre en gran parte de esta franja más al norte de la península Ibérica, porque ir de paso no es una opción. La carretera que le une con Ponte Mera es un hilo indispensable.

Faro de Cabo Ortegal, en Cariño (foto: Mero Barral / Ferrol360)

También podríamos llegar a zona de Cariño desde Herbeira y, la verdad, sería una alternativa más impactante para los sentidos. La bravura del monte no podrá ser domada siquiera por las ráfagas que azotan y se abrazan al fiero cruce de mares de Cabo Ortegal. Le bastan el blanco y el rojo al coqueto faro, de cómodo acceso y de visita imprescindible.

Plena transición desde los acantilados de envergadura a las tierras algo más bajas que fluyen hacia la ría ortegana. Vegetación incontrolable junto a una torre de custodia marítima que recuerda que todo acaba y empieza allí, que deja claro que el océano merece respeto. Todo es sencillo en feudo cariñés, como la adecuada carretera a su gran reclamo para el foráneo.

Casi se huele desde allí el puerto pesquero, su casco viejo de viviendas coloridas detenidas en un tiempo en el que la villa sigue parcialmente sostenida. Porque su aroma a pescado fresco sigue impregnando las calles de bajada, el campanario de una iglesia eminentemente asociada a la cultura marinera.

Capilla de San Xiao do Trebo, en Cariño (foto: Mero Barral / Ferrol360)

El de Cariño es un nombre con mayúsculas en la relación de puertos de titularidad autonómica. Dársena consolidada por trasiego de producto de calidad o por la actividad vinculada de la mina local. Parece que está más resguardada porque se esconde en la ría, pero su rada ha sufrido en los últimos años una sucesión de zarpazos que han dañado sus estructuras.

Las olas siempre cogen desprevenido al respetable y aquí están acostumbrados los pixines, sus vecinos, a reponerse. Especialmente, a saber buscar alternativas en los momentos de dificultades. Pensar para saber cómo levantarse. Porque saben vivir bien, el legado de nueva cocina de su restaurante Marea o el prestigio de las conservas de La Pureza.

La firma, al borde de su primer siglo de vida, resiste incólume con sus mujeres envasando lo que el gran azul devuelve entre redes. De las sardinillas a la ventresca de bonito, en grandes envases redondos y con el amarillo como tarjeta de presentación. Su fábrica está en un recodo de su zona vieja.

Playa de Fornos, en Cariño (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Es mucho más lo que regala Cariño, como sus playas. Exóticas y vivas aunque estén algo más resguardadas de la esquina de Atlántico con Cantábrico, con Fornos como uno de sus estandartes. Figueiras no es menor e incluso entre la zona urbana y los límites que fija su cementerio irrumpe por sorpresa Peiral do Campo casi como cala secreta.

La discreta línea que trazan los tejados de sus casas de altura ondulante define a toda una localidad. Vida ganada al escarpado litoral del núcleo urbano, que se deja arañar por la espuma. No hay más prisa que la estrictamente necesaria en Crecente Veiga o Santos, donde las macetas o los faroles hablan de espacio conquistado a las preocupaciones.

La iglesia surge imponente en pleno descenso al tramo más moderno de la villa, donde las tonalidades también oscilan como guiño a las barcas que mece la ría. También escruta los movimientos de sus grandes embarcaciones y de la lonja, otro de los grandes pulmones económicos vigentes.

Casco viejo de Cariño (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Como municipio manejable que es, esta ruta puede parecer desordenada. Quizá lo sea. Salta del vigor de la cabecera municipal a su escondida capilla de San Xiao do Trebo. Es otra de sus estancias indispensables. Asoma entre el verde con vistas de excepción. Ruta ideal para olvidar el coche y mover las piernas, como A Miranda.

Este último punto es uno de los miradores más increíbles del noroeste y regala la posibilidad, sin prismáticos ni artilugio alguno, de emborrachar la vista con una de las panorámicas más apasionantes. Cariño aparentemente a sus pies, el océano observado por montes de tapiz verde y un reguero de casas alrededor de carreteras propio de la Galicia más clásica.

La historia es elegante en cualquier vivienda de su entramado. Casas con secretos al calor de edificios más modernos y su vasto paseo marítimo, al que se encaraman desde su casa consistorial a otros servicios relevantes. Amplio como pocos, acariciado por el cordón de arena que le separa de su gran nutriente. Aquí el verdadero Cariño es de sus gentes. Y del mar.

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Sin salir de aquí Cariño

(Fotos: Mero Barral© – 2021. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.)

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