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Trending Ferrol Topic

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Martes 7 enero 2014 | 22:12

Preparen ojos y pabellones auditivos. Se avecina la resaca. No hay fórmula matemática que domine sus efectos. Incluso en casos como el mío. La Navidad no supone reencuentros ni regresos al hogar, piso la tableta de chocolate los doce meses del calendario. Pero para los de casa también son unas semanas especiales.

Se han pasado rápido, qué quieren que les diga. Cada vez me gusta más el turrón, disfruto con la sonrisa de un enano abriendo regalos. Te sientes cómodo entre la muchedumbre, aunque desde el verano no vieses a tanta gente por las calles. Ves a lo lejos a los que se les caen los anillos por saludarte, vuelven al lugar que ellos llaman su pueblo. Sin rencor, ojo.

Chocas, a cambio, con los de todos los días. Te sumerges en conversaciones de bar, dejas volar el tiempo. No hay prisa. Ninguna. Ocultas el móvil, lo silencias y le pones un candado si es menester. Pasan las horas y sube la cerveza. Fluyes, hablas de todo como nunca. Vale, esa chispa del alcohol echa una mano.

Te permites la licencia de coquetear, ese desconocido ejercicio de valentía. No te importan las horas que no has dormido, tendrás oportunidad de recuperarlas los días festivos. Total, hemos encadenado temporales como para tejer un collar con el que obsequiar a la mujer de tus sueños. Y dejarla prendada, matizo.

Qué más da dónde vivas. Retornar es ver unos brazos abiertos, la ciudad de siempre. Pocas cosas cambian. Bueno, para cotillear siempre hay novedades. Sin entrar en lo personal, hablaré de lo general. Claro, cómo ha cambiado la plaza de España. Oh, cielos, cuántos baches y qué lío para ir de un sitio a otro. El trending topic ferrolano. Para la eternidad.

Poseídos por la marmota, amarramos titulares añejos y todo está en su sitio. Quién no disfrutó con Nate Davis el día de Navidad. Los que lo recuerdan y los que no, aunque digan que sí. Que aquí el DNI nos pasa factura a todos. A mi mente vienen destellos de mi pasear errante por la grada de A Malata, pero «crack», «top» y «jugón» se inventaron para hablar de lo ignoto, muchas veces.

Como en los Oscar, la carrera del flotel fue larga. Pero aquí no hubo ceremonia de entrega. Finales de este mes, dicen. Si volviste a Ferrol estos días, habrás notado que la tensión se diluye. Sabemos olvidar el dolor por unas horas. Aunque la cartera no desborde, somos capaces de retar al destino y pensar a golpe de copa que esta noche es larga y puede dar lo mejor de sí misma.

En verdad, no creo que muchas barras de bar hayan reflexionado sobre el naval. Otra cosa es que el tema sea recurrente cuando salta aquello de que todo está fatal, cuánta tristeza y esa galería se va a caer porque el edificio está en las últimas. Hemos bebido del ferrolanismo en la emigración y nos pasamos el día mirando a lo más alto, como si no conociésemos el panorama.

Solo en las fiestas de guardar he rozado la calma. Alguna chica me pidió en siglos pasados que me dejase la barba. Respondí negativamente. Ahora, las prisas matinales me la dejan a modo experimental. Será que todo está cambiando, que el 2014 se me sube a la chepa. Para frotar el billete del Gordo que no me tocó.

Me sobran los excesos. Decoración navideña de toda la vida, comidas especiales pero alejadas de falsa riqueza. Ya te lo dije, con una tortilla exquisita me conformaría. Es una noche distinta, sí, pero al calor de la hoguera conocida. Espantando a Raphael, espantado con la Igartiburu. Hombre de tradiciones, me dicen. Cachitos de hierro… y vida.

Conservo una pizca de inteligencia. Y condenso las compras del gordo de rojo y de los magos orientales en una tempranera mañana. El hipermercado luce tranquilo. Sí, han cambiado por nonagésima las cosas de sitio. El pan comparte espacio con los cada vez menos abundantes discos. Pero es que la propia palabra disco es tan vintage como vinilo.

Intento leer la prensa con la taza en la mano. Le echo un vistazo y ya tengo algo que centra mi atención. ¿Vacaciones? Llegan después de Navidad, vivo al margen. Y al límite. Por algo recuperamos éxitos ochenteros a modo de polémica en los prolegómenos de las mañanas y tardes de fútbol.

Porque al Racing no le duele el madrugón. Llegar a la puerta de A Malata, coger la hoja con la alineación, ver Canido allí arriba. Disfrutar con la genial sencillez de Manu Barreiro, la casta discreta de Jorge Rodríguez, la elegancia del Iosu Villar que te sonríe por la calle Real.

Las fotos en Santa Comba al volver a casa por Navidad (foto: Turgalicia)

Las fotos en Santa Comba al volver a casa por Navidad (foto: Turgalicia)

No me atrevo a compararlos con otros grandes, creo que entrenar aquí deja otro poso. Inigualable.

Nada de pedir a Nacho Novo. Aunque eso sí que sería un retorno y no el de la comunidad madrileña a la manzana del Casino cada año. Su estilo a la moda dejaría fuera de juego a los de la diaspora que no ven la hora de ir a Doniños a sacar la foto y decir que aquí están de nuevo.

Ahora que la Navidad expulsa la cola del aliento final, todo vuelve a empezar. Por favor, olvidad la Semana Santa. Muy lejos, tan cerca.

Me conformo con pavos reales en un parque que pinta bien, más gente y con bolsillos más llenos. Pido mucho. Cómo vamos a ir en bus urbano si Homer Simpson se encargó de cargarse su imagen… y cuesta demasiado, sale a la hora que le apetece…

Solo una idea: probad a coger billete e ir a Parque Ferrol. Luego me lo cuentan. En el Papillon, que lo tenía más olvidado que a mi chándal del colegio.

Solo los consejos de Baneskin en Twitter pueden clarificar mi confuso camino. Ayudarme a cambiar la cafeína por las manzanas, por ejemplo. Mi estómago lo habría agradecido en Nochebuena.

Ver la cara positiva, incluso agarrando la lista del paro. Demasiados. Y ganas de algunos por vender los brotes verdes, olvidar la tristeza y permitir que otros no se reenganchen.

La ilusión de los paquetes debajo del árbol me hizo olvidar los paseos entre aceras, las mañanas de terraza caliente pese al frío. Las caras largas. Me han situado en otras prioridades: un cuenco de arroz con leche, un selfie en la terraza del Jofre, unos bailes con la Marbella mientras las señoras del abrigazo pelean por el postre típicamente ferrolano. Ah, y el roscón de Gascón.

No se necesitan precauciones, más allá de una canoa utilizable en A Frouxeira y unas protecciones ante la fortaleza de los padres necesitados de foto con los Reyes Magos para sus hijos.

Miradas conocidas las de esas Majestades, cada una en su barco, atracando en el amado Ferrol Vello. Coche de lujo, como estrellas de rock. Fervor popular, miles de personas en la calle pese al viento y las amenazas.

La mano descarada en la cintura mientras suena la canción más hortera que imagines. Dame Raffaella Carrà y calla. Acabar como Las Grecas al selecto nivel de los Nores. La Gasolina no del reggaeton, sino de las carrozas.

Lo siento, soy un desastre. Me tomo un merecido descanso y ya tengo la agenda (casi) llena. Porque me sobran ganas. De vivir, de volver a comerme el mundo. Pero, al mismo tiempo y aunque suene raro, de soñar a fuego lento.

De planificar mientras duermo. Relajarse y ver el mundo con ese prisma mientras llega la hora. Varias veces se hicieron realidad. Por qué no esta vez.

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