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Suso Basterrechea regresa al Torrente Ballester con una propuesta donde confluye lo político y lo artístico

ALICIA SEOANE | Viernes 2 de febrero 2024 | 23:19

Suso Basterrechea acaba de inaugurar su última exposición hace apenas una semana, esta vez juega en casa, y vuelve a exponer en el Torrente Ballester.

Desde 2010 no exponía en Ferrol, pero su trabajo no dejó de viajar y de exponerse en otras ciudades: en Compostela en la Galería Metro, y en otras ciudades como Madrid a través de ferias como Just fair. Además, su trabajo ha entrado dentro de la colección del CGAC, lo cual es motivo de enhorabuena.

Como es sabido Suso, es de esas personas que duermen poco. Entre las clases como profesor de Arte, y su ex ajetreada vida política, ha conseguido no dejar de lado, esa necesidad visceral de seguir lanzando mensajes como artista, «para mí el arte es una forma de comunicación», explica mientras recorremos la exposición.

En una hora vendrán un grupo de alumnos para hacer una visita guiada. Mientras charlamos me va contando todo el proceso de elaboración de la exposición. Para los alumnos ha preparado alguna sorpresa, se ha traído algunas piezas que no han sido expuestas para compartirlas en la visita. Si hay algo que Suso Basterrechea sabe transmitir, es un halo de fragilidad y generosidad en lo que hace, aunque siempre revestido de ese aire de enfant terrible.

La exposición recoge distintas obras del artista desde el 2005 hasta el 2023, «nunca trabajo con una idea clara, de hacer una exposición. Yo voy trabajando y el material que veo que es válido lo voy recopilando y le doy una forma, pero de base mi trabajo siempre mantiene una esencia».

Como político me falta rabia, como artista, esta frase arranca la propuesta expositiva de Basterrechea en dos facetas que cada vez confluyen más en su trabajo creativo, arte y política: «Creo que soy un artista conceptual, porque me interesa transmitir una idea, una forma de posicionarme, cada vez necesito menos el dibujo, y me voy reduciendo más al texto. Me interesa que provoque algo, no dar todo el significado masticado».

En su obra destacan dos elementos fundamentales el dibujo y la escultura: lo que le interesa es el espacio que se genera y que da lugar a distintas composiciones, no le interesa la obra entendida por separado de forma individual. «El texto empieza a ser fundamental en mi trabajo, en un principio empezó como un elemento plástico, sin embargo, ¡cada vez voy prescindiendo más del dibujo!»

Las frases que leemos en sus obras van llegando a su vida sin que Suso las busque, «yo no vivo pensando, la vida me las va trayendo, por ejemplo, rojo de mierda me lo llamaron alguna vez, y para mí, fue como un regalo, esa frase me servía para simplificar una idea». 

En general los textos son frases propias o hallazgos, «como artista siempre he pensado que la creatividad puede hacer que la sociedad sea mejor, más participativa y democrática, por no decir más crítica y exigente, y esto es lo que procuro, hacer, reflexiones que marquen este posicionamiento». Su punto de partida queda claro cuando recorres el territorio que genera su obra con pinceladas de ironía y autocrítica.

Suso Basterrechea tiene muy claro lo que le interesa y lo que no, cada vez más simple y menos estético, «Creo que el arte panfletario es lo que menos me interesa, el arte tiene que ser abierto y crítico, y si cuestionamos la sociedad en la que vivimos a los primeros que nos vamos a cuestionar es a nosotros mismos», explica con rotundidad. Su propio trabajo es «como parte de una escenografía o el atrezo de una cierta actitud vital reivindicativa».

Su obra se recorre entre bofetadas de frases que van reverberando, dejando un poso de humor, pero también de cierto existencialismo, muchas frases que va soltando el artista son vivencias personales, vinieron al arte como moscas a la mierda, recoge su sentimiento tras salir de una feria en Madrid, «donde la gente estaba más en el acontecimiento social, que frente a lo puramente artístico», explica. 

Sin embargo, en la contradicción, surge una parte interesante de su obra; ese dilema que pronto resuelve con otra afirmación: el arte es un mamoneo y fuera hace frío. Y sí, el arte al final es lo que es, pero lo cierto comenta, «es que cuando necesitas el arte, si dejas de hacerlo, todavía hay más vacío. Esa ausencia del arte, es peor que dedicarme a esto con sus contradicciones», lúcido y honesto en su propia vida y en lo que deja plasmado en su obra, con humor y con profundidad, como ese Dulce fin.

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