Home / REC360 / Crónica / Sin salir de aquí: Narón

Sin salir de aquí: Narón

Río Xuvia, en Narón (foto: Mero Barral / Ferrol360)

RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Narón | Viernes 25 junio 2021 | 21:20

Viajar abre los ojos y la mente. Nada tan efectivo para saber qué nos rodea. Narón soporta la losa de su marca, apegada al despegue inmobiliario e industrial previo a las crisis, y no tiene fácil escapar de esa imagen para brindar una estampa de turismo convencional.

Sin embargo, elegir un puñado de lugares del extenso municipio naronés supone el salto de la orilla de la ría al fiero Atlántico, de la efervescencia urbana al sosiego del rural. Historia, belleza y pequeños rincones. Edificios
modernos que llaman la atención por forma y colorido, como su biblioteca principal, aledaña a la casa consistorial.

A unos metros, al otro lado de la plaza, el pequeño palacete que alberga la Casa da Cultura. Helipuerto incluido, la sede del Concello. Cristaleras a escala y juegos de bloques asoman al bullicio de la carretera de Castilla y sirven de eje alrededor del cual se despliega un pequeño centro de atención comercial y hostelera.

Pazo Libunca, en Narón (foto: Mero Barral / Ferrol360)

De eso saben en A Gándara, gran escaparate del despegue de negocios del Narón más reciente. Vida más allá de Odeón con establecimientos diferenciados y oferta de calidad y de proximidad. Acompaña en la gran barriada la existencia de zonas de esparcimiento y las sencillas y rápidas comunicaciones con media comarca.

Sin embargo, lejos del foco clásico, a muchos les habrán llegado ecos de que una costa ruge cerca de allí. En un tramo de difícil acceso que acordonan la playa ferrolana de Ponzos y el litoral del vecino municipio de Valdoviño, afloran en función de los caprichos de la pleamar las calas de Lopesa, Hortiña y Casal.

Senderos y caminos hacia un mar abierto indomable, acantilados que muestran una cara muy poco conocida de la comarca. Eso sí, es territorio explorado por los más valientes por ser particular kilómetro cero de la explotación de riquezas. Desde aquí y hacia el norte, variedad de pescado o los primeros percebes.

Magnolio de Xuvia, en Narón (foto: Mero Barral / Ferrol360)

El legado vinculado con la Iglesia también deja destellos en Narón. Destaca el convento de Baltar, en O Val, levantado en el siglo XVI y posteriormente modificado con detalles barrocos. Transformado en hotel e inmerso en su revitalización, el Pazo Libunca, ubicado en Castro, se construyó hace prácticamente un siglo.

Estilo indiano, entrada flamante y galería con encanto para un espacio cuyos amplios jardines juegan a favor de cualquier evento. Para quienes buscan naturaleza y silencio, no hay mucha distancia hasta la Presa do Rei. Basta con el sonido del agua del Xuvia, que desfila con la marca de la histórica Real Fábrica de Moneda que existió en la zona.

Los molinos también almacenan buena parte del tesoro turístico que encierra Narón. En entornos discretos, con impronta. Despunta el de Pedroso, faro de una zona recreativa consolidada para el ocio de muchas personas de los alrededores. No esconde menos historia otro punto de herencia religiosa, la capilla de la O, en Pedroso.

La costa de Narón, entre Ponzos y Valdoviño, encierra tres calas (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Un puente y dos molinos a su abrigo en un recodo de un camino rural. Entre árboles, como la Ruta dos Muíños, 14 kilómetros de trazado desde el litoral de O Couto al corazón de Pedroso. Su punto de partida es, sin dudarlo, uno de los grandes emblemas de Narón. La estampa de cualquier fotografía que combine el azul de la ría con el verde de su ribera.

O Couto es el lugar y San Martiño de Xuvia es la denominación verdadera de su monasterio, codo con codo con el Camiño Inglés. Y el verdadero Xuvia, el barrio del primer despertar naronés, eje comercial y hostelero de referencia, mantiene su distinción. De hecho, quiere devolver la vida a un molino, el principal del país en el XIX por su producción.

Sus azulejos de épocas pasadas, de un Banco Hispano Americano extinto, dan idea de los usos que alojó este inmueble señorial. Marca nada menos que el límite, difuso a pesar de un puente, con la villa de Neda y mira de reojo al gran paseo y a su pasarela final. La apertura del municipio a la ría como área lúdica que todavía puede dar mucho más de sí.

Molino de As Aceñas, en Narón (foto: Mero Barral / Ferrol360)

Y ya que la magia puede anidar en cualquier lugar, con un magnolio llega para dar encanto a Xuvia. Citado en el catálogo gallego de árboles singulares, su tronco lo hace único en toda España. Más de dos siglos de historia cerca de ese mismo puente entre vecinos, que también se dan la mano en la plaza del antiguo Concello en terrazas con sombra.

Pincha en la imagen para abrir la galería

SinSalirDeNaron

Retazos de esplendor industrial y productivo en As Aceñas, con trayecto que invita a pensar en un embarcadero de ensueño. Fue la Real Fábrica de Harinas, cuando Narón era granero de una España en apogeo. Todo requiere de su tiempo, quizá también este próximo aquel en el que el turismo haga justicia a este ayuntamiento.

(Fotos: Mero Barral© – 2021. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.)

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

En Ferrol360 utilizamos cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando, estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Puedes pinchar el enlace para tener más información. ACEPTAR
Aviso de cookies