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Un cuarto de siglo Universal

JOSÉ MARÍN AMENEIROS | Cedeira | Viernes 27 septiembre 2013 | 13:02

Si algún cedeirés de entre la adolescencia tardía y los cincuenta y tantos afirma que nunca se ha emborrachado, siquiera tomado una cerveza en el Universal, seguramente mienta. En lo de emborracharse, o en lo de ser de Cedeira. El mítico bar de la villa cumple hoy un cuarto de siglo, 25 años animando las noches de farra de unas generaciones algunas de las cuales ya beben junto a sus hijos. Y, detrás de la barra, siempre el mismo barman, el clásico Suso del Uni, sirviendo las bebidas de un Saloon donde es fácil y frecuente quedarse hasta las cinco de la mañana sólo con un trago, con amigos, sin escuchar una sola canción del verano ni bailar. Simplemente estando en el Uni.

Con 21 años abrió Suso el establecimiento. Un Universal que desventurados aquellos quienes hayan acudido a él una noche y encontraran sus puertas cerradas. Quien asevere eso, probablemente también mienta. Pero no siempre fue el Uni un estandarte de la vida nocturna cedeiresa. Cuando se inauguró, aquel 27 de septiembre de 1988, tenía otro propósito. «Empezamos con otra filosofía, la clientela procedía del instituto», evoca Suso. Lindante al Uni, el centro era de aquella puntero en la comarca, con alumnos de todos los concellos limítrofes, y propició así la apertura del Universal como una cafetería con menús del día, platos combinados o bocatas.

Pero, según recuerda Suso, las cosas fueron cambiando. De ahí la readaptación que sufrió el Universal. «El cambio más importante se produjo en 1996, que fue cuando mi hermano Roberto se incorporó al proyecto», dice el barman. Entonces se amplió el establecimiento –a toda la zona que ahora acoge los billares- y el sol se fue poniendo hasta que la noche iluminó de pleno el Uni. A pesar de ello, aún hoy en día abre en las mañanas laborables para seguir dispensando bocatas a los hambrientos alumnos del Punta Candieira. «Es un bar para todo el día», define Suso.

Para el que no lo conozca -¿aún queda alguien?-, lo más singular del Universal es su decoración. Decenas de carteles ornamentan las paredes, de lo más diverso que se pueda imaginar: cervezas alemanas, marcas americanas de aceite de coche, un You’ll never walk alone sobre el futbolín, advertencias de lo más pintoresco propias de un Saloon del antiguo oeste –Please, don’t shoot the barman, he is doing the best he can-. Y unos fusiles, supuestamente descargados, en la pared de enfrente.

Vetustas cajas con botellas de Coca-Cola de cristal reposan sobre altillos, unos esquís cuelgan de la pared junto a cajetines que custodian bajo llave unos palos de billar cuyos dueños nunca se han dejado ver. Hasta un par de máscaras de gas sacadas de la Segunda Guerra Mundial penden de la puerta que da acceso a la sala del fondo, antigua zona de fumadores.

«La decoración -estilo pubs anglosajones y americanos- proviene de dos vías», explica Suso, «o la compramos por internet en antigüedades o la fabricamos nosotros mismos, porque sabemos lo que queremos». De esa elaboración propia salió precisamente el tren de la Northern Pacific enclaustrado en la sala de los billares, cuyas mesas de listones de madera lo mismo mecen cubatas que una partida de cartas o un bocadillo para ver el fútbol.

Vista exterior del Bar Universal de Cedeira

Aunque parezca que John Wayne se va a asomar por cualquier ventana superior, el piso de arriba del Universal es un mero decorado. Que la persiana cerrada no engañe: se entra por la puerta de más allá. (Foto: J. M. Ameneiros)

Suso, rodeado de Los Mezcales de San Antonio, sostiene la tarta de cumpleaños durante la celebración del 25 aniversario del Universal de Cedeira, la semana pasada

Suso, rodeado de Los Mezcales, sostiene la tarta de cumpleaños durante la celebración del 25 aniversario del Universal de Cedeira, la semana pasada (foto: J. M. Ameneiros)

El objetivo final, según Suso, fue hacer un bar para todo el mundo. De ahí que, en una misma noche, en el Universal pueda haber unos adolescentes charlando en las mesas de la entrada; parejas de treintañeros jugando al billar, futbolín o dardos en la sala del tren; otros de la quinta del Uni entretenidos con el póker en la pequeña habitación trasera; y cuarentones y cincuentones tomando algo en la tranquilidad de la zona de conciertos, al fondo. Para terminar, la mixtura habitual en la barra de la entrada, donde se une gente de cualquier edad antes de refugiarse en su espacio habitual.

Hasta los baños tienen algo de peculiar en el Uni. El primero, al que se entra por puertas batientes al estilo Western, tiene el meadero masculino aún incrustado en el suelo, una cisterna oculta sobre el techo cuyo tirador es imposible descifrar cómo funciona, y un alicatado blanco y rectilíneo que no lo es tanto cuando uno va a mear con unos tragos de más. El otro servicio, también accesible a lo Western, tiene dos piletas de lavabo, una de las cuales no vierte líquido –acaso por el agujero sin fondo de la cerámica-, un meadero de pared que nunca estaba hasta que se sustituyó por uno moderno de metal y una cisterna que siempre pierde agua.

175 pesetas. Eso es lo que costaba un cubata cuando el Universal abrió. «Los medios bocatas los vendíamos a 25 pesetas, y la Estrella Galicia valía unas 50 o 60 pesetas», recuerda Suso. En sus 25 años de vida, Suso dice que ha visto evolucionar espectacularmente, además de los precios, el consumo de ron; a los whiskys mantenerse y, ahora, comprueba el repunte de las ginebras. Siempre con la cerveza como telón de fondo: el Uni tiene en carta unas 50 variedades de birra. Eso sin contar las alrededor de 300 botellas distintas que decoran las vitrinas a modo de adorno. La mayoría estuvieron a la venta y yacen podridas, no aptas para el consumo, pero conservan ese halo de coleccionista, una cantidad ingente donde elegir para recordar al mundo que al que no le gusta la cerveza es porque no quiere.

Y concluir la historia del Uni sin hablar de la música sería como pedirle a Suso un cubata sin hielos. «Tenemos una colección de canciones espectacular», presume el barman, que se reafirma en su filosofía de pinchar música fuera de las radiofórmulas. Country, rock, los 60, 70, y 80, melodías alternativas… «El objetivo era hacer un bar de ambiente, ajeno a las modas, donde todo el mundo de cualquier edad se sintiera a gusto», justifica el propietario del Uni. Eso, y los conciertos, porque a lo largo de la vida del Universal han tocado allí personas de relevancia tanto nacional como internacional: Big John McNeil, Deke Dickerson, Hollywood Combo, Josele Santiago o Los Limones y, cómo no, Los Mezcales de San Antonio. Y, cada vez más, con la sala abierta a grupos emergentes de la zona que quieran destapar su talento.

¿Y cuál es el futuro del Uni? Para Suso, el proyecto está listo; sólo va a instalar para este invierno unos sofás y mesas en la sala del fondo para hacerla más confortable. Quizá allí se siente a contemplar la evolución que, según él, sufre el mundo de la noche. «Hay un cambio bastante radical en la forma de salir –opina el barman-, creo que todo tiende a gastar menos y seleccionar más los días de fiesta», dice. Entre tanto, le tocará seguir atendiendo a los nuevos clientes y a los de toda la vida. «Ahora ya sirvo a los hijos de mis amigos, los conozco a todos. Y a veces coinciden aquí con sus padres», comenta sonriendo. «Eso es lo bonito del Uni», remata Suso. Por cierto, hoy es viernes. Suso, ve abriendo una cerveza que toca brindar por este cuarto de siglo tan Universal.

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