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Sin salir de aquí: Cedeira

Vista de la villa de Cedeira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Cedeira | Viernes 2 julio 2021 | 22:15

Cedeira es belleza, las cosas claras. Lo tiene fácil, es un coqueto rincón de la costa al que una obra en marcha permitirá que llegar por su carretera principal sea mucho más agradable que hasta el momento. Siempre ocurre cuando llegas a la que consideras tu casa, empiezas a divisar a lo lejos el pueblo y una sensación indescriptible recorre tu cuerpo.

El sol tiene mucho territorio por cubrir, desde sus últimos cuchillos en la costa al verde profundo de su zona rural. La gasolinera que marca el principio de la recta que te adentra en una villa siempre en movimiento. Cuántas personas interesantes y queridas dejan detalles sobre la marcada personalidad cedeiresa.

Una localidad afortunadamente apegada a un mar que le brinda tesoros de relieve. Su vigor pesquero encuentra ahora acomodo desde la excelencia de su producto. Ese trasiego derivado de los barcos que enfilan hacia el puerto ha ayudado a que en tiempos de crisis no quedasen desiertas sus calles y a que sus veranos parezcan eternos.

El río Condomiñas, a su paso por el casco urbano de Cedeira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Cedeira es la Praza Roxa y es A Vila. El tejido comercial y hostelero de su zona más rica, el afán de nativos y foráneos -que nunca son extraños- por hacer de cada día un domingo de luz. La arena que difumina la frontera entre la playa de A Madalena y sus agraciados edificios colindantes. Sombra de arbolado propio de un paraíso que no es lejano.

Las subidas y bajadas de las callejuelas de su barrio antiguo, en el que irrumpe la casa consistorial casi en un cruce de caminos. La calma de su trazado, que asciende hasta verse coronado por la plazoleta de su biblioteca o vuelve a descender para abrazar la calle Ezequiel López. Allí me cortaba yo el pelo de niño, la familia tira.

Las ventanas hacia el Condomiñas, el aire cosmopolita del Pinzón o la copa de vino en la Praza do Peixe. Ahí descansa parte de la tradición de Cedeira, encontrarse y compartir charla, bebida y alguna canción. Ir de un sitio a otro, cruzar el puente y claudicar ante el marraxo. Ojo, hay vida más allá. La mesa local es rica y variada como pocas en la zona.

Capilla de San Antón de Corveiro, en Cedeira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Las orillas del cauce que la parte en dos dotan de personalidad a Cedeira. El singular paso de la Praza Roxa al fin de Ezequiel López, su paseo fluvial que hasta cuenta con patos o la vasta superficie portuaria. El desenlace de su lengua pegada a la ría se anima con la playa de Area Longa o el ajetreo de su lonja.

Con el viento como acompañante, no necesariamente incómodo, el periplo de salida del área urbana es de película. La ascensión hacia partes más altas del municipio va regalando una vista más amplia de un núcleo trufado de pequeñas guindas de un gran pastel. El castillo de A Concepción, visita recomendable para saber de su historia y otear junto a sus cañones.

La primera parada, en San Antón de Corveiro. Una capilla, una cruz, un descampado y una panorámica que quita el hipo. Comidas de fiesta para una generación, simples paseos vespertinos para otras. Mientras tanto, el azul que ya es verde del Pacífico en Sonreiras se va haciendo bravo. Lo hace al mismo tiempo que nos aproximamos a la parte más fiera de su litoral.

Núcleo de Teixido, en Cedeira (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Las ráfagas siempre marcan máximos en Punta Candieira, faro al que se puede acceder con una exigente ruta ciclista o en una lenta exploración de la vía arañada al precipicio. Es una de las torres que guía en este trecho traicionero y esa desconfianza de un mar al que nunca hay que tener miedo verdadero endurece la piel y el carácter.

En una estampa típica del rural, el ganado vive a su ritmo en una parte del entorno aledaño a la carretera que serpentea hacia Teixido. Aldea de cuento, centro de peregrinación y foco de leyendas e historias reales. A Capelada impone su marca en su singular templo, en su puñado de casas deseosas de recuperar al turismo que busca sus emblemas.

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De las figuras elaboradas con la miga del pan a los pensamientos ante su fuente o la hierba que llama a las puertas del amor. Luego vendrá Vixía Herbeira, la gran atalaya sobre los acantilados que más imponen en Europa, o la peripecia de dejarse seducir por Teixidelo, playa de arena negra que es como toda Cedeira, casi única en el mundo.

(Fotos: Mero Barral© – 2021. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.)

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