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Sin salir de aquí: Monfero

El río Eume, desde el mirador de A Carbueira, en Monfero (foto: Raúl Lomba / Ferrol360)

RAÚL SALGADO / RAÚL LOMBA | Monfero | Viernes 30 abril 2021 | 22:25

Pocos municipios de Ferrol, Eume y Ortegal pueden presumir de semejante descaro natural. Monfero es monte en ebullición, es verde más allá de la gama cromática conocida y es entorno salvaje alejado de la mano depredadora del humano. El ganado pace en calma en cualquier rincón de uno de los ayuntamientos más apartados del entramado urbano.

Con aroma a sierra y en los confines de la comarca, fija el mismo límite con la provincia de Lugo. Ese aire fronterizo matiza su personalidad y hace al territorio despreocupado, desprovisto de cualquier etiqueta. Es sencillo llegar y toma forma de aventura el tránsito por sus 171 kilómetros cuadrados de vasta superficie rural.

Monasterio de Monfero (foto: Raúl Lomba / Ferrol360)

Acostumbrados a postales de cañones fluviales frecuentados por el turismo de masas, no deja de deslumbrar la fotografía desde sus miradores. El de A Carbueira, de un tiempo a esta parte, es uno de los más deseados. El trazado ondulado del Eume abruma desde esta alta atalaya; aunque no lo parezca, prácticamente al otro lado ya está el suelo de As Pontes.

No lo parece porque el arbolado y las amplias praderas desaparecen casi por sorpresa para irrumpir en una red vial más moderna en las proximidades de la villa minera. En el corazón del parque natural de As Fragas do Eume, hasta 7 parroquias trufan su mapa, el de un Monfero que resiste con apenas 1.900 habitantes en su censo.

Ponte Vella sobre el río Frei Bermuz en Monfero (foto: Raúl Lomba / Ferrol360)

El transcurrir del tiempo ha herido su larga lista de núcleos rurales, en los que la despoblación aflora con paso firme. Xestoso, prácticamente equiparable a una aldea de montaña del interior gallego, es uno de los ejemplos de herencia de patrimonio netamente rural. Su iglesia de Santa María, sin ir más lejos, adapta al medio el estilo barroco.

El sonido de sus campanas es una simple ensoñación unos kilómetros más allá. El río Frei Bermuz es uno de los cauces que iluminan uno de los mayores pulmones naturales de Europa. La Ponte Vella es paso elevado para observar la exuberancia en su lecho, los descampados aledaños y la riquísima variedad de bosque de ribera del entorno.

Iglesia de Santa María de Xestoso, en Monfero (foto: Raúl Lomba / Ferrol360)

Víctima del desinterés público, el monasterio de Monfero languidece pese a su fulgor a modo de Escorial gallego. No en vano, Juan de Herrera estuvo detrás de su gestación, al igual que en el complejo madrileño. Es una batalla silenciosa, pero bastan unos meses para que la llama del deterioro se avive. Para que se vea que la decadencia sigue mordiendo sus fachadas.

La principal, un seductor tablero de ajedrez, recibe al visitante en formato de puertas abiertas. La llegada es más sencilla y menos condicionada que la del cercano y siempre en la mente Caaveiro y el de Santa María es un recinto con un magnetismo igual de potente. Pudo convertirse antes de la primera crisis reciente en balneario, pero la injusticia es su presente.

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SinSalirDeMonfero Grandes viviendas que beben de la historia, pedazos del Císter en su magna abadía y una sucesión de elevaciones al abrigo de la Serra da Loba. Sin hacer ruido, el turismo rural salpica su extensa geografía con varios establecimientos en los que el sobresaliente está garantizado. Están avisados, Monfero es para paladar exquisito si la aventura es lo suyo.

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