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Un marqués de Amboage del siglo XXI

Ramón Pla posa junto a la estatua de su tatarabuelo en la plaza que lleva su nombre (foto: Ferrol360)

MARTA CORRAL | Ferrol | Miércoles 24 noviembre 2021 | 16:21

Se llama Ramón Plá, pero no nació en Ferrol en 1823, sino en Colorado (Estados Unidos), hace 41 años. No es empresario, sino ingeniero informático e inversor, pero el nombre que nos muestra orgulloso en su pasaporte no da lugar a equívocos: es el tataranieto del marqués de Amboage. Su abuelo, que también se llamaba Ramón Pla, era el nieto del filántropo ferrolano.

Un golpe del destino en su viaje programado a Europa con un amigo propició su llegada al puerto que vio nacer a sus antepasados y ahora, después de haber transitado por Ferrol Vello y A Magdalena, dice asombrado que «es increíble la conexión que estoy sintiendo con la historia de mi familia». Quiere conocer más sobre sus ancestros, sobre la vinculación de los Plá con Ferrol, sobre la huella que todavía queda de ellos aquí.

El azar quiso que alquilase un piso vacacional en la empresa de un amigo y éste se apresuró a ponerme sobre aviso: «Acabo de hospedar al tataranieto del marqués de Amboage, ¿quieres su contacto?». Cómo negarse a conocer al descendiente de un señor al que una ha visto desde que tiene memoria presidiendo la plaza en la que se rasguñó las rodillas de pequeña y donde llegaron después los primeros pitillos y los besos furtivos.

El marqués que no pudo ser marqués

Quedamos allí con él, en El Marqués, claro, para qué buscar más si la cafetería también la puede sentir un poco suya a fin de cuentas. Le pidió a Silvia un té verde esforzándose por hablar un español que quiere perfeccionar y empezó una maravillosa conversación conectando pasado y presente que no hubiese fluido de la misma forma sin la ayuda de la maravillosa Elena Punín.

«Esta última parada en Ferrol responde a un plan de Dios», dice sonriente, confesando una profunda fe católica. «Estoy encantado de poder empaparme de la cultura —continúa—, muy orgulloso de conectar con mis raíces. Es una bendición. La oportunidad de estar en la plaza de Amboage y ver la estatua de mi tatarabuelo es maravillosa. Saber más de él, de su legado. Me gustaría poder llegar a hacer una película sobre todo aquello».

Al primitivo marqués de Amboage solamente le sobrevivió un hijo, Fernando Plá y Peñalver, que nació ya en Madrid fruto de su segundo matrimonio. Él fue el primero en heredar un título nobiliario que, tal y como recoge el historiador J.J. Burgoa en su obra sobre el ilustre ferrolano, se extinguió porque su primogénito murió joven sin haber llegado a solicitarlo y el resto de sus hermanos no pudieron hacerlo por la normativa que rige la transmisión de los títulos pontificios como era este.

Un reencuentro gracias a Facebook

Uno de esos hermanos que se quedaron sin título era Ramón, el abuelo de nuestro protagonista, que emigró a Cuba como lo había hecho antaño el marqués. «Mi padre se llamaba Felipe y nació allí, en un lugar que se llama Oriente, y creció después en Victoria de las Tunas. Tenía tres hermanos y la familia se fue después a Estados Unidos tras la Revolución cubana», confirma.

Sus padres se divorciaron cuando él tenía dos años y se fue con su madre, con la que vivió en Nueva York, Seattle y Florida. Ahora vive en Puerto Rico. Sin contacto con su padre durante su infancia y juventud, no fue hasta 2009 cuando conoció la increíble historia familiar: «Me contactó por Facebook un primo mío que vivía en el barrio neoyorquino de Washington Heights y al que no conocía. Me habló del marqués de Amboage, de Galicia, y también del tiempo que nuestra familia pasó en Cuba».

Poco después Ramón retomó la relación con su padre, descubrió que tenía dos hermanastros, y pudo recobrar el tiempo perdido y conocer la historia de la saga Plá de primera mano hasta que él falleció de cáncer en 2014, viviendo en Nueva York. Nos enseña fotos con él, un señor calvo y de bigote blanco que no puede negar la herencia genética: «Yo me parezco menos —dice señalando a la estatua—, porque saqué la nariz de mi madre», bromea.

«Volveré en las fiestas de Amboage»

«¿Cómo acabé en Ferrol? Por un plan de Dios. Salí de Puerto Rico con un amigo para venir a buscar un velero a Francia y volver navegando. Sin embargo, por problemas burocráticos me vi atrapado en un aeropuerto hasta que pude coger un vuelo y llegar a Oporto. Una vez allí, tan cerca, pensé que debía venir a Galicia. Así que subí a A Coruña y después llegué a Ferrol. Mañana [por el jueves 25 de noviembre], salgo de nuevo a Madrid y de ahí a La Rochelle (Francia), donde me espera mi amigo para embarcar y poner rumbo hasta las Islas Canarias y regresar en barco a Puerto Rico».

Sin parar de sonreír y de mostrarse encantado con lo que está viviendo, confirma que ver la plaza de su abuelo con tanta vida, llena de perros corriendo y de niños jugando, de señoras tomando el café, de gaviotas furtivas robando galletas de las mesas (a las que fotografía) y de transeúntes que no paran de cruzarla, le parece una maravilla: «Me encanta Ferrol y es un gran orgullo estar aquí».

Conoce cómo nació la Fundación Marqués de Amboage, pero le contamos algunas de las causas sociales a las que se dedicó —entre ellas, la de donar 1.500 pesetas a las familias vulnerables para evitar que sus hijos fuesen a hacer el servicio militar—, y también le descubrimos, para su sorpresa, que las fiestas de Ferrol siguen haciéndose en San Ramón en honor a su tatarabuelo. Alucina y avanza que procurará venir con su mujer, sus hijos gemelos y su perrita bichón maltés en un mes de agosto: «Seguro que hará menos frío», remarca irónico.

«Me encantaría seguir los pasos de mi tatarabuelo y continuar la labor que empezó en su Fundación. Volveré sin duda con mi familia para las fiestas de Amboage, para que también mis hijos conozcan la tierra de sus antepasados, la cultura y la tradición española. Vendremos con tiempo para hacer senderismo e ir a las playas. Me voy habiendo conocido a gente estupenda y esta conexión que he iniciado estos días quiero que continúe», desea Ramón, con el que compartimos anhelo. Ojalá vuelva pronto.

2 comentarios

  1. Que historia más divertida, Marta. Para hacer una película.

  2. Pues yo desciendo, por rama segundona, de la Casa de la Cerda y por lo tanto del mismísimo Alfonso el Sabio, cosa que me ha servido para dos cosas: para nada y para pura… los tiempos de la realeza y de la aristocracia definitivamente se han ido.

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